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Manuel Jabois, estás equivocado

Ángel Sáez García 10 Ago 2023 - 14:00 CET
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MANUEL JABOIS, ESTÁS EQUIVOCADO

Dilecto Manuel Jabois:

Lamento tener que escribirlo, para que conste, de manera fehaciente (como si este texto fuera el acta que alguien se lleva a los ojos y/o a la boca y cata), porque te lo he revelado, al menos, en tres ocasiones anteriores, durante otros tantos días y sueños consecutivos, pero, tú, como si oyeras llover, sin hacerme caso (me he comido el adjetivo calificativo “puñetero”, que precedía en un principio a “caso”, más por su denotación cargante que por su detonación onanista). Te pareces, como lo hace una gota de agua de lluvia a otra gota de agua de lluvia, a otro Manuel, pero de apellido diferente, Bueno, que no tuvo nada de santo, nada, pero, por culpa de don Miguel de Unamuno y Jugo, que le antepuso el san, apocopado, al título de una de sus obras, ahí sigue, inamovible, sin ser convenientemente corregido, enmendado oportunamente.

Aunque hace la tira de años, lustros y aun siglos que no optaba por coger una pluma y un papel para escribir (he preferido la alternativa, infundir mis mensajes o verdades en algunos sueños que tenían quienes merecían recibirlos, casi siempre, mientras dormían), hoy me he visto obligado, impelido a hacerlo, y es que circula por doquier, a pesar de la reciente Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), multitudinaria, celebrada en Lisboa, una corriente de ateísmo que se me hace insoportable, debido al asco que me produce, a la grima que me da.

Sigo siendo el supremo bien, la suma realidad y verdad, el ente de infinitas perfecciones que los seres de la especie humana, que creé a mi imagen y semejanza (pero con evidentes taras; la principal, según ellos, es que los hice mortales y, por ende, meras pasiones inútiles), siguen concentrando o reduciendo a dos, que soy omnipotente (todo lo puedo, aunque opto por no intervenir en los numerosos desastres, de todo tipo, que acaecen en el mundo inmundo) y omnisciente (todo lo sé, incluso antes de que suceda, sí, pero, insisto, me decanto por no meterme en camisa de once varas, porque, cuando lo he hecho, siempre he salido vareado, vapuleado), aunque te llamen la atención las innúmeras contradicciones que la unión de ambas virtudes acarrea.

Aunque me siguen dando distintos nombres cuantas religiones y correligionarios creen en mí a pies juntillas, Jehová/Yahveh, Alá, Jesucristo, Brahma, Niord, Tláloc, etc., sigo siendo uno, único, el mismo creador del universo (o multiverso), el motor inmóvil (yo soy el primer eslabón de la cadena y la cadena misma, el primer escalón de la escalera y la escalera misma, el actor por el que la potencia deviene en acto, el movimiento del no ser al ser y, por tanto, no por tonto, el único que puedo resucitar), la causalidad eficiente (soy la causa que no es el efecto de ninguna tal), la necesidad de ser (no soy la contingencia o la posibilidad; no tengo la potencia de ser, sino que soy el acto, que no cesa en su creación, como el orbe de expandirse), el artífice del orden en el mundo, donde la entropía es lo normal en cualquier sistema,…

Así que, por favor, te ruego, con especial encarecimiento, que, cuanto apareció publicado en la contraportada (o página 48) de la edición de papel del prestigioso diario EL PAÍS del pasado domingo 6 de agosto de 2023, bajo el rótulo de “Lecciones metafísicas de un polo sin palo” y tú escribiste, pues esas líneas aparecen encabezadas por tu firma, procedas a corregirlas, sobre todo, las del inicio, que trenzaste a la ligera, sin pensarlas dos veces: “Recuerdo perfectamente el primer calippo de mi vida como recuerdo la primera vez que me confesé, y los pecados que me quedé conmigo engañando a Dios por primera vez” (¿engañándome?, ¿de veras, lo crees así?); o, en su defecto (tómatelo como una advertencia, no como una amenaza), procederé a enumerarlos, uno por uno, yo (habrá quien lo interprete como un milagro o un prodigio; habrá quien colija de ello una muestra de justicia poética, habrá quien…), sacándote los colores (en puridad, uno, el rojo, de los siete del arcoíris).

Te exhorta a que te pongas las pilas y culmines cuanto antes la labor pendiente

Dios.

Nota bene

Dilecto Manuel Jabois:

Confío, deseo y espero que, si no te has reído, al leer esto, tanto como yo, al escribirlo, al menos, te hayas sonreído; y que no te hayas enfadado conmigo por esta eutrapelia, donaire o jocosidad urbana e inofensiva, pues no había (ni nadie cabrá hallar) en mi intención un ápice o una pizca de molestar (ergo, aún menos de calumniar o injuriar).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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