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Cada quien ve las cosas a su modo

Ángel Sáez García 22 Nov 2022 - 14:01 CET
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CADA QUIEN VE LAS COSAS A SU MODO

Según el criterio de un amigo, de cuyo nombre (no plagiaré aquí a Miguel de Cervantes) me acuerdo perfectamente, mas no lo expresaré, al que aprecio, de veras (no tanto como a “los Luises”, inigualables, ni como a Diana y Pío, leales a machamartillo), en el artículo que rotulé “¿QUIERES ALCANZAR EL GREEN…?” coloqué, oculta en un paréntesis, una bomba u obús de acción o efecto retardado, contra Pedro Sánchez y su Gobierno. Disiento abiertamente de tal punto de vista o parecer, pero acepto, de buena gana, entiendo y respeto que él pueda opinar así, como hizo, en el correo que me mandó, tras ver el caso de esa guisa. Que esté en franco y manifiesto desacuerdo con ciertas actitudes de Sánchez al respecto no quiere decir, en absoluto, lo que, involuntariamente acaso, él coligió por su cuenta y riesgo y aseveró en dicho envío, que este menda apoye a la oposición del PP, encabezada por Alberto Núñez Feijóo (eso, en todo caso, será un efecto colateral, indeseado), que últimamente ha fallado más que una escopeta de feria, porque a mí lo que, de verdad, me importa e interesa es que los de mi cuerda, si se puede llamar así a los que tienen ideas parecidas a las que defiendo y/o sostengo, sobre todo, acierten, den de lleno en el blanco o centro de la diana, ora estén en el Gobierno, ora en la oposición.

Y, además, como ha habido, en el affaire que nos ocupa, varios comunicantes que han abundado en el criterio con el que mantenía el amigo innominado (ellas y ellos), habituales y esporádicos, que, al parecer, no han tamizado, del modo correcto, mi censura al presidente del Gobierno, por su comportamiento interesado (como juzgo que me he quedado corto con el grado positivo, echaré mano del que le cuadra más, el superlativo), interesadísimo (para mí, a todas luces; aquí no veo estela, huella o rastro de lo que hubiera querido constatar, la altura moral que exuda el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad, ese doble concepto complementario que, aunque lo tomara del escritor francés Romain Rolland, todo quisque atribuye a Antonio Gramsci, que fue quien lo puso en circulación, porque quienes resultarán beneficiados de su censurable proceder serán él, en primer lugar, y, en un segundo peldaño o posición, un reducido grupo de representantes del partido que apoya a su Gobierno en el Parlamento, Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, y otros de JxCat, asimismo, fautores del Ejecutivo), con los condenados por los desmanes del procès (yo no creo que me haya extralimitado en mi crítica; quien sí lo ha hecho —cada quien ve la realidad, bajo su prisma personal e intransferible—; por lo menos, así veo yo las cosas y los casos, y mi obligación intelectual o deber ético es decir qué atisbo, no qué avistan los demás, es él, Sánchez, con su proceder). ¡Qué manía tienen algunos de intentar meternos a los otros, al resto, en nuestra mollera su forma de pensar! A mí me parece bien que ellos tengan su propia perspectiva sobre los asuntos que sean; solo les pido, en legítima reciprocidad, que me dejen tener a mí la mía. Yo, cuando elaboro y echo mano de mis argumentos o razones de peso, no lo hago para persuadir a nadie. Mi propósito, única y exclusivamente, es intentar explicar por qué pienso lo que pienso, opino lo que opino, y por qué lo aireo así, de un modo claro, cristalino, y no de otro más abstruso.

Durante muchos años, dos de mis hermanos han sido árbitros de fútbol. He acompañado a ambos a varios partidos. La desconsideración muy grave de un jugador hacia sus respectivas personas o hacia un contrario u oponente (incluso hubo, que yo recuerde, como caso extraordinario, por extraño, una de un jugador hacia otro de su mismo equipo) la castigaron como así se especificaba en el reglamento, que se sabían los dos al dedillo, con la sanción disciplinaria correspondiente y pertinente. ¿Qué pensarían mis hermanos si, acaecida la desconsideración muy grave, tras haber expulsado, justamente, a un jugador, o sea, tras haber cumplido su tarea a conciencia, se lo encontraran en el partido siguiente como jugador titular o suplente en la alineación presentada por el delegado del equipo de casa o de fuera, porque los comités los habían desautorizado?

Pues eso, mucho peor, agravado, es, mutatis mutandis, poco más o menos, lo que ha ocurrido con los condenados por las tropelías del procès (imagine el atento y desocupado lector, bien sea o se sienta ella, bien sea o se sienta él, de estos renglones torcidos, que, después de lanzarle uno o dos escupitajos en la cara de un contrario, el mismo jugador, fuera de sí, le da un puñetazo en el rostro, que lo hace caer al suelo y, a renglón seguido, estando allí, sobre el césped, le da un puntapié en los riñones y le pisa el pecho), a los que Sánchez y su Gobierno han indultado y ahora pretenden beneficiar, buscando su propio provecho, sin darse cuenta de que su proceder, por inconcuso agravio comparativo, perjudica al resto de los españoles (reos y libres).

Se dice, se oye, se rumorea por doquier, en ene cenáculos y equis mentideros, que el delito de sedición, recogido en el Código Penal, hay que ponerlo al día y armonizarlo, porque interesa. ¿Se airea, se dice o se rumorea lo propio de la ley del indulto que es, pásmese usted, del 18 de junio de 1870? ¿A que no? ¿Que por qué no? No interesa, Teresa.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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