Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Cuando quiera y sobre lo que me dé la gana.

(o “Haré como siempre, ¿de acuerdo?”).

Reunido me he, en varias ocasiones, con lo que llamé, en mi chirigota anterior, mi cúmulo de neuronas con objeto de determinar cuál iba a ser mi hoja de ruta (h. de r.) en esta nueva etapa que a recorrer se propone mi señoría, con objeto de que vuesarcedes no sean víctimas de esa abstinencia de mi excelente prosa, porque la verdad es que uno se asoma a este ventanal con el único fin de saciar ese hambre que no disponer de mis estupendos escritos les provoca. Sin embargo, téngase en cuenta que la que llamé literatura del voluntariado tiene sus limitaciones. No se trata de escritos que, pagados por un editor a su autor, satisfagan a unos lectores ávidos como a la sazón están vuesarcedes, de páginas de exquisita factura, como son las que escribe mi señoría.

Runruneo aparte, decía que reunido me había con mis ´presuntas´ neuronas y he de confesar que de ´cúmulo´, nada. ¡Qué desastre! Un cúmulo, como hasta los más imbéciles de vuesarcedes saben, es un montón o reunión de muchas cosas ´no materiales´, como matiza el DRAE. Bueno, pues en el caso de mis neuronas, de muchas, nada. Pero oigan, es que son tan pocas las que quedan, que lo mío es milagroso, por no decir taumatúrgico, para no asustar a nadie, ya que al vulgo estos vocablos así, que además son ´esdrújulos´, le traumatizan. Y tampoco quiere uno que se llenen las “Urgencias” de los hospitales con gente diciendo que les duele aquí o allí, y los traumatólogos como locos y sin poder averiguar que el origen de dichas dolencias, es decir, lo que los bien hablados llamarían la etiología de ese mal, es mi señoría. De todas formas, de lo de la carencia de células nerviosas de esas no se preocupen, porque uno irá a su neurólogo y a ver qué dice. Aunque, ¿qué va a decir? Lo de siempre, que eso es cosa de la edad y que Bueno, yo les recomendaría a los especialistas en cuestión y en general a todos los especialistas habidos y por haber, que no nos digan así, claramente, que somos viejos. Que busquen algún ´palabro´ de esos ininteligibles que utilizan ellos en ocasiones para disimular su desconocimiento de ciertas enfermedades o, por ejemplo, para denominar cosas que tienen en su consulta. Si mi señoría les dice a vuesarcedes que, sobre todo ahora, con la utilización generalizada de los ordenadores en el sector de atención sanitaria, los médicos disponen de la anamnesis de sus pacientes, ¿qué interpretarían? ¿De qué va la cosa? Pues esto, al menos sépanlo desde ahora, que no les estoy hablando más que del “conjunto de los datos clínicos relevantes y otros del historial del paciente”. ¿Qué les parece? Por eso, cuando nuestros médicos se vean obligados a decirnos que la causa de nuestras dolencias es nuestra edad, que nos digan… ¡Yo qué sé! Por ejemplo: “Esto suyo es debido a una obsolescencia temporal súbita, que a veces acaece a estas alturas del calendario de los pacientes afectados, y para lo que no existe un tratamiento ´ad hoc´, porque su eficacia sería inane”. Dícennos esto y ya no nos molesta tanto como lo de “es que esto suyo son cosas de la edad. Con setenta y tantos años no querrá usted no ir teniendo goteras. Ya me gustaría a mí -suelen añadir los galenos- poder llegar a la edad que usted tiene, estando como está usted”. Porque ellos, además, cuando dicen esto están persuadidos de que están realizando una terapia psicológica. O sea que Pero esto que no nos lo digan; que nos digan lo otro o expresiones ininteligibles parecidas.

Dicho lo que precede, y dado el escaso número de neuronas que ha constatado mi señoría que ha, ¿para qué voy a seguir elucubrando acerca de una posible h. de r. que haya de seguir en mi futura tarea literaria en este rincón, para con ella saciar el ansia pertinaz que han vuesarcedes de mi exquisita prosa y aun de mis versos, si al caso algunos les endilgo? Decididamente, pues, escribiré cuando quiera y sobre lo que me dé la real gana, y así no solo será cómo satisfaré su patológica dependencia de mis escritos sino que también la necesidad perentoria que han de leer a mi señoría en todo el mundo, porque no crean que no se ha echado de menos la desaparición temporal de mis posts en al ámbito de tantos y tontos eruditos internacionales, incluidos los que habitan o moran en zonas tan lejanas como China y otros países emergentes. Y en Puerto Hurraco, por supuesto. Faltaría más Quizá, pues, hasta mañana. O hasta cuando me plazca. ¿O no?

23-07-2014.

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