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Si en Granada es posible aun lo imposible…

Ángel Sáez García 26 Ago 2026 - 14:00 CET
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SI EN GRANADA ES POSIBLE AUN LO IMPOSIBLE,

EN TOLEDO JAMÁS EL ARTE TE HARTA

Pretendo colocar cada tesela en su sitio, el lugar correspondiente, y que el mosaico sea coronado por el laurel, la impar señal de gloria. El atento lector hará su crítica y dirá si he logrado, o no, mi reto.

Dicen (eso oí varias veces la jornada de mucho y bueno, no de nada, que estuve allí, por primera y única vez, hasta el momento, y visité la ciudad, sobre todo, el imborrable complejo monumental de la Alhambra —lamento sobremanera los inquietantes sismos, aun siendo de baja intensidad, que han padecido recientemente las/os granadinas/os—) que “todo es posible en Granada”, hasta que lo imposible acaezca. Desconozco si el dicho es más deudor de lo admirable o sorprendente e inopinado, que podía acontecer entre sus murallas un año antes de la toma del reino nazarí por los Reyes Católicos, en 1492, o del título de una cinta, que lleva el homónimo rótulo de la película que filmó José Luis Sáenz de Heredia en 1954, con Francisco Rabal de protagonista, o la de Rafael Romero Marchent en 1982, su nueva versión o remake, con Manolo Escobar. Ignoro, insisto, si se debe a la belleza, que deslumbra por donde quiera que mires la ciudad, su paisaje, o su paisanaje. Puede que se deba al contraste de su clima omnímodo, que lo abarca todo, desde la nieve de Sierra Morena a la Playa de La Herradura, de Almuñécar, adonde fui invitado, tras ser galardonado con un accésit, premio poético impecune, pero no pude acudir, porque Eusebio, mi piadoso progenitor, agonizaba. No sé si tiene que ver más con los “Cuentos de la Alhambra”, de Washington Irving o el poema corto, brevísimo, de Francisco de Asís de Icaza y Beña, crítico, diplomático y poeta mexicano, que escribió, como homenaje a la ciudad donde se había criado su esposa, y recoge una placa: “Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada, / como la pena de ser / ciego (oso completar el descabalado verso octosílabo: en el edén) Granada”.

La Santa Iglesia Catedral Primada de Santa María, de estilo gótico, de Toledo, que empezó a erigirse en el año 1226 (se cumplen este año, por tanto, ocho siglos de dicho inicio), siendo rey Fernando III el Santo, se terminó de construir al año siguiente de la toma de Granada, 1493, por mediación de los Reyes Católicos, me permite decir de Toledo otro tanto de lo dicho en el párrafo precedente de Granada (complementando o completando, mutatis mutandis, lo que sentenció Plinio el Viejo, que no hay ciudad tan bella o libro tan clásico que no contenga entre sus páginas o edificios algo que la/lo afee, verbigracia, que cuatro días no son suficientes para sacarle todo el jugo que esconde en su interior la indeleble ciudad, capital de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha). La Ciudad Imperial sigue siendo de Las Tres Culturas y Religiones, cristiana, judía y musulmana, cohabitando o conviviendo en paz y enriqueciéndose mutuamente. El río Tajo, a sus pies, vela el galardón que la Unesco otorgó en 1986 al Casco Histórico, el conjunto urbano fortificado, de Toledo, Patrimonio de la Humanidad.

En la nota que redacté en el libro de visitas del monasterio de San Juan de los Reyes, que se concibió como lugar de enterramiento de los Reyes Católicos, pero lo están en la cripta de la Capilla Real de la catedral de Granada, antes de colocar mi firma, escribí, poco más o menos, esto: He de reconocer que eran muchas las expectativas que había agavillado, pero, en mi segundo día en Toledo, he constatado que al arte le sigue el arte y no hay hartazgo, no hallo empacho.

Seguramente, todos los que nos movemos dentro del lato ámbito artístico-literario, hemos escuchado aseverar alguna vez a algún cantamañanas que el arte o la literatura ha muerto. Lo cierto y verdad es que el público, único soberano en el patio de butacas, sillón de orejas o sofá, donde vea y/o lea, con inquietudes estético-estilísticas, sigue desconfiando de ese aserto, por no hallar en él ni pies ni cabeza, y continúa dispuesto a dedicarle una parte de su dinero a la cultura, o sea, a prestarle su atención.

Quienes tenemos ese presunto cadáver exquisito al alcance de las manos y no somos médicos forenses, que son los que le harán la preceptiva y oportuna necropsia (siempre me he preguntado lo mismo: ¿puede hacerse un finado a sí mismo una autopsia?), nos atrevemos a certificar, sin haber terminado la carrera de Medicina, que el difunto está muy vivo.

En el libro de notas de “La Posada de Manolo”, el establecimiento donde estuvimos hospedados mi amigo Luis y yo, del 17 al 21 de agosto de 2026, me dio por escribir, poco más o menos, esto:

No sé el porqué, desconozco la razón, pero, a quien le otorgaba la habilidad de la curiosidad, le solía conceder, por añadidura, otra, la ingenuidad. Quizá porque esa metodología la había probado inicialmente conmigo y, como me había servido o sido útil, pues no había hallado a la misma ninguna rendija por la que pudiera colarse de rondón la duda flaca, esa anécdota la había elevado a categoría.

Con el don de la amabilidad me acostumbra a suceder otro tanto que con la liberalidad.

El amable Manolo nos ha dado su permiso, avenencia o anuencia para extraerle el máximo partido o provecho a ese pedazo de terraza de su hostal, con una vista única, exclusiva, de la imponente catedral toledana, que es un bien del que pueden disponer y gozar quienes deciden hospedarse en dicha posada.

Como de bien nacido es mostrarse agradecido, ahí van, Manolo, Almudena y trabajadores, nuestras sinceras, sentidas y plurales ¡gracias!

   Nota bene

La jornada del miércoles 19 de agosto fue especial. Luis y yo acudimos al parque temático Puy du fou, a un cuarto de hora de Toledo en coche, y tuvimos la oportunidad de contemplar lo que hasta entonces jamás habíamos visto, una sucesión de espectáculos diferentes, originales, inolvidables (desde las dos mangueras acabadas en forma de boca de serpiente, que, ante el sol abrasador de aquella mañana, refrescaban a la gente que llenaba las dos tribunas, una enfrente de la otra, antes de comenzar la “Cetrería de Reyes”, con un ciento de aves rapaces en vuelos rasantes, hasta la explosión fingida de varios barriles de pólvora, que echaron abajo techos y paredes, al final de “El tambor de la libertad”), que fueron rematados por un gol por toda la escuadra, el nocturno (un anciano aguador, acompañado de su fiel jumento, forman el tándem necesario, la llave maestra que abre y cierra el espectáculo, ya que el primero, que se encarga de narrar la historia toledana, llena el vaso de cristal transparente del espectador con agua refrescante y memoriosa, porque tiene la virtud de hacer recordar al que la bebe los sucesos cruciales que vivió la Ciudad Imperial) “Sueño de Toledo”, sencillamente, genial. Te faltan ojos para ver todo lo que ocurre en el inmenso escenario.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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