Fabulosa ficción de Atresplayer Premium

Crítica de ‘Cardo’: la nueva revolución de las series españolas

Producida por Buendía Estudios y Suma Latina (empresa de los Javis)

Crítica de 'Cardo': la nueva revolución de las series españolas

En breve podremos ver ‘Cardo’, nueva ficción de ATRESplayer Premium producida por Buendía Estudios y Suma Latina (los Javis), basada en una idea original de Ana Rujas, ‘Cardo’ está protagonizada por ella y dirigida por Claudia Costafreda, ambas cocreadoras y guionistas de la serie.

La era de la frustración

Hay un tema en ‘Mare of Easttown’ (famosísima miniserie de HBO ganadora de 3 premios Emmy) que suele pasar desapercibido. La protagonista (Kate Winslet) creció con la idea de que iba a ser una estrella. La trama, de hecho, arranca con un homenaje al día que ella, junto a su equipo de baloncesto femenino, ganó una importante liga en el instituto. Un hecho histórico para el pequeño pueblo en el que viven.

A ese personaje, pues, le prometieron un futuro impoluto, digno de leyenda, pero pasaron los años y ahí se quedó, como todos, con su vida mediocre si la comparas con los sueños que tenía de joven.

‘Cardo’ ahonda precisamente en eso que ‘Mare of Easttown’ dejaba entrever. Investiga sobre lo dañinos que pueden ser los deseos y las expectativas. Es un retrato hiperrealista de la era de la decepción.

La protagonista de la nueva serie de ATRESplayer Premium debió de ser la guapa de su barrio (Carabanchel) y pensó que eso era suficiente para comerse el mundo. Y al final, cuando sales de tu burbuja y dejas de ser el pez grande en el charco pequeño es cuando te estampas.

¿Y cuál es el mejor y más común de los disfraces que utiliza la frustración? La adicción, la escapatoria perfecta para no ver que tu vida no es como la habías imaginado.

A través de una chica adicta asistimos a la destrucción de una generación que cree tenerlo todo en la palma de una mano (literalmente), que piensa que la imagen lo es todo y es mentira.

Con un primer capítulo que puede provocar reticencias por su indefinición y naturalismo (algo que también ocurre en ‘Mare of Easttown’), ‘Cardo’ bebe del cine kinki de los 80 salpicándolo de moderneces narrativas como las redes sociales y el leguaje de los mensajes de texto para ver cómo su protagonista toca fondo.

Poco a poco, la trama va encajando con unos giros que en otras manos hubiesen sido incomprensibles pero que aquí, en ese contexto, se entienden y se aplauden (El guion, por tanto, es maravilloso). Yo no soy drogadicto y nunca lo he sido pero no puedo sentirme más identificado con la protagonista de esta serie. Y es que, al final, la frustración es transversal. De esa no nos libra nadie.

Porque, al final, por muchas lecturas sociales que se nos antojen, ‘Cardo’ es una historia íntima, la de una mujer concreta pero que podemos ser todos.

Pura verdad

Todo en ‘Cardo’ rezuma verdad. Se acabó la época en la que las series tenían alergia a los localismos. Aquí se habla de un Madrid más que reconocible; de unas casas compartidas en el centro que son todo menos glamourosas, de los pijos que no pueden evitar ser elitistas, de los restaurantes de kebabs que te solucionan una resaca, de los afters decadentes donde se pierde la dignidad, de las tiendas de toda la vida y de los vecinos de barrio que siguen practicando la lealtad entre los suyos.

‘Cardo’ es dura, incómoda, divertida (a veces), visceral, realista, osada y nada obvia. Lo vivimos todo a través de un personaje que no cae bien. De hecho es juzgable en muchas de las decisiones que toma. Esa es la grandeza de la serie porque es imposible no empatizar con ella ya que es víctima de sí misma.

Y como decíamos, todos los departamentos de la serie reman a favor de obra para crear esa sensación de verdad. Desde la fotografía (granulosa y cruda) a la banda sonora y el montaje, pasando por una labor de casting maravillosa, apostando por caras no conocidas, cuerpos normativos y diversidad.

Ana Rujas, la activista

Todas las virtudes de ‘Cardo’ serían papel mojado si no fuera, en gran medida, por el trabajo de su protagonista.

Ana Rujas se guisa y se come un producto nacido de sus entrañas. No sé cuánto de ella hay en su personaje pero me lo creo.

Rujas es un ejemplo para las nuevas generaciones de actores. Hay que ser activos, no esperar a que te llamen en una profesión que se olvida de ti a los cinco minutos. Hay que buscarse las habichuelas y contar lo que tienes dentro.

De esto saben mucho los Javis (Ambrossi y Calvo), padrinos de la función y los primeros que, ante el vacío laboral, crearon su propias obras y, ahora, un imperio.

Por eso, porque los creadores de ‘Paquita Salas’ y ‘Veneno’ son muy listos, juntaron a Rujas con la directora y guionista Claudia Costafreda, quien, se nota, ha ordenado lo que la actriz quería contar y juntas han conseguido una pieza de arte.

La nueva revolución

Vimos los tres primeros episodios de ‘Cardo’ en el marco del Festival de San Sebastián. Allí, con todo el equipo emocionado, Yolanda Ramos (que hace un pequeño y maravilloso papel) insistió en que estamos ante una nueva “revolución” de la ficción española con una ola de jóvenes creadores que tienen cosas que contar.

Aquí está el truco: tener algo que contar. Muchos creadores se olvidan de esto. ¿De qué va una serie o una película? A veces creemos que con una historia chula con muchos giros nos basta y no es así. Hay que alimentar la trama con un contenido, con una idea.

En una época en la que se están comprando ‘cosas’ incomprensibles en las plataformas  (por favor, que alguien me explique ‘Jaguar’ –Netflix- porque no entiendo que esa serie se haya vendido), hay otra corriente que apuesta por mandar un mensaje.

Me quito el sombrero, además, ante la labor de ATRESplayer Premium, plataforma casi recién nacida que, a pesar de la sobrecarga de las series turcas en abierto, está creando industria y marca con apuestas tan arriesgadas como esta. Esta es la ficción que quiero para mi país. 

 

 

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Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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