El verano político en España ha dejado atrás la estampa de relax en chiringuitos y hamacas.
Ahora se convierte en un enfrentamiento institucional electrizante.
La ofensiva del Gobierno contra la Corona se suma al resurgimiento del controvertido proyecto de la España plurinacional, creando un panorama en el que la lucha trasciende la mera contienda entre partidos; se trata, en esencia, de un debate sobre los fundamentos del Estado, tal y como viene apuntando Vozpópuli en su análisis sobre la estrategia de Sánchez para movilizar a la izquierda atacando a la Corona y defendiendo el modelo plurinacional.
La imagen del Rey Felipe VI junto al comunicador Javier Negre durante la toma de posesión del presidente colombiano Abelardo de la Espriella ha actuado como un catalizador visible, aunque la mecha estaba encendida desde hace un tiempo. Lo que inicialmente se percibió como un mero gesto protocolario ha sido transformado por el ministro de Transportes, Óscar Puente, en una herramienta de demolición contra la Casa Real, empleando términos tan contundentes como “ignominia” y “no tocaría ni con un palo”, expresiones que jamás habrían sido esperadas en la relación Gobierno–Jefatura del Estado. Así, se conecta con una agenda más amplia impulsada por Pedro Sánchez, que incluye una redefinición del modelo territorial y, potencialmente, del régimen en una perspectiva de España plurinacional.
De la “alma republicana” a la táctica de desgastamiento
Un aspecto destacado es que, por primera vez en democracia, un ministro en funciones señala abiertamente al Rey con acusaciones directas sobre su conducta personal, no solo institucional. Puente va más allá de criticar la imagen con Negre; plantea “línea roja”, “ofensiva intolerable” y critica a una monarquía que “contamina” su imagen al relacionarse con alguien a quien describe como “activista de ultraderecha” y “profesional del bulo”. Este aumento en la agresividad del lenguaje quiebra el uso tradicionalmente prudente al referirse a la Corona.
Nada de esto ocurre en un vacío:
- El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acusa a Sánchez de orquestar un “programa destituyente” contra la Nación, la Corona y otras instituciones estatales, viendo en la plurinacionalidad el núcleo de una “mutación constitucional por la puerta de atrás”.
- Análisis de medios conservadores retratan una estrategia del Gobierno que busca socavar la legitimidad de la Corona y, de este modo, abrir paso a una alternativa republicana plurinacional.
- Dentro del PSOE, hay disconformidad con el estilo tabernario de Puente y la percepción de que la controversia se ha transformado en una crisis institucional innecesaria, sin que Moncloa lo desautorice de manera clara.
Desde un prisma electoral, la jugada tiene su lógica: la izquierda, desmovilizada y dañada por escándalos de corrupción y concesiones al independentismo, encuentra en este choque entre “monarquía y república plurinacional” una oportunidad para reagrupar a sectores republicanos, nacionalistas y a aquel electorado desencantado. Sin embargo, eso implica romper uno de los pocos consensos relativamente estables desde la Transición: el respeto hacia la Jefatura del Estado, independentemente de si se comparte o no su modelo.
La España plurinacional como última salida
La noción de España plurinacional no es nueva en el léxico de Sánchez, aunque se percibe un nuevo impulso en clave de proyecto de poder. Recientes informes indican que Moncloa trabaja en la idea de una república plurinacional como “último recurso” para movilizar a la izquierda en el horizonte electoral de 2027. La estrategia contempla:
- Reconocimiento simbólico de “naciones” en el ámbito español, inspirado en modelos como el canadiense.
- Reforma constitucional camuflada, utilizando referendos “no vinculantes” y mayorías temporales para alterar el equilibrio territorial sin abordar formalmente la modificación del Título II de la Constitución.
- La narrativa sostiene que el actual Estado autonómico ha alcanzado su límite y que la plurinacionalidad ofrece una solución moderna y solidaria a las tensiones identitarias.
El desafío jurídico es considerable: cualquier cambio que afecte a la Corona requiere una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras, la disolución de las Cortes, nuevas elecciones y un referéndum ratificatorio, un procedimiento diseñado precisamente para evitar modificaciones de régimen bajo el peso de una coyuntura. La propuesta de plurinacionalidad que se maneja intenta sortear esas complicaciones a través de cambios simbólicos, consultas políticas y una presión sostenible sobre la monarquía.
Feijóo, en este marco, alerta sobre el intento de reemplazar el Estado autonómico por una “plurinacionalidad de carácter confederal” sin contar con el apoyo social ni parlamentario necesarios, y sin un presupuesto, utilizando el decreto ley como herramienta principal para gobernar. De este modo, la Corona se convierte en una de las barreras frente a ese cambio, explicando así su transformación de símbolo neutral a objetivo político.
Consecuencias institucionales y riesgos calculados
Este enfrentamiento tiene múltiples implicaciones que superan la simple anécdota de una foto desafortunada o unos tuits incendiarios:
- Relación Gobierno–Corona: La Casa Real opta por el silencio institucional, pero que un ministro en funciones continúe sus críticas sin una clara desautorización desde Moncloa establece un inquietante precedente.
- Cohesión interna del PSOE: Sectores del partido opinan que Puente ha traspasado límites que podrían poner en jaque la imagen de moderación y estabilidad que el Gobierno necesita, especialmente frente a socios nacionalistas que demandan más gestos contra la monarquía.
- Polarización social: Cambiar el foco de debate hacia la jefatura del Estado, dejando atrás la discusión sobre presupuestos o políticas públicas, no solo incrementa la tensión, sino que configura un escenario político casi plebiscitario: monarquía contra república, nación única contra plurinacionalidad.
- Agenda de los socios: Las fuerzas independentistas y nacionalistas halla un terreno propicio para exigir mayor reconocimiento y diferenciación, así como, cuando corresponda, avanzar hacia consultas de autodeterminación, apoyadas en el relato plurinacional.
Desde la oposición, ya se habla de una “estrategia para socavar la Corona”, no solo a raíz del caso Puente, sino por una serie de incidentes y la continua insistencia en vincular monarquía, derecha y “bloque reaccionario”, en contraste con una izquierda que se posicionaría como abanderada de una renovada arquitectura republicana y plurinacional del Estado. La cuestión se centra en si el ciudadano promedio percibe esta confrontación como una prioridad o si, más bien, la considera una distracción ante problemas más cotidianos: inflación, vivienda, la crisis migratoria en Ceuta o el deterioro generalizado de las instituciones.
