(o “La ruina de España es que cada día se pierde el esfuerzo de cuatro millones de trabajadores”).
La verdad es que uno -no es porque esté mi señoría delante- , en lo que ha sido un crack, de siempre, ha sido en el conocimiento profundo y amplio de temas laborales y sus anexos. Por ello, en su día, cuando empezó esto de la hipertrofia del paro, uno se lanzó a la piscina y escribió tres cuchufletas (cfr.”Erradicar el paro es fácil y no es caro”, “¿Se quiere acabar con el paro?” y “Adenda a las medidas para erradicar el paro”) tan dignas de elogio que francamente estoy muy extrañado de que la ministra de Empleo y Seguridad Social no me haya felicitado con gran efusividad, si bien es cierto que puede no haber leído esas mis perlas, que no solo ponen de manifiesto mis vastos conocimientos en materia laboral sino que además son un ejemplo del arte del buen decir. Si alguien de vuesarcedes conoce a la ministra, díganle que me lea, ¡coño!, que no se le van a caer los anillos por realizar un acto aparentemente baladí, pero que de eso nada, monada.
De cualquier forma, y puesto que ayer nos han dicho que estamos casi en los seis millones de personas que no dan golpe, antes parados, voy a exponer unas ideas, para que los distintos especialistas relacionados con «la cosa» elaboren un caso práctico, como hacen los antiguos alumnos de Harvard, y a ver si hay suerte y dicho caso llega hasta el ministerio y la titular de esta dependencia gubernamental suelta su “¡quieto, parao!” y se lanza también a la piscina y arregla, de una vez por todas, este asunto, que tampoco debe ser tan difícil. Bien entendido que, a juicio de mi señoría, esto tiene arreglo, pero es “conditio sine qua non” que los parados quieran trabajar, porque de los seis millones hay, por lo menos dos, que lo que no quieren es trabajar. O, dicho de otra forma, lo que quieren es no trabajar. Decir esto es algo políticamente incorrecto, pero es una verdad como una pagoda. Y, como decía don Antonio Machado en ´Juan de Mairena´: “La verdad es la vedad, dígala Agamenón o su porquero”.
Descontando, pues, los dos millones de vagos, quedan cuatro. Estos cuatro millones de personas que, de verdad, quieren trabajar y ahora no están trabajando, hay que ponerlas en contacto con empresarios o emprendedores que, de verdad, quieran reabrir sus empresas o crear otras nuevas, pero claro, a estos empleadores hay que estimularlos de alguna forma. Y ¿cómo? Ofreciéndoles el trabajo de los parados por un salario que sea la mitad del que estaban ganando cuando se fueron al paro, es decir, que los nuevos empresarios van a tener un coste de personal de sólo el 50 %.
Por otra parte, todo tipo de impuestos (locales, autonómicos y estatales), se deben reducir a la mitad de lo que supongan ahora.
En cuanto a los empresarios, emprendedores o empleadores, éstos han de resignarse a obtener sólo el 50 % de los beneficios que normalmente venían obteniendo antes de echar el cierre, si es reapertura, o algo equivalente si es una empresa de nueva creación.
Así las cosas, el coste de los bienes o servicios que produzcan estas empresas se va a ver reducido a la mitad en: costes de personal, impuestos y beneficio empresarial. Por tanto, el coste total final de los bienes o servicios que se obtengan se tienen que ver sensiblemente disminuidos.
Este menor coste motivará a un mayor consumo. Al bajar el precio de “algo”, ese “algo” tiene más demanda. Es más competitivo que el bien o servicio que haya en el mercado de bienes análogos. Y ya estamos en la espiral esa en que el mayor consumo inducirá a tener que aumentar la producción, etc. Y si la competitividad se dispara… Ya saben vuesarcedes: “Eres guapo y eres rico, ¿qué más quieres, Federico?”.
Y esto, ¿cómo se lleva a la práctica? Sencillamente, poniéndose de acuerdo grupos de parados que quieran trabajar, de verdad, por un 50 % de salario, con personas que quieran crear o recrear empresas teniendo sólo la mitad del beneficio que se consideraría normal, y con la aquiescencia del Gobierno, que habría de reducir los impuestos de todo tipo a la mitad. ¿No quiere fomentar el empleo? Pues al que algo quiere, algo le cuesta. Disminuyen los ingresos por impuestos, pero ¿no compensará eso con la disminución a la vez de gastos porque no tiene que pagar las prestaciones por desempleo?
Y estos grupos de parados que quieren trabajar, ¿no podrían formarse o establecerse mediante las redes sociales, por ejemplo? Igual que se utilizan éstas para la organización de huelgas y de manifestaciones, ¿por qué no, para la formación de estos grupos? Y los sindicatos, ¿no podrían trabajar en esto, en lugar de fomentar EREs y recibir subvenciones y ayudas para el beneficio de los trabajadores, beneficio que tan mermado llega a ellos?
Análogo procedimiento podría utilizarse para la captación de empresarios. Redes sociales y Asociaciones empresariales, ¡a hacer algo positivo!
Y en cuanto a la reducción de los impuestos, ¿para qué coño están los decretazos?
¿Que esto no es fácil? Pues no. Y quizá lo más difícil sea encontrar esos cuatro millones de parados que de verdad quieran trabajar, y trabajar inicialmente en precario, por lo del salario reducido. Pero esto es lo que hay. Y lo que no se puede es estar perdiendo el trabajo que no hacen los que están en paro e, insiste mi señoría, quieren trabajar. Eso es lo que se está perdiendo. ¿O no?
26-01-2013.
