PIDE A LOS MILITARES QUE NO ASESINEN A SUS COMPATRIOTAS

Este es Reza Pahlaví, el heredero que anhela unir a un Irán cansado de los ayatolás

Mientras las protestas sacuden Irán, el hijo del último sah resurge como un símbolo y llama a los iraníes a unirse para desafiar al régimen islámico

Reza Pahlavi
Reza Pahlavi. PD

La imagen se repite en grabaciones clandestinas que circulan por las redes, a pesar de los cortes de internet: muchos jóvenes en Teherán y otras ciudades iraníes claman el nombre de Reza Pahlaví, levantan antiguas banderas de la monarquía y entonan “esta es la última batalla, Pahlaví volverá”.

En medio de unas manifestaciones que han dejado al menos medio centenar de muertos y miles de detenidos, el hijo del último sah de Persia ha pasado de ser un exiliado olvidado a convertirse en una figura que muchos miran nuevamente, tanto dentro como fuera del país, como un posible punto de unión para una oposición desgastada por la represión y el exilio.

Y él, saltando al escenario, pide, insta, ordena a los militares iraníes que sean patriotas y no maten a su pueblo.

 

El príncipe que dejó Irán antes de alcanzar la mayoría de edad

Reza Ciro Pahlaví nació en Teherán en 1960. Desde pequeño fue educado para heredar el trono de su padre, Mohammad Reza Pahlaví, el último sah derrocado por la Revolución Islámica de 1979.

Cuando se acercaba el colapso del régimen de los ayatolás, el entonces príncipe heredero ya no estaba en Irán: había partido meses antes para formarse como piloto de combate en Estados Unidos, donde se establecería permanentemente. En enero de 1979, su padre abandonó Teherán junto al resto de la familia; ninguno regresó jamás.

El exilio fue una travesía complicada:

  • Pasaron por Marruecos, Bahamas, Ecuador, México, Estados Unidos y Panamá antes de llegar a Egipto.
  • En El Cairo falleció el sah en 1980, con solo 60 años, víctima del cáncer.
  • Desde entonces, la familia se redujo a un círculo cada vez más pequeño de monárquicos y simpatizantes, con escaso poder real pero mucha carga simbólica.

Este drama también afectó profundamente la vida personal de Reza Pahlaví: perdió a su hermana menor Leila y a su hermano Alireza, quienes se suicidaron años después del exilio. Así quedó él como líder simbólico de una dinastía que muchos consideraban parte del pasado.

Hoy reside en Washington, donde ha estudiado Ciencias Políticas y está casado con Yasmine Etemad-Amini, con quien tiene tres hijas. Su cotidianidad transcurre lejos de Irán, aunque su discurso sigue profundamente arraigado allí.

Del heredero al trono al opositor desde el exilio

Desde Estados Unidos, Pahlaví ha forjado una imagen clara: activista político y opositor decidido al régimen teocrático iraní.

Algunos aspectos destacados:

  • Conserva el título simbólico de “príncipe heredero”, pero subraya que no busca restaurar una monarquía absoluta.
  • Promueve una transición democrática y laica, evocando un modelo similar al español: un referéndum donde sean los iraníes quienes decidan sobre la forma del Estado.
  • Se presenta más como un facilitador que como un futuro monarca: en un artículo publicado en The Washington Post, afirmó que su objetivo es “ayudar a guiar la transición desde la tiranía hacia un futuro democrático elegido por el pueblo”.

Este enfoque le ha permitido establecer conexiones con sectores no monárquicos. Sin embargo, no puede borrar las huellas del pasado: la represión durante el régimen del sah, la policía política Savak o el autoritarismo monárquico permanecen muy presentes en la memoria colectiva iraní.

El nuevo ciclo de protestas y su “última batalla”

Las manifestaciones que comenzaron a finales de diciembre en más de cien ciudades han vuelto a centrar la atención sobre Reza Pahlaví. Lo que empezó como descontento económico ha evolucionado hacia un desafío político abierto al liderazgo del ayatolá Ali Jamenei y al sistema republicano islámico.

En este marco, el heredero del sah ha intensificado tanto el tono como la frecuencia de sus mensajes:

  • Ha instado a los iraníes a salir nuevamente a las calles durante todo el fin de semana, desde las 18:00 horas, portando banderas y símbolos nacionales con la intención de “ocupar y mantener” los espacios públicos.
  • Ha solicitado a los manifestantes que desplazen las concentraciones hacia el centro urbano y conecten las diferentes marchas, para dificultar que el régimen pueda dispersarlas fácilmente.
  • Ha compartido directrices prácticas: abastecerse adecuadamente, organizar rutas seguras y coordinar comunicaciones pese a los cortes en internet.

Su mensaje más reiterado estos días es claro: “nuestro objetivo ya no es simplemente salir a las calles; queremos tomar los centros urbanos y mantenerlos”. Además, ha marcado una fecha emocional para su regreso: asegura estar preparándose para volver a Irán “para estar junto al pueblo en el momento decisivo” y añade que “ese día está muy cerca”.

Huelga general y mensaje al aparato estatal

La estrategia propuesta por Pahlaví va más allá del mero activismo callejero. En sus mensajes recientes:

  • Ha instado a los trabajadores del sector del transporte, petróleo, gas y energía a iniciar una huelga nacional.
  • Sugiere cortar los canales financieros del régimen para debilitar su capacidad represiva.
  • Ha pedido a las Fuerzas Armadas y cuerpos policiales que limiten las represalias del poder y “desmantelen la maquinaria represiva”.

Simultáneamente, lanzó una provocadora invitación a Ali Jamenei, sugiriendo que debería “irse a Rusia” para compartir exilio con antiguos aliados del Kremlin como Bashar al Assad. También ha solicitado a la comunidad internacional —especialmente a Estados Unidos— que esté lista para “apoyar” al pueblo iraní; una demanda que despierta tanto apoyos como recelos.

Una oposición fragmentada buscando un rostro común

Décadas marcadas por represión, ejecuciones y exilio han dejado disperso al mosaico opositor iraní: monárquicos, republicanos laicos, izquierdistas, feministas o grupos kurdos y baluches rara vez comparten estrategias comunes.

En este complicado tablero político, Reza Pahlaví, con 65 años cumplidos, intenta posicionarse como figura conciliadora:

  • Se presenta como alguien capaz de unir movimientos diversos alrededor de puntos mínimos comunes: caída del régimen actual, separación entre religión y Estado y elecciones libres.
  • Participó junto a otros sectores en la creación de la Alianza para la Democracia y Libertad en Irán (ADFI); esta agrupación publicó la llamada Carta Mahsa, inspirada por la muerte trágica de Mahsa Amini en 2022 como hoja de ruta hacia una democracia secular.
  • Su discurso apela tanto a un Irán preislámico e identitario persa, como también propone una estructura institucional moderna con garantías fundamentales.

Sin embargo, analistas especializados en política iraní hacen hincapié sobre ciertos matices: cuestionan cuánta es realmente su base interna; muchos apoyos visibles provienen principalmente del exilio. Además recuerdan que ese peso simbólico en redes sociales no siempre se traduce en capacidad organizativa dentro del país.

Entre el mito del sah y la realidad cotidiana

La figura de Reza Pahlaví se encuentra atrapada entre dos mundos:

  • Para algunos iraníes exiliados representa una profunda nostalgia por un Irán anterior a 1979 asociado con modernización cultural e identidad nacional robusta.
  • Para otros —tanto dentro como fuera— su apellido evoca recuerdos dolorosos relacionados con la represión ejercida por Savak o las injusticias bajo su padre.
  • Entre los jóvenes manifestantes actuales muchos ni siquiera habían nacido en 1979; su conexión con el sah o con el príncipe heredero está mediada por relatos familiares o redes sociales comparativas entre ambas realidades: vivir bajo los ayatolás versus lo vivido antes.

Pahlaví intenta navegar este terreno delicado con una idea recurrente: “no se trata solo restaurar lo pasado; se trata garantizar un futuro democrático para todos los iraníes”. Un mensaje diseñado para mitigar temores sobre un regreso literal hacia la monarquía mientras refuerza su imagen como “ciudadano más” dispuesto al veredicto popular.

Un liderazgo desde lejos pero con límites claros

Un aspecto clave que define quién es hoy Reza Pahlaví es su liderazgo actual: uno ejercido desde lejos. Opera desde Washington; utiliza plataformas como X e interactúa con medios internacionales siendo entrevistado frecuentemente como referencia opositora; se ha convertido así en uno de los rostros más reconocibles fuera del país.

No obstante, sus posibilidades están condicionadas por varios factores:

  • La persistente censura e interrupciones digitales dentro de Irán dificultan difundir sus mensajes masivamente.
  • La creciente desconfianza entre sectores críticos lo perciben demasiado ligado a intereses occidentales —especialmente estadounidenses—.
  • El peso aplastante ejercido por una brutal represión ha dejado ya más 50 muertos además más 2.300 detenidos durante las últimas protestas según organizaciones defensoras derechos humanos.

En este contexto complejo su figura actúa casi como un espejo: simboliza esperanza para algunos respecto posible transición ordenada; mientras recuerda viejos fantasmas para otros reacios repetirse historia pasada. Entre estos extremos queda un país exhausto donde una juventud arriesga todo luchando diariamente mientras aún debe decidir si ve en hijo último sah calidad líder tangible o solo nombre gritado noche representando promesa cambio radicalmente distinto.

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