#historiasdesolidaridad
QUIEN SE METE EN CAMISA DE ONCE VARAS
PUEDE ACABAR MONDO, ÍÑIGO, Y LIRONDO
Mi muy sarcástico Íñigo Domínguez, querido columnista de EL PAÍS:
Aunque usas el voseo en la columna dominical “Sobre mi historia con Beyoncé”, que firmas, en torno a tus prístinos escarceos con la artista estadounidense, permíteme que yo utilice aquí el tuteo. Me he visto impulsado y/o he optado por empuñar el BIC azul, mi fiel compañero de fatigas y pasión, la escritura, debido a dos motivos.
Uno, porque me ha llamado sobremanera la atención haber leído cómo terminas el primero de los párrafos de tu colaboración: “Les cuento todo esto por qué (sic, separado y con tilde, todo un hallazgo, una bella sutileza, sin duda, aunque contenga dos yerros mayúsculos; te entiendo, perfectamente, porque, a ver, ¿qué bombón o pibón, si te esmeras en indagar y rascar aquí, ahí y allí, no los tiene?) no sé qué hacer. ¿Ustedes qué harían?”.
Te confieso que, cada vez que cometo un desliz, una equivocación, en mis textos (me lo/a haya hecho saber un amigo o deudo, o me haya dado cuenta yo, sin necesidad de intermediario, del mismo, después de que este viera la luz, aunque tengo por costumbre leer hasta tres veces mis escritos antes de darlos por buenos, válidos, y, por ende, publicables), me suelo colocar unas orejas de burro durante una hora, para recordarme que soy humano, demasiado humano, y nada de lo humano me es ajeno (cuántas veces habré escrito en mi vida ese latinajo de las “Filípicas”, de Marco Tulio Cicerón, que dice así: “Cuiusvis hominis est errare: nullius nisi insipientis, perseverare in errore”, o sea, que errar es propio de cualquier hombre, pero solo del ignorante perseverar en el error), por la sencilla razón de que, como escribo a diario, tiendo a considerarme, por ser un avezado “juntaletras”, un semidiós. Admito que hoy mi primera intención ha sido prestártelas, para que sintieras el bochorno, que es beneficioso, o viene estupendamente, a quienes usamos la ironía en nuestras urdiduras o “urdiblandas”. Pero he reconsiderado dicha postura o propósito, ya que no conviene descartar que este menda vuelva a meter la pata hasta el corvejón en esta pieza literaria, y las eche en falta, por habértelas cedido temporalmente a ti. Confío, deseo y espero que eso no suceda, pero ya se sabe… el mejor escribano echa un borrón.
Y dos (sigue la guasa), porque, aunque reconozco que soy un amargado de cajón y, asimismo, aunque sea malsonante la locución adjetiva, de cojones, un listo de libro, que lo sabe todo de todo saber, no me callo ni debajo de las piedras (en el supuesto de que les den a los demás por lapidarme), porque eso acaso me lo llames tú, cuando acabes de leer todo lo que me dispongo a escribir y mandarte a tu correo personal.
Íñigo, puedes hacerte todas las ilusiones que te vengan en gana, pero, aunque no soy vidente, te adelanto qué vas a llamarte, si eres un tipo honesto, que yo barrunto que lo eres: iluso. Y, como puede que el argumento o razón que yo te iba a brindar, resulte, a la postre, peor que el que nos ofrece hoy, gratis et amore, tu colega Javier Cercas, en “La pasión por la ignorancia”, rótulo de su último palo de ciego en EL PAÍS SEMANAL, que cabe leer en la página 6 del número 2.521, correspondiente a ayer, domingo 19 de enero de 2025, se lo pido prestado al de Ibahernando (Cáceres): “ES ASÍ: SABEMOS, pero no queremos saber. Y no queremos saber porque ese saber nos incomoda, porque no nos gusta ni nos conviene, porque nos saca de nuestras casillas y nos impide o amenaza con impedirnos seguir confortablemente instalados en falsedades ventajosas. En 1957, el psicólogo Leon Festinger denominó ‘disonancia cognitiva’ a esa forma de ignorancia deliberada”.
Lamento (pero no siento una pena excesiva al) tener que abrirte los ojos con la información que acaso te resulte insoportable de leer y aceptar, que yo tengo las fotos reales de Beyoncé desnuda. Comprueba si, en las que obran en tu poder, apócrifas, seguramente, ella lleva tatuadas, bajo su seno derecho, la palabra BE y, bajo el izquierdo, la palabra ONCE (sin tilde). Hazme caso; si no hallas las voces susodichas en las fotos de los pechos que tú tienes de ella, en toples, son falsas. Te suministraré otro dato que no es baladí. Comprueba si, en el centro de su glúteo izquierdo, se lee la voz LO y, en el centro de su diestro, la voz VE. Su marido Shawn Corey Carter, más conocido por Jay-Z, le pidió que hiciera tal cosa para demostrarle, de manera fidedigna, su amor. Insisto; si los glúteos supuestos de ella no las tienen esas fotos son falaces, mendaces. Lo sé de buena tinta, porque escribí otrora a su esposo para que me sacara de dudas. Y le estoy eviternamente agradecido por el gesto (nada indigesto) que tuvo conmigo, una gesta, de contestarme.
Nota bene
Confío, deseo y espero que, como amor con amor se paga, hayas soltado más de una carcajada o risotada al leer este escrito, como yo hice lo propio al llevarme a los ojos el tuyo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home