En la parleta sabatina o sabática, como esté mejor dicho, no les hablé a vuesarcedes acerca de la flamante ministra de Educación, cuando era un tema del que mi señoría quería informarles en primer lugar, pero como uno cada día que pasa está más ´acarajotado´ y se le olvidan más cosas… De todas formas nunca es tarde si la dicha es buena, es decir, si la dicha llega, porque esa es otra cosa que aprendí mal de niño y no quiero que, si a vuesarcedes acontecido les ha como a mí, vayan por la vida con ese error, ya que estas lacras contra la lengua no son buenas, porque quién nos dice a nosotros que lo de la inversión lingüística en Cataluña no empezó siendo algo de este tipo, auténtica fake news, y luego ya ven lo que ha sucedido: que si república; que si el exilio de Puigdemón, que debe andar el hombre como pollo no sé si con cabeza o sin ella; ´pseudoembajadas´ por doquier…, en fin, la pera. Pero no una pera cualquiera sino la pera limonera auténtica de Teruel o de por ahí.
Y la dicha, en nuestro caso, había de llegar y llegó: hoy vamos a hablar, como dicho he ut supra de la flamante ministra de Educación. De ella sabemos, como primera providencia, su nombre: Pilar Alegría. Su predecesora en el cargo llamábase, es decir, se llamaba Isabel Celaá, vasca ella que ya nos ha dejado ´su´ ley, que tiene un nombre característico: la Lomloe. Bien, pues dejando a la ministra anterior aparte, a ver si de una p… No, de una puta vez, no: de una puñetera vez, que hay que “escudriñad la lengua porque la lengua lleva a presión de atmósferas seculares el más rico aluvión del espíritu colectivo: escudriñad la lengua”. Y esto debió decirlo Unamuno o un personaje de su categoría, así es que ¡ojo! Y sí, ahora, por expresa voluntad del Doctor don Pedro Sánchez, hasta ahora -y no sabemos hasta cuándo- Presidente del Gobierno de España, la ministra es Pilar Alegría. Y no saben vuesarcedes cómo nos gusta, cómo nos satisface…, en fin, cuánto nos mola que haya llegado la Alegría a nuestro ministerio de Educación, tan serio y adusto hasta este momento. Veremos a ver si a partir de ahora tórnase más jacarandoso, dicho sea en el sentido de desopilante, por qué no. Y como Ministra de Educación y Formación Profesional de España ahí la tenemos, con sus 44 añitos que va a cumplir la joven en el próximo mes noviembre y es Diplomada en Magisterio, especializada en Educación Primaria por la Universidad de Zaragoza y muy política. Eso sí, en el ámbito provincial ha ocupado infinidad de cargos políticos que pueden vuesarcedes conocer en cualquiera de las biografías que hay publicada sobre ella. El último, hasta el 12 de julio en que tomó posesión de su cartera, creo que estaba siendo Delegada del Gobierno en Aragón. Curiosamente, no sé si para bien o para mal, en alguna de sus biografías leído ha mi señoría que “jamás ha dado clase”. Esto no es nj bueno ni malo sino todo lo contrario. Puede ser una ministra de ´toma pan y moja´ sin haber sufrido la desgracia de tener que aguantar pesados alumnos, que abundan; y ser rematadamente mala si, como mi señoría, ha impartido más de setenta mil horas de docencia -es lo que estimo en este momento, aunque pueden ser más- en la vida y si le hicieran o hiciesen ministro el evento podía acabar como el rosario de la aurora, que concluyó a farolazos. Por eso hay que dar un voto de confianza a quienes inician una faena de este tipo y no juzgar el desarrollo de su tarea ex ante sino ex post. En el caso que nos ocupa, parece que la andadura se inicia con buen pie según lo que dicen las noticias de prensa, puesto que si no me equivoco la flamante ministra ha comentado cómo, de entrada, no hay por qué despreciar la enseñanza privada, en concreto la concertada, sino que por el contrario la enseñanza estatal ha de tratar de emular a la privada y ésta a la estatal o pública, actitud que creo que no concuerda en todo con lo que, al parecer, pensaba la ministra precedente, señora Celaá. Según he leído, también en la prensa, en la próxima semana doña Pilar Alegría se reunirá con las Comunidades Autonómicas para abordar el inicio del curso escolar y las medidas a tomar con respecto a lo de la pandemia, etc.
No quiere mi señoría concluir estas reflexiones sin salir al paso de esas maledicencias que irónicamente piensan -y dicen- que los maestros de escuela de toda la vida han de llamarse, en adelante, Diplomados en Magisterio de Educación Primaria y que son ministrables. ¿Y por qué no? A veces, los títulos académicos -hasta los Doctorados– se logran con plagios y no pasa nada. ¿O no?
17-08-2021.
