Ángel Gutiérrez Sanz

El terrorismo yihadista

Siembra la tierra de mártires cristianos

El terrorismo yihadista
Ángel Gutiérrez Sanz

Resulta vergonzosa la pasividad e indolencia de una sociedad civilizada

(Ángel Gutiérrez, catedrático).- Hay catástrofes ajenas al hombre ante las que nada se puede hacer, hay otras en cambio que tienen su origen en el mal uso que se hace de la libertad. Entre estas últimas estarían la desigualdad Norte-Sur que condena a millones de seres humanos a la miseria, desesperación y muerte, en un mundo donde bien administrado, habría recursos para todos.

Otra de las tragedias de nuestro tiempo es el sacrificio de millones de seres inocentes, condenados a morir antes de nacer en aras de una libertad malentendida, de unos presuntos derechos que no son tales. A estas vergüenzas que nuestra sociedad viene arrastrando desde hace algún tiempo, hay que añadir una nueva ignominia silenciada por los medios de comunicación y los organismos internacionales, que nos coloca ante el verdadero rostro de una sociedad como la nuestra, hipócrita y deshumanizada.

Los acontecimientos que estamos viviendo desde hace algún tiempo no pueden ser más monstruosos, aunque haya gentes empeñadas en minimizar su trascendencia. Se trata nada menos que de un genocidio que busca el exterminio de los cristianos, en varios lugares del mundo como Nigeria, Libia, Irak, Kenia, Pakistán o Siria, entre otros, un holocausto en todo regla, comparable en cierto modo al exterminio nazi, sin que ello haya provocado una oleada generalizada y gigantesca de indignación. Según palabras del papa Francisco, pronunciadas el 13 de Junio «La persecución contra los cristianos hoy es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Hoy hay más cristianos mártires que en aquella época. Y no es por fantasía, es por números».

Estamos pues, asistiendo a una purga religiosa, ante la mirada indiferente de un mundo insensibilizado. Según hemos podido saber en 23 países islámicos se persigue a los cristianos brutalmente por el mero hecho de serlo, lo que se conoce como «El Circo de los Leones del siglo XXI». Países donde no hay el más mínimo respeto por la libertad religiosa, donde no se respetan los más elementales derechos de convivencia. Por las informaciones que nos llegan a través de la «Ayuda a la Iglesia Necesitada» nos es dado poder reconstruir la situación de terror que están viviendo nuestros hermanos cristianos en muchos países de mayoría islámica.

Se dice que pueden llegar a cien millones los cristianos perseguidos en varios países del mundo, éstos, incluidos ancianos , mujeres y niños, son torturados, apaleados, quemados vivos, seccionados y troceados a machetazos como si fueran animales, lugares en que a las niñas y mujeres cristianas se las viola, se les cortan los pechos y otras partes sensibles. Por el relato de Mark Arabo, hemos podido saber que en Mosul los niños eran decapitados y clavadas sus cabezas en estacas, sus madres violadas, asesinadas y sus padres ahorcados. Lugares donde las iglesias son dañadas, incendiadas o saqueadas, no quedando a sus habitantes otra salida que la de huir del asedio terrorista para ir a morir de sed y de hambre en las montañas; lo que se dice un horror , un auténtico horror que la tímida intervención militar norteamericana apenas ha podido aliviar

Desde allí nos llegan las voces angustiadas de los refugiados pidiéndonos auxilio, preguntándonos ¿ Por qué no hacéis nada ? ¿ por qué la Comunidad Internacional no toma cartas en el asunto? ¿ Por qué nuestros gritos desesperados no se escuchan en ninguna parte? ¿ Por qué tanto silencio? ¿ Donde está la conciencia musulmana, donde la conciencia cristiana, donde la conciencia humana?… ¿ En que han quedado las proclamas solemnes y los discursos grandilocuentes del mundo civilizado en defensa de los derechos humanos? O tal vez todo es una farsa …

Ya no es posible seguir siendo un espectador pasivo, los silencios nos hacen cómplices  de la barbarie. Hay que comenzar a hablar; se necesitan condenas contundentes, resoluciones expeditivas y sobre todo líneas de actuación eficaces que pongan fin a tanto desmán. La Unión Europea algo tendría que decir cuando se violan de forma tan escandalosa los derechos fundamentales de las personas, de forma tan masiva. Los gobiernos que dicen defender el estado de derecho tendrían que comenzar a mostrar su indignación, las Instituciones Humanitarias su repulsa, los Organismos internacionales deberían de tomar resoluciones; la ONU debiera asumir el compromiso que le corresponde en la hora presente y actuar en consecuencia.

Todavía está presente en mi retina la gigantesca y clamorosa manifestación antiterrorista en Paris, presidida por jefes de Estado y de Gobierno del mundo entero, para protestar contra el atentado perpetrado en la sede de una revista satírica francesa, al grito unánime de » yo soy Charlie Hebdo». Pocas horas después, fueron descubiertos los presuntos autores del acto terrorista, siendo contundente la respuesta, como todos sabemos; los hermanos Saïd y Chérif Kouachi fueron abatidos a balazos. La pregunta ahora es ¿Por qué en este caso el mundo se movilizó y en el caso de miles de cristianos masacrados por el mismo terrorismo no lo hace? No se puede decir de ninguna manera que los de Charlie Hebdo fueran más víctimas que los mártires de Nigeria , Libia o Irak, ni que defendieran causas más nobles , por supuesto que no.

Desgraciadamente la única respuesta posible es que unos y otros respondían a intereses políticos y religiosos de distinto signo y por ello unos fueron vindicados y se les dio satisfacción cumplida y otros están siendo olvidados. Estamos ante un caso flagrante de acepción de personas o para que se nos entienda mejor de marginación y clasismo. Sí, querida Europa, nos hemos olvidado de los principios fundamentales, como el de la dignidad de la persona, universal e igual para todos y en su lugar estamos jugando con un relativismo que todo lo justifica en razón de los intereses de cada cual.

Desde este relativismo, resultan fáciles las trampas y las hipocresías, fáciles las excusas, desde este relativismo es fácil justificar toda falta de compromiso para acabar con el hambre en el mundo, con los abortos o poner fin a las matanzas de cristianos a manos de los yihadistas. Resulta vergonzosa la pasividad e indolencia de una sociedad civilizada, que asiste indiferente a una de las atrocidades más sangrientas de la historia, que nos hacen recordar tiempos pasados ¿ Cómo se puede seguir hablando de defensa de los derechos humanos sin que se nos caiga la cara de vergüenza?

Autor del libro «Laicismo y nueva religiosidad»

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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