Cuando la naturaleza decide mostrar sus dramas más intensos, no necesita guionistas de Hollywood.
En la Montaña de Riaño, en León, el fotógrafo y naturalista Jorge Escanciano fue testigo de una batalla que podría haber salido de un documental de Yellowstone, pero que transcurría a escasos kilómetros de nuestras casas. Tres lobos ibéricos habían cazado un jabalí de gran tamaño cuando, minutos más tarde, lo inesperado ocurrió: una bandada de más de veinte buitres leonados llegó dispuesta a disputar el banquete. Lo que siguió fue pura coreografía salvaje, una danza de poder y supervivencia que Escanciano logró captar en vídeo, acumulando más de 20.000 visualizaciones en YouTube en apenas dos semanas.
Nos rescata esta maravilla el diario El Debate.
Las imágenes retratan una lucha sin descanso donde los depredadores terrestres intentaban proteger su presa mientras los carroñeros alados no cesaban en sus intentos por acceder al cadáver. Los lobos, ya parcialmente saciados, se veían obligados a arrastrar el cuerpo del jabalí para mantenerlo alejado de las rapaces, que se lanzaban escalonadamente sobre la presa. Uno de los buitres incluso logró acercarse lo suficiente para picotear mientras los cánidos reaccionaban con empujones y pisotones. La tensión permanecía en el aire: cuando uno de los lobos intentaba refrescarse en la nieve, creyendo haber conseguido algo de tranquilidad, las aves volvían a la carga con renovada audacia. El vídeo nunca revela quién se quedó finalmente con la mayor parte del festín, dejando abierta la incógnita sobre quién fue el verdadero vencedor en este enfrentamiento entre fuerzas naturales.
Lo que Escanciano capturó no es un simple episodio aislado; es un reflejo perfecto del equilibrio que mantiene la naturaleza en espacios como el Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre. Esta zona de Castilla y León alberga una biodiversidad extraordinaria donde coexisten especies tan diversas como osos pardos, cabras hispánicas, rebecos, ciervos y águilas reales. Además, en los últimos años se han reintroducido bisontes europeos y búfalos, convirtiendo la región en un laboratorio vivo de ecología. Aquí, el ciclo de la vida y la muerte opera sin intermediarios: los depredadores cazan, los carroñeros limpian y cada especie desempeña su papel en un sistema que ha funcionado durante siglos. Para quienes aman la naturaleza, presenciar estas escenas no requiere recorrer miles de kilómetros hasta parques nacionales estadounidenses; la salvajería está aquí mismo, al alcance de nuestra mano, en las montañas leonesas.
El trabajo de Escanciano, quien también ha logrado fotografiar linces ibéricos y gatos monteses, representa algo más que mera viralidad. Es un documento que evidencia cómo la fauna ibérica sigue manteniendo sus ciclos naturales incluso en tiempos modernos, cuando la convivencia entre humanos y animales salvajes se torna cada vez más compleja. La lucha encarnizada entre lobos y buitres que muestra su vídeo es un símbolo claro de que la naturaleza salvaje aún prospera en ciertos rincones de España, recordándonos que existen espacios donde el orden natural prevalece sin interferencias externas. Este tipo de registros audiovisuales son invaluables para fomentar la educación ambiental y concienciar sobre la importancia de preservar estos hábitats.
Curiosidades sobre estos protagonistas
Los buitres leonados tienen una capacidad asombrosa para detectar un cadáver desde distancias superiores a los diez kilómetros gracias a su excepcional visión, considerada entre las mejores del reino animal. Un solo buitre puede devorar hasta un kilogramo de carne en apenas treinta minutos. Por otro lado, los lobos ibéricos (Canis lupus signatus) son una subespecie única presente en la Península Ibérica; se caracterizan por sus marcas blancas en los labios y patas. Estos cánidos pueden recorrer hasta cuarenta kilómetros en una sola noche buscando alimento. Curiosamente, aunque son cazadores formidables, estudios indican que entre el treinta y el cuarenta por ciento de su dieta proviene de carroña; esto los convierte muchas veces en competidores directos con los buitres. El jabalí también tiene su propia historia: puede reproducirse rápidamente; una hembra puede tener dos camadas anuales con hasta diez crías cada una, lo que explica por qué su población resulta tan difícil de controlar en nuestra península.