Hoy, 17 de mayo de 2025, la guerra en Ucrania sigue marcada por la incertidumbre. Tras una semana de diplomacia acelerada, con encuentros en Estambul entre delegaciones de Ucrania y Rusia, la realidad es que poco ha cambiado en el tablero estratégico. Las expectativas eran bajas y los resultados han confirmado ese pesimismo. Ni avances significativos ni señales de desescalada; solo un intercambio de prisioneros como gesto simbólico y la promesa vaga de continuar negociando más adelante.
Este regreso a las conversaciones directas —las primeras desde 2022— se desarrolló en un ambiente frío. La reunión duró menos de dos horas. Turquía, anfitriona del encuentro, destacó el único acuerdo alcanzado: un canje de 1.000 prisioneros por bando para intentar generar confianza entre las partes. Más allá de este gesto, ambas delegaciones se comprometieron únicamente a intercambiar por escrito sus condiciones mínimas para un hipotético alto el fuego futuro.
Demandas maximalistas y ausencia de concesiones
La postura rusa sigue siendo intransigente. Moscú mantiene su exigencia sobre la soberanía de cuatro regiones ucranianas —Donetsk, Luhansk, Zaporiyia y Jersón— anexionadas unilateralmente en 2022, aunque nunca controladas en su totalidad. Además, durante la negociación, la delegación rusa llegó a amenazar con expandir sus reclamaciones a otras zonas como Járkov y Sumy si Ucrania no se retira.
El jefe negociador ruso, Vladimir Medinsky, declaró tras la reunión que estaban “satisfechos” con los resultados y dispuestos a seguir dialogando. Subrayó que ambas partes presentarán próximamente su visión detallada sobre un posible alto el fuego antes de retomar las conversaciones. Por su parte, Volodímir Zelenski dejó claro tras una llamada con líderes europeos y estadounidenses que la presión sobre Rusia debe continuar mientras no haya un alto el fuego completo e incondicional. «Si los rusos rechazan un cese total e incondicional de hostilidades, deben aplicarse sanciones duras», afirmó el presidente ucraniano.
Jugando con el calendario militar
La falta de avances no es casualidad. Rusia parece apostar por ganar tiempo ante una posible ofensiva veraniega. Los analistas coinciden en que Moscú busca consolidar su control territorial mientras mide los movimientos occidentales y observa cómo evoluciona la ayuda internacional a Kiev.
- Moscú mantiene exigencias territoriales inasumibles para Ucrania.
- Kiev rechaza cualquier solución que implique ceder más territorio.
- La guerra sigue activa en el frente oriental y sur.
En paralelo, la Unión Europea ha advertido con endurecer las sanciones si no se logra una tregua real durante al menos un mes. Sin embargo, la amenaza tiene poco efecto sobre las aspiraciones del Kremlin.
El trasfondo internacional: expectativas y recelos
Esta nueva ronda de negociaciones ha llegado tras intensos contactos multilaterales promovidos por Estados Unidos, Turquía y varios socios europeos. La administración estadounidense —ahora bajo la presidencia de Donald Trump— ha intentado acelerar un proceso diplomático que permita encauzar el conflicto antes del verano.
Sin embargo, voces expertas como Tatyana Stanovaya (Carnegie Russia Eurasia Center) advierten que las posiciones siguen siendo irreconciliables: «La realidad es que ni Moscú ni Kiev están listos para aceptar una paz duradera». El antiguo embajador estadounidense ante la OTAN, Kurt Volker, considera que Putin sigue confiando en lograr sus máximos objetivos mediante presión militar y diplomática prolongada.
Para Ucrania, este “baile” diplomático es frustrante: los aliados occidentales reclaman acciones conjuntas más decididas ante el riesgo de que Rusia aproveche cualquier división europea o estadounidense para consolidar su posición militar.
¿Qué puede cambiar a corto plazo?
- La celebración efectiva del canje masivo de prisioneros será un termómetro sobre la viabilidad futura del diálogo.
- Las propuestas escritas sobre condiciones para un alto el fuego podrían reactivar —o bloquear— nuevas rondas negociadoras.
- Si Rusia lanza una ofensiva mayor este verano, el escenario podría volver a tensarse al máximo.
Mientras tanto, la población civil ucraniana sigue sufriendo bombardeos diarios y desplazamientos forzados. El coste humano continúa escalando sin perspectivas claras de paz.
Un equilibrio precario
En definitiva, esta semana ha dejado patente que ni Moscú ni Kiev están dispuestos a dar pasos reales hacia una solución política inmediata. El diálogo directo no ha modificado los fundamentos del conflicto ni las líneas rojas de ambos bandos.
- Rusia gana tiempo mientras consolida sus posiciones militares.
- Ucrania resiste sin aceptar concesiones territoriales.
- Occidente debate cómo mantener presión efectiva sin fracturarse internamente.
El conflicto parece abocado a una larga duración salvo giro inesperado o presión internacional mucho mayor. En palabras del propio Medinsky: “Estamos preparados para luchar uno, dos o tres años… Lo importante es saber cuánto tiempo estáis dispuestos a resistir vosotros”.
Así se resume esta semana vertiginosa: mucha diplomacia sobre la mesa pero pocas esperanzas reales para una solución inmediata al drama ucraniano.
