Resultaba difícil convertir el famoso drama de Ibsen en ópera y hay que aplaudir el intento, aunque el libreto de Àlex Rigola deje que desear. Pero lo compensa la partitura elaborada por este compositor valenciano, que resulta brillante en lo instrumental y estridente y destemplada en lo vocal, tal y como es habitual en todos los intentos contemporáneos de prolongar el género con hechuras posmodernas que no terminan de casar. En todo caso una notable nueva ópera española que celebramos sinceramente.
‘En folkefiende’ fue publicada por Henrik Ibsen en 1882 y estrenada al año siguiente. Desde entonces no ha dejado de representarse en todo el mundo. Es la historia del doctor Thomas Stockmann y de un repentino suceso la localidad donde vive, cuyo balneario es la principal atracción turística y el motor de la economía local. El doctor descubre que el agua del balneario está contaminada y que puede afectar a la salud de los clientes. Cuando quiere advertir del peligro se encuentra con que todas las fuerzas vivas, incluido su hermano el alcalde y el periódico local en el que colabora, se oponen por lo que costaría arreglar el problema en tiempo y dinero, y la ruina que supondría para el lugar. La gente les dará la razón y a él le declararán enemigo del pueblo. La tesis es que la mayoría no siempre tiene la razón, muy al contrario, casi nunca la tiene, y que la democracia por eso mismo no funciona para establecer un orden justo sino que perpetua el gobierno de los poderosos apoyados por la mayoría ignorante frente a la minoría consciente. Algo que resultaba sensacional entonces, en los albores del sistema democrático como gran progreso frente a los absolutismos anteriores. Algo que el tiempo está demostrando en nuestros días, lo difícil que es una democracia real y efectiva. El dilema que planteaba Ibsen sigue vigente, no solo el de la facilidad de manipular el voto de la masa, sino y sobre todo el de la responsabilidad personal de actuar según la propia conciencia frente a la hipocresía dominante.

Àlex Rigola, que ya hizo en 2018 una adaptación teatral de la obra, ha adaptado el drama original en un libreto que modifica personajes y situaciones y que elimina matices hasta conseguir una simplificación que encaje los cinco actos del drama en ochenta minutos de teatro musical con una breve pausa. Con razón el título original ha sido modificado ligeramente, porque la obra de Ibsen no pasa de ser aproximada inspiración y lejana referencia. Además, el director de escena catalán escoge un único entorno de montículos frente al mar en el que Patricia Albizu no ha intentado algún simulacro colateral para ambientar la redacción del periódico y el salón de actos municipal, así que todo tiene lugar sobre el descampado fijo y desolado. Menos mal que la iluminación de Carlos Marquerie y el vídeo de Álvaro Luna consiguen una fabulosa ambientación que arregla lo anterior. Escribir un buen libreto operístico es bien difícil (en general la autoría del texto esta subestimada en el teatro musical) y los directores artísticos a menudo suman a sus caprichos de montaje escénico sus vanas pretensiones literarias.
‘Enemigo del pueblo’, ya sin el artículo indeterminado del original, es la segunda ópera -la primera para gran orquesta- de Francisco Coll García (1985), tras ‘Café Kafka’, estrenada en la Royal Opera House en 2014 con favorables críticas. Afincado en Suiza, en este tiempo ha ido desarrollando una carrera que asimila múltiples influencias en una expresión propia, de texturas complejas, abundancia de contrastes, y gusto por las distorsiones de lo conocido, un atrevido eclecticismo que ha conseguido domeñar hasta ofrecernos una partitura perfectamente audible, sin apenas sobresaltos, con interludios melodiosos y en conjunto mucho más fácil y agradable de seguir de lo que podía temerse. Así, iniciando con ingenio en un distorsionado pasodoble que evoca la demagogia y el populismo, tiene células rítmicas o melódicas asociadas a los diferentes personajes y situaciones, sobre las que sobrevuela una línea de canto cercana al parlato en los diálogos descriptivos, pero con mayor lirismo en la expresión de los sentimientos. Los interludios conceden a la orquesta alturas de tragedia griega, mientras que el coro, que encarna al pueblo seguidista y acomodaticio, asume momentos de potente voltaje dramático, con una música estridente, disonante y de gran tensión rítmica y armónica, enfatizando la presión social contra el protagonista.

Sin embargo, junto al notable desarrollo orquestal impulsado por la dirección musical del sueco Christian Karlsen, el componente vocal nos resulta deficiente y las intervenciones de todos los personajes sufren de esa dificultad común a toda la ópera contemporánea, la pérdida de la melodía cantabile tradicional. Las líneas vocales a menudo se rompen, falta belleza tímbrica, a menudo requieren saltos interválicos difíciles, un rango vocal extremo y una afinación perfecta en contextos atonales, lo que supone un desafío técnico extenuante. Y la orquestación densa y compleja, obliga a los cantantes a forzar sus voces. En la versión de Rigola, Petra, la hija del doctor aquí periodista en vez de maestra, se erige en la verdadera protagonista de la ópera, y la soprano estadounidense Brenda Rae la interpreta con prestancia, aunque el tono tan agudo en que está escrito el personaje, resulte excesivo. Más templado es el papel secundario de Marta que la mezzo hispano-británica Marta Fontanals-Simmons saca adelante a pesar de la incongruencia intrínseca de un personaje que no existe en el original. De los tres personajes masculinos nos resultó el más centrado el alcalde, a cargo del tenor granadino Moisés Marín, y el menos Mario, el director del periódico, con el barítono zaragozano Isaac Galán a cargo de un personaje muy mal dibujado. En medio nos queda el doctor Stockmann del barítono José Antonio López que cumple adecuadamente.
Dice el Teatro Real que con este encargo y su coproducción ‘defiende la vitalidad del repertorio lírico contemporáneo y su innegable capacidad para abordar algunos de los temas más candentes e inquietantes de la actualidad, con la hondura, la trascendencia y la infinita libertad interpretativa que concede el arte’. Bueno está. ‘Enemigo del pueblo’ es una notable aportación y su compositor (del que el pasado 13 de febrero se presentó en la Fundación Juan March una velada con ocho de sus obras de cámara) supone una esperanza cierta para el género lírico de nuestro país. A sus 40 años tiene recorrido por delante. Aunque solo ha habido cuatro representaciones y en la de este martes no se completó el aforo, con ambiente tibio y aplausos corteses, el Teatro Real puede y debe insistir en obras difíciles junto al repertorio de siempre.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Música: 8
Libreto: 6
Dirección musical: 9
Dirección artística: 7
Voces: 7
Producción: 8
TEATRO REAL
ENEMIGO DEL PUEBLO
Ópera en dos actos
12, 13, 17, 18 de febrero de 2026
Música de Francisco Coll (1985)
Libreto de Àlex Rigola, basado en Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen
Estrenada en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia el 5 de noviembre de 2025
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Palau de les Arts Reina Sofía
Dirección musical Christian Karlsen
Dirección de escena Àlex Rigola
Escenografía y vestuario Patricia Albizu
Iluminación Carlos Marquerie
Diseño de videoescena Álvaro Luna (AAIV)
Dirección del coro José Luis Basso
Asistente de la dirección musical Andrew Joon Choi
Asistente de la dirección de escena Pascu Ortí
Asistente de escenografía y vestuario Alejandra Lorenzo Iglesias
Asistente de iluminación Nadia García Muñoz
Reparto
Doctor (Stockmann) José Antonio López
Alcalde Moisés Marín
Petra Brenda Rae
Mario Isaac Galán
Marta Marta Fontanals-Simmons
Morten Juan Goberna
Actores Nuria Bartolomé Soler, Viktor Giner, Aycha Naffaa, Roger Sanchís Borrell
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
Duración aproximada 1 hora y 20 minutos.

