LA FIGURA DEL DICTADOR SOVIÉTICO REGRESA AL ESPACIO PÚBLICO RUSO

Stalin ‘resucita’ en la Rusia de Putin: inauguran nueva estatua del dictador soviético en el metro de Moscú

La obra, retirada en 1966 durante la "desestalinización", vuelve como parte de las celebraciones del 90º aniversario del metro moscovita

Una nueva estatua de Stalin en el Metro de Moscú
Una nueva estatua de Stalin en el Metro de Moscú. PD

Alguno, sobre todo si es viejo, sentirá escalofríos.

Hoy, jueves 29 de mayo de 2025, los viajeros que transitan por la estación Taganskaya del metro de Moscú topn de frente con una figura que genera tanto admiración como rechazo: una imponente estatua de Josef Stalin.

La obra, reinstalada hace apenas dos semanas como parte de las celebraciones del 90º aniversario de la red de metro mosacovita, ha provocado un intenso debate en la sociedad rusa sobre el legado del dictador soviético y lo que muchos consideran una progresiva «reestalinización» del país.

La escultura mural, de tamaño natural, representa a Stalin de pie en la Plaza Roja rodeado de una multitud.

Se trata de una réplica del monumento original titulado «Gratitud del Pueblo al Líder y Comandante», que fue retirado en 1966 durante la campaña de «desestalinización» emprendida tras la muerte del dictador.

Según el comunicado oficial del metro de Moscú, el monumento original se había «perdido» y la nueva versión fue presentada al público el pasado 15 de mayo como uno de sus «regalos» a los pasajeros.

Entre flores y controversia

La reinstalación de la estatua ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos moscovitas dejan flores y se fotografían junto al monumento, otros ven en este gesto una preocupante rehabilitación de la figura del dictador, responsable de la muerte de millones de personas durante su régimen de terror.

«Será polémico, pero sin él no habríamos ganado la guerra», comentan algunos ciudadanos al pasar por la estación, refiriéndose al papel de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial. Esta visión, que destaca su liderazgo en la victoria soviética contra la Alemania nazi, ha sido uno de los principales argumentos utilizados para justificar su creciente presencia en el espacio público ruso.

La obra escultórica tiene forma de arco e incluye una estatua de Stalin de tamaño mayor que el natural, sobre la que figura un pequeño bajorrelieve con el busto del fundador de la URSS, Vladimir Lenin. Los especialistas recuperaron la composición original con la ayuda de documentos de archivo y fotografías de la época.

La rehabilitación de Stalin en la Rusia de Putin

Esta no es una iniciativa aislada. Desde que Vladimir Putin asumió el poder hace más de 25 años, se han erigido al menos 108 monumentos a Stalin en toda Rusia, según el historiador y periodista Iván Zheyanov, quien ha seguido la pista de estas estatuas. El ritmo de instalación se ha acelerado notablemente desde la invasión de Ucrania en 2022.

En diciembre pasado se inauguró un monumento de Stalin en la ciudad noroccidental de Vólogda, y más recientemente, otra estatua fue instalada en la ciudad ucraniana de Melitopol, actualmente ocupada por las fuerzas rusas. Además, el presidente Putin anunció la semana pasada que consideraría devolver el nombre de Stalingrado a la actual ciudad de Volgogrado, una medida largamente apoyada por los líderes del Partido Comunista ruso.

El metro de Moscú, inaugurado en mayo de 1935 cuando Stalin controlaba con mano de hierro todos los resortes del poder en la URSS, tiene un significado especial en esta narrativa. Muchas de las históricas estaciones de este «museo bajo tierra» fueron construidas durante su mandato, reflejando la estética grandilocuente del realismo socialista.

El Terror Rojo y las curiosidades del dictador

La reinstalación de la estatua contrasta dramáticamente con la realidad histórica del régimen estalinista. Durante el periodo conocido como el «Terror Rojo», Stalin ordenó purgas masivas que causaron la muerte de millones de personas. Las «Grandes Purgas» de 1936-1938 eliminaron a gran parte de la élite militar y política soviética, mientras que las deportaciones masivas de pueblos enteros como los tártaros de Crimea, chechenos e ingushes causaron cientos de miles de muertes.

Entre las curiosidades menos conocidas del dictador está su obsesión por la lectura. Se dice que leía hasta 500 páginas diarias y poseía una biblioteca personal de más de 20.000 volúmenes, muchos de ellos con anotaciones en los márgenes. Paradójicamente, mientras promovía la censura más estricta, era un ávido consumidor de literatura.

Stalin también padecía un complejo por su baja estatura (1,65 metros) y las marcas de viruela en su rostro, lo que le llevó a prohibir fotografías o pinturas que no fueran aprobadas previamente. Sus retratos oficiales siempre ocultaban estas imperfecciones y lo mostraban más alto de lo que era.

Otra curiosidad es que, a pesar de su imagen de líder soviético, Stalin nació como Ioseb Besarionis dze Jughashvili en Georgia y hablaba ruso con un fuerte acento georgiano durante toda su vida. Su nombre de guerra, «Stalin», significa «hombre de acero» en ruso.

Un reflejo de la Rusia actual

Para muchos analistas, esta rehabilitación de la figura de Stalin refleja el rumbo político actual de Rusia. «Es el mismo autoaislamiento, la misma ideología conservadora y la misma confianza en la propia fuerza. Y este tema de Stalin, con su estética… de que debemos confiar en nuestro líder, ser felices y no criticar a quienes ostentan el poder, es muy acorde con nuestra época», señala el analista Zinoviev.

La reinstalación de la estatua coincide con el 80º aniversario de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial, que Rusia celebró con gran pompa este año. Esta narrativa de la «Gran Guerra Patria» ha sido fundamental en la construcción de la identidad nacional rusa bajo el gobierno de Putin, quien ha alabado en varias ocasiones la figura de Stalin mientras critica a Lenin, al que culpa de poner las bases del actual conflicto con Ucrania.

Mientras tanto, en la estación Taganskaya, los moscovitas siguen pasando junto a la estatua, algunos deteniéndose brevemente para contemplarla, otros acelerando el paso para evitar su mirada. La figura de bronce permanece impasible, como un recordatorio silencioso de un pasado que, para bien o para mal, sigue muy presente en la Rusia actual.

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