LA GRABACIÓN DE BORGES ES DUDOSA
PARA ORELLANA BORJA ES UNA FILFA
En una reciente entrevista publicada en el semanario “El heraldo de Algaso” (ocupa las páginas centrales 28 y 29 del número 149), que la periodista Edgarda Gorosábel, “Meticona”, le hizo al escritor tudelano, pero residente, desde hace más de tres décadas, en Algaso, Ángel Sáez García, Otramotro, este reconocía que, in illo tempore, hace casi medio siglo, siendo cronista de la revistilla “Navarrete”, que se editaba en el seminario menor que los religiosos camilos regentaban otrora en la homónima villa riojana (instalaciones donde hoy se levanta el Hotel “San Camilo”), le hizo una interviú telefónica a Jorge Luis Borges. En la susodicha, la que firma Meticona, aclara que acaso sea pretencioso llamarla de esa guisa, porque la misma se limita a una sola pregunta y a la respuesta que dio el clásico escritor argentino, que él, el aprendiz de escritor, grabó en una cinta de casete:
“—Me presento; soy Ángel Sáez, estudiante de Octavo Curso de Educación General Básica, EGB; usted remata su obra “El hacedor” (1960), de manera inolvidable, con el breve relato que tanto le gusta rememorar a nuestro profesor de lengua y literatura, Jesús Arteaga Romero, este: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”. Mis compañeros y yo nos lo hemos aprendido de memoria, como las fetenes o genuinas reglas de ortografía de la RAE y las no canónicas, que se sacó de su fértil magín otro religioso camilo, nacido en el mismo pueblo navarro que Jesús, Ázqueta, Pedro María Piérola García. Entre nosotros no cesan las disputas en lo que atañe o concierne a qué quiso decir usted en el mismo. ¿Qué tesis pretendió sostener en esas pocas líneas? Me gustaría que fuera lo más clarificador posible en su contestación, que me dispongo a grabar en una cinta de casete, para que los veinte alumnos que somos en clase (más el profe, Jesús) la escuchemos con atención, y así cesen nuestras discrepancias sobre su posible exégesis, intención e intríngulis. Le doy las gracias de antemano.
“—Lo que quise dar a entender, acogiéndome al meollo del adagio 105 del “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647), de Baltasar Gracián, o sea, a que “lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”, son dos cosas sobre su interpretación, aunque no cabe descartar otras, siempre que estas estén firmemente asentadas o fundamentadas, claro. Primera; que nuestro cosmos incluye nuestro microcosmos, con el que guarda muchas similitudes, tantas que este puede verse como un epítome o resumen concentrado de aquel; y segunda; que la persona es lo que hace, no lo que dice que ha pensado hacer ni lo que afirma que está dispuesto a llevar a cabo, sino lo que realiza, que, a la postre, deviene en su mejor autorretrato”.
Nota bene
Tengo ante mis ojos el exhaustivo trabajo de investigación que acaba de dar a conocer sobre el caso en cuestión José Miguel Orellana Borja, catedrático de Literatura de la Universidad de Navarrioja. Bueno, pues, tras leerme las treinta y seis páginas de que consta su concienzudo quehacer, de cabo a rabo, con las veintisiete notas a pie de página, abundo con él en que esa interviú telefónica, que se ha sacado de la manga Ángel Sáez en la citada entrevista en “El heraldo de Algaso”, es una filfa, una patraña, como mucho de lo que escribe y publica en su bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, que resulta falso, apócrifo. A Orellana Borja le ha bastado con acudir a las revistillas que vieron la luz los tres años que Ángel Sáez estuvo estudiando en el colegio de Navarrete, los cursos 74-75, 75-76 y 76-77, para cerciorarse de que era un embeleco, al constatar, tras exhaustivo cotejo, que la susodicha no aparece en ninguna de las publicadas entonces.
Si hacemos caso a lo escrito varias veces por Otramotro, que los religiosos camilos que lo educaron no eran unos clérigos fanáticos, integristas, sino un elenco de curas razonables, es difícil y aun imposible pensar que esa interviú blanca, blanquísima, fuera censurada. Ni Orellana Borja ni yo podemos demostrar con datos fehacientes que esa llamada se hiciera ni que no se realizara. Ahora bien, lo que a los dos nos escama sobremanera es que, salvo en esa ocasión, nunca antes mencionara Ángel Sáez el asunto de marras. Y a él Borges siempre le entusiasmó, si tenemos en cuenta cuanto cabe leer en sus urdiduras o “urdiblandas”.
Emilio González, “Metomentodo”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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