Víctor Márquez Pailos

Más milagros que nunca

"Milagros no los hace la ciencia sino los que ponen su ciencia al servicio de los demás"

Más milagros que nunca
Víctor Márquez, columnista

La ciencia reina indiscutida con el prestigio de los antiguos milagros. No hay milagros para la ciencia porque los hace ella misma o aspira a explicarlos un día

(Víctor Márquez Pailos).- «El tratamiento contra la hepatitis C ha curado a mi madre en un mes; ¡éstos sí que son milagros!». Después de leer este mensaje de mi amigo he vuelto a comprobar que los milagros los reconocemos sin esfuerzo. Mirándolos, tan solo, los vemos. Mirándolos, sin más, los admiramos. Por sus efectos nos llaman la atención. Ahora bien, miremos más de cerca un milagro como éste, uno de esos que solemos atribuir a la ciencia. ¿Cuál es aquí el milagro: que mi amigo siga acompañado en la vida por su madre o que la enfermedad ya no siga amenazando la vida de la que se la dio primero a él?

Uno tiende a creer que ambas son la misma respuesta, como la causa es una con el efecto. Pero no se crea. Porque una cosa es la salud de cada uno y otra, en cambio, alegrarse de la salud ajena. El prestigio del milagro se lo ha llevado la salud del enfermo, no la alegría de sentir como propio el bien de los demás. Por eso hemos dejado de creer en otros milagros que no sean los hechos por la ciencia o aquellos otros que, por el contrario, no alcanza a explicar, ¡esos sí que son milagros! Más allá de hacer posible que la vida siga, ¡se la devuelven al que la ha perdido! Léase aquí, por vida, cuanto contribuye a nuestro bienestar y felicidad.

Malentendemos los milagros cuando nos limitamos a mirarlos como si, solo por mirarlos, pudiéramos verlos y entenderlos. Deslumbrados por su prestigio hemos dejado de preguntarnos por ellos. Y ya se sabe lo que sucede siempre con aquello sobre lo que nadie se pregunta: que cualquiera se viste con sus harapos y se tiene por rey. La ciencia reina indiscutida con el prestigio de los antiguos milagros. No hay milagros para la ciencia porque los hace ella misma o aspira a explicarlos un día.

Desnudemos, sin embargo, a la ciencia de sus harapos. ¿Qué vemos? Vemos a los hombres de ciencia, es decir, a hombres que enferman como los hombres sin ciencia. Y vemos aun más. Vemos a unos que se limitan a hacer ciencia y a otros que hacen ciencia para los demás. Si hoy esta distinción resulta operativa en algún ámbito no es sino en el de la economía. Porque hay una economía entregada al negocio y a la especulación y otra, al servicio de las sociedad y de las personas. Ambas hacen milagros: la primera, en beneficio de unos pocos; la segunda, en bien de muchos.

Y ahora ya estamos, tal vez, en condiciones de entender mejor los milagros. Milagros no los hace la ciencia sino los que ponen su ciencia al servicio de los demás. Pudiendo reservar su utilidad a unos pocos -como, de hecho, así ha sido durante siglos-, manifiestan que sienten como propio el bien de todos, especialmente el de los más necesitados.

Cuando, según el testimonio de los evangelios, ascendió Jesús al cielo, dotó a los creyentes con el poder de echar demonios y curar enfermos. Pues bien, este poder recibido en bien de todos sigue hoy vivo entre nosotros, más que nunca en la historia humana, por obra de los que creen en Cristo y de aquellos otros que le hacen presente en sus obras, verdaderos milagros como el de la madre de mi amigo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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