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Al vicio de pedir el voto opone…

Ángel Sáez García 25 May 2022 - 14:00 CET
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AL VICIO DE PEDIR EL VOTO OPONE

LA VIRTUD DE METER VACÍO EL SOBRE

Aunque, sensu stricto, fue Jesús Arteaga Romero quien nos impartió las clases de Lengua y Literatura Españolas, mientras estudiamos los tres últimos cursos de la extinta Educación General Básica, EGB, en el seminario menor navarretano, por mi arraigada afición e/o inveterada costumbre onírica de, entretanto dormía plácidamente en los mullidos brazos de Hipnos, mezclarlo todo en una coctelera, la pasada (que no pesada, como había escrito al principio; luego lo he corregido) noche he vuelto a soñar que era Pedro María Piérola García (seguramente, arraigó en mí lo que, en cierta conversación telefónica que mantuve otrora con Arteaga, este me confesó, que, además de las fetenes, las no canónicas reglas de ortografía que nos enseñaron en Navarrete no salieron de su caletre, sino del de Piérola; que este último había sido el artífice de las tales, vaya) quien estaba al mando de la nave, o sea, a cargo de darnos la lección de ese día de dicha asignatura, y se hallaba junto al encerado, cuando hemos entrado en el aula, tras haber sonado el timbre, que había puesto fin al recreo matutino.

Nos ha dicho que, como el día de hoy era extraordinario, pues en esa misma fecha, 25 de mayo, pero del año 1550, fue alumbrado el “Gigante”, san Camilo de Lelis, éramos nosotros quienes teníamos que darle a él la lección hodierna, procurando hacer un derroche de creatividad, comentando brevemente (era proverbial su referencia constante al adagio 105 del “Oráculo manual y arte de prudencia”, 1647, de Baltasar Gracián, o sea, a que “lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”), en pocas líneas o versos, la paremia que había escrito en la pizarra, que decía así: “Contra el vicio de pedir, (está) la virtud de no dar”, contraria y/o complementaria de esa otra que airea que “quien no llora no mama”. Nuestro refranero es tan rico que contiene paremias para apoyar una tesis o versión, la que sea, y su opuesta (pondré un ejemplo, “a quien madruga Dios le ayuda” y “no por mucho madrugar amanece más temprano”).

Como las clases de antaño duraban cincuenta minutos, nos ha dado cuarenta para llevar a cabo la tarea, treinta y cinco minutos para reflexionar, de manera concienzuda, sobre la sentencia, y cinco para escribir lo que hubiéramos elegido como imprescindible y legible, esto es, que podía leerse y, además, era digno de ser leído y/o de darlo a conocer, si voluntariamente, nos decidíamos a ello, pues dedicaríamos los diez restantes a la puesta en común y la votación subsiguiente.

De los veinte compañeros que éramos en clase, el primero que ha leído se ha limitado a proferir una variante del adagio, en concreto, estos dos versos endecasílabos: “Al vicio de pedir todo se opone / la virtud de no dar nada de nada”. El segundo, que nos ha hecho reír (alguno hasta se ha carcajeado), pues, velis nolis, ha declamado al recitar esta cuarteta: “Contra el vicio de rogar / de los muchos feligreses, / la virtud de no otorgar / o solo darles reveses”. El tercero y último,  que ha sido servidor, el abajo firmante de estos renglones torcidos, ha leído nervioso, como de costumbre, lo que sigue: “Se lee en el versículo 7 del capítulo 7 del Evangelio de Mateo ‘pedid y se os dará’, pero acaso sea más aleccionador, mejor, no hacer ninguna de las dos cosas, ni rogar o impetrar ni conceder. El ‘niño de papá’ (o ‘de mamá’), caprichoso, consentido, cuánto va a sufrir cuando se vea obligado por las circunstancias a tener que dejar o alejarse de las haldas de su progenitora, porque la vida es dura, una fiera furiosa, y, si no le haces frente, si no luchas, esta te despedazará en dos zarpazos y acabarás dentro de sus fauces, hecho porciones, en un pispás. Así que estos son los versos de mi estrofa, una redondilla: Al de pedir vicio opone / la virtud de no otorgar. / Al que van tanto a rogar / cuánto denegar le pone”.

¿Puedes creer, atento y desocupado lector, ya seas o te sientas ella, ya seas o te sientas él, que solo ha habido tres votos válidos, con nombre (puedes sospechar de quiénes eran; cada uno de los tres que hemos leído nos hemos votado a nosotros mismos), pues los diecisiete votos restantes estaban en blanco?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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