Osasuna 2 - Real Madrid 1

Osasuna incendia LaLiga y tumba al Madrid en el minuto 90

Budimir abrió la herida de penalti, Vinicius firmó un empate de coraje y Raúl García, sobre la bocina y tras un error de Ceballos, desató la locura en Pamplona y dejó el liderato blanco al borde del abismo

Osasuna incendia LaLiga y tumba al Madrid en el minuto 90
Vinicius Jr. PD.

El Sadar no fue un estadio: fue un ring. Desde el primer minuto, Osasuna salió a morder y el Real Madrid a medir la distancia, con la guardia alta pero sin soltar un solo directo. El líder se presentó en Pamplona con un once de quirófano, más pensado en el Benfica que en la batalla que tenía delante, y acabó noqueado en el último asalto, de rodillas y mirando de reojo a un Barcelona que ya huele el liderato.

Durante el primer tramo, el Madrid tocó y tocó la pelota con la parsimonia de un sparring que cumple expediente mientras Osasuna probaba ángulos y distancias a base de entradas, duelos y centros laterales. Budimir fue el primer aviso serio: un zurdazo ajustado, un remate a bocajarro, un cabezazo al palo… cada acción era un crochet sobre la mandíbula de una defensa blanca que echaba de menos el hierro de Rüdiger.

Courtois aguantaba en pie, gigante bajo los palos, hasta que el VAR encontró un ligero pisotón sobre Budimir dentro del área y transformó una amarilla al croata en un penalti que cambió el combate. El delantero, sereno, ajustó su zurda al poste y clavó el 1-0 que encendió la grada y dejó al Madrid tambaleándose contra las cuerdas.

La reacción blanca fue más de orgullo que de fútbol. Mbappé deambulaba lejos de la zona de castigo, lanzando jabs sin pegada desde la media distancia, mientras Vinicius, pitado, buscaba grietas donde solo encontraba golpes y contactos consentidos por un colegiado superado por la presión. Valverde era el único capaz de romper líneas, y la ausencia inicial de Trent en la organización se notaba como se nota la falta de un buen entrenador de esquina entre asalto y asalto. El descanso llegó como salvavidas para un Madrid herido, con el 1-0 en el marcador y la sensación de que Osasuna había mandado de principio a fin.

Tras el receso, el guion se convirtió en una pelea a campo abierto. Víctor Muñoz, bala rojilla salida de Valdebebas, convirtió la banda de Carvajal en una autopista al dolor, rompiendo por fuera y por dentro y desarmando el sistema defensivo blanco a base de cambios de ritmo. Osasuna se replegó, compactó líneas y se preparó para aguantar el chaparrón, mientras Arbeloa movía el banquillo: dentro Trent y Brahim, fuera Carvajal y Camavinga, buscando gasolina nueva para la remontada.

Con Trent en la sala de máquinas, el Madrid subió un punto la presión y empezó a forzar el intercambio de golpes que tanto temía Osasuna. Mbappé avisó con un disparo anulado por fuera de juego, preludio de un arreón que acabaría encontrando premio en las botas de Fede Valverde. El uruguayo, cuchillo entre los dientes, se lanzó por la izquierda, quebró a medio equipo rival y puso un balón tenso al corazón del área que Vinicius, disfrazado de delantero centro, empujó a la red para el 1-1. Fue un gol de coraje, el típico gancho de quien se niega a perder un título en febrero.

Con el empate, Arbeloa decidió ir a por el KO. Quitó a Fede, uno de los pocos que seguía pegando, para dar entrada a Gonzalo y lanzar a su equipo al ataque total. El Madrid se volcó, adelantó líneas, y Vinicius, ya con galones de capitán, robó, encaró y regaló una ocasión que Mbappé no supo convertir, desviado por un defensa bajo palos cuando el gol ya se cantaba. Cada minuto añadido era un asalto más con el campeón dominando el centro del ring, pero con la guardia cada vez más baja.

Entonces llegó el último golpe, el gancho definitivo. En el 90, con el Madrid regalando la salida de balón, Ceballos perdió una pelota mortal y Raúl García de Haro, en el área, se inventó un recorte que dejó a Asencio en el suelo antes de cruzar un derechazo letal al fondo de la red. El linier levantó la bandera, el árbitro anuló el tanto, pero el VAR volvió a entrar en escena para validar el 2-1 y convertir El Sadar en un manicomio de alegría rojilla. El Madrid, esta vez, no tuvo respuesta: no quedaban asaltos, no quedaban piernas ni ideas.

El pitido final certificó algo más que una derrota. Osasuna dio un vuelco a la Liga, destronó al líder con justicia y añadió una sombra espesa sobre el futuro inmediato del Real Madrid, que en una semana puede perder el liderato y poner también en riesgo su aventura europea si repite la imagen mostrada en Pamplona. En un combate de 90 minutos, los rojillos golpearon más y mejor; el campeón, entre rotaciones y estrellas apagadas, terminó besando la lona.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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