TRAS DÍAS DE BÚSQUEDA DESESPERADA

El perro Boro, perdido tras el trágico accidente de Adamuz, es encontrado con vida

Final feliz para la mascota y su dueña

Ana, superviviente del Iryo y dueña de Boro
Ana, superviviente del Iryo y dueña de Boro. PD

Tras el trágico accidente de tren en Adamuz (Córdoba) el pasado domingo, donde fallecieron al menos 43 personas, el perro Boro —un mestizo de Schnauzer y perro de agua— desapareció en medio del caos. Viajaba con su dueña, Ana García, una de las supervivientes heridas, quien entre lágrimas pidió ayuda pública para encontrarlo: “Por favor, si podéis ayudar a buscar a los animales, que son familia también”.

Durante más de 96 horas de angustia, más de 40 voluntarios, bomberos forestales del Infoca, agentes del Seprona (Guardia Civil) y grupos coordinados en redes y WhatsApp organizaron batidas intensas en la zona. Hubo avistamientos (incluso un vídeo del animal deambulando), varios intentos fallidos de captura —Boro escapaba asustado— y hasta algunos bulos.

Este jueves por la mañana (22 de enero de 2026) llegó la gran noticia: Boro fue localizado sano y salvo por un equipo de bomberos forestales y voluntarios. El emotivo reencuentro con Ana y su familia ha emocionado a miles en redes.

Una pequeña luz de esperanza y solidaridad en medio de la tragedia. ¡Bienvenido a casa, Boro!   

Para esta familia malagueña, recuperar con vida a su perro va mucho más allá que recuperar simplemente una mascota.

El padre de Ana y Raquel, Alberto, explicó en televisión cuán significativo sería este reencuentro para su hija hospitalizada: «No quiero que pregunte por él cuando despierte; quiero que lo vea porque va a despertar. A nivel psicológico será importante para ella».

Aunque permanece sedada en estado crítico dentro de la UCI, se informa que el bebé que espera tiene un latido fuerte.

En cuanto a sus prioridades, Ana ha manifestado: «Si no puedo hacer nada por ella, al menos quiero encontrar a Boro«.

Un animal traumatizado y asustadizo

Boro no es un perro común. Adoptado hace siete años en una protectora de Málaga, es un animal mediano, marrón oscuro y con una distintiva mancha blanca en el pecho. Pero lo más relevante es su carácter: extremadamente asustadizo y con un pasado lleno de traumas que lo hacen especialmente vulnerable ante situaciones estresantes. Durante el accidente, perdió su collar azul con la placa identificativa, lo que añade otra dificultad a su localización.

Su dueña, Ana García Aranda, de 26 años, ha sido clara sobre cómo acercarse al animal. «Si alguien lo ve y se acerca a él, que lo haga muy lentamente, porque es probable que escape. No suele acercarse a las personas», advirtió esta joven superviviente del siniestro. Esta particularidad del perro ha llevado a los equipos de rescate a descartar batidas masivas de voluntarios, prefiriendo una estrategia más especializada y controlada para evitar asustar aún más al animal.

Boro viajaba en el vagón 7 junto a Ana y su hermana Raquel, de 32 años, quien actualmente se encuentra en estado crítico en la UCI del Hospital Reina Sofía de Córdoba. Según relata Ana, su hermana sufrió graves lesiones mientras intentaba proteger al perro durante el impacto.

En medio del caos y la confusión tras la colisión, el perro logró escapar del tren. Con lágrimas en los ojos, Ana recuerda lo sucedido: «Vi a Boro al salir del tren; lo llamé y vino conmigo, pero luego salió corriendo y no pude ir tras él porque no podía dejar a mi hermana». El estruendo del choque, los gritos desesperados de los pasajeros y la desorientación general hicieron que el animal huyera despavorido hacia el monte circundante.

Desde que se conoció la desaparición de Boro, una red solidaria formada por voluntarios y organizaciones animalistas ha comenzado a actuar. PACMA solicitó formalmente al Ministerio del Interior un permiso excepcional para acceder a la zona del siniestro, catalogada como área de alto riesgo con acceso restringido. Finalmente se concedió esta petición, permitiendo que un equipo profesional especializado pudiera entrar sin interferir en la investigación del accidente.

Colectivos como Tribu Animalista Ubuntu y Las Almas de Tara han organizado operativos coordinados para su búsqueda; sin embargo, subrayan las enormes dificultades del terreno: extensas áreas con olivares, riachuelos y una amplia zona perimetrada. Voluntarios llegados desde diferentes puntos del país trabajan día y noche mientras personas cercanas a la familia gestionan información precisa. La accidentada geografía y los peligros inherentes han llevado incluso a solicitar ayuda especializada mediante drones para localizar con mayor exactitud al animal.

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