Guadalajara, una de las sedes del Mundial 2026, vivió el pasado domingo horas de auténtico pánico después de una violenta ofensiva del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) desatada por la muerte de su temido líder, Nemesio “El Mencho” Oseguera, abatido durante un operativo militar. La furia criminal dejó a su paso vehículos calcinados, bloqueos en carreteras, comercios incendiados y 74 muertos, entre ellos 27 miembros de las fuerzas de seguridad.
Ante el miedo de que el caos pusiera en jaque la cita mundialista, la presidenta Claudia Sheinbaum salió al frente y aseguró que “no existe ningún riesgo” para los visitantes extranjeros. La mandataria prometió “todas las garantías” de seguridad para los cuatro partidos que acogerá la metrópoli tapatía en junio, incluyendo el esperado duelo entre Uruguay y España.
La brutal respuesta del CJNG, con acciones simultáneas en 20 de los 32 estados mexicanos, estremeció al país y encendió alarmas en la FIFA, que por ahora se mantiene en silencio. Sin embargo, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, negó con firmeza que Guadalajara pudiera perder su sede: “No hay absolutamente ningún riesgo”, afirmó.
Mientras tanto, Puerto Vallarta, destino turístico de norteamericanos y canadienses, también vivió momentos de incertidumbre. Pese a ello, el Gobierno asegura que los aeropuertos operan con normalidad y que las actividades económicas se reanudan progresivamente.
Con la muerte de El Mencho, uno de los narcos más buscados del planeta y por quien Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares de recompensa, se cierra un capítulo de terror, pero se abre otro lleno de interrogantes: ¿podrá México garantizar la fiesta del Mundial sin que la sombra del crimen organizado empañe la mayor cita del fútbol?

