Pocas veces en la historia reciente del periodismo español una única sola persona ha conseguido protagonizar tantas columnas de opinión en la prensa de papel como lo hace Aznar el 23 de mayo de 2013. El motivo, lógicamente, es la entrevista que le hicieron en Antena3 dos días antes. Las hay para todos los gustos: las dedicadas al halago y las centradas en criticarle. Incluso hay las que intentan nadar entre las dos aguas. Llama la atención, eso sí, la unanimidad interna en cada medio. Diera la impresión de que los articulistas han escrito siguiendo directrices de la dirección de sus diarios.
Pero arranquemos con una de las pocas columnas en las que el expresidente del Gobierno no es el protagonista, si bien sí se le nombra. Lo publica Ernest Folch en el autoproclamando ‘diario de la Cataluña real’ y se titula Franco no ha muerto. Dice el columnista de El Periódico:
Sin embargo, el franquismo más peligroso no es el que da nombre a ninguna calle sino el que subyace en los tics de la ‘ley’ Wert, en la unidad patria que reclama el resucitado Aznar, en las sentencias del mal llamado Tribunal Constitucional o en esas tertulias predemocráticas en las que se sigue combatiendo a aquellos rojos y separatistas de antaño. Eso sí, todo perfectamente legal, que es lo que se dice en España cuando se atropella la moral.
Arremete contra la Transición:
Ahora ya sabemos que aquel acuerdo no fue más que un timo, una maniobra para evitar la justicia y absolver a los responsables.
Concluye:
Flota en el ambiente una idea enfermiza según la cual el franquismo fue en realidad una dictablanda. Los que fueron encarcelados, torturados o perseguidos por sus ideas asisten perplejos a una segunda y terrible condena. Porque lo que en realidad quieren los descendientes de los ganadores de la guerra civil es volver a ganarla hasta el fin de los tiempos. Como dijo aquel, pero al revés: españoles, Franco no ha muerto.
A este humilde lector de columnas le da la impresión de que ha Folch le pasa lo que al niño de ‘El sexto sentido’, que en ocasiones veía muertos. Hay cosas que simplemente son insostenibles. Precisamente porque el franquismo no fue una ‘dictablanda’ es una barbaridad pretender que sigue vivo en el Constitucional o en las tertulias en las que se critica al nacionalismo catalán y a la izquierda –esa es la verdadera cuestión, que no se acepta que la crítica a esos sectores puede hacerse desde postura perfectamente democráticas–.
Seguimos ahora en Barcelona, pero cambiamos de diario para saltar al periódico del conde de Godó y Grande de España reconvertido en independentista. En La Vanguardia toca criticar a Aznar. Y a eso se pone Pilar Rahola en La amenaza fantasma. Sostiene que el ex presidente le ha enviado «una bomba de tiempo» a Rajoy para que le explote en la cara.
Se acelera así un lento proceso de asalto y derribo a la actual presidencia por parte del PP auténtico y verdadero, harto de un Rajoy demasiado dubitativo y conciliador. Y aunque los síntomas eran claros -la rebelión de los barones cuando Rajoy se plantea algún tipo de flexibilidad con Catalunya, o la oportuna cólera de Aguirre-, ha sido Aznar quien ha dado el pistoletazo. Ahora ya pueden dormir tranquilos los micrófonos del guerracivilismo, aquellos que noche tras noche quieren resolver los conflictos territoriales resucitando a don Pelayo.
Comenta la situación de Rajoy:
Al circo de Rajoy no le ha crecido un enano, sino un gigante, y ello, que por comparativa hace bueno a Rajoy, también lo hace más débil. Al final habrá que defenderlo, visto lo visto de lo que le viene y nos viene encima. En cualquier caso, la sombra de Aznar ya no es fantasmal sino presencial, y a partir de ahora marcará los ritmos y las agendas.
En el mismo diario, el crítico televisivo Víctor Amela comenta lo que fue la entrevista en sí. Lo hace en Ha vuelto el hombre.
Así se presentó Aznar a la entrevista de Antena 3: ¡vuelve el hombre! Goloso caramelo para un periodista, recibir en el plató a un Aznar con ganas de entregarse a la patria. Supieron aprovecharlo los colegas Lomana (insistente), Prego (penetrante) y Marhuenda (complaciente: «hay una obsesión de ataque personal contra usted…»), y Antena 3 rentabilizarlo, bien medida la duración (media horita) y escenografía.
Añade:
Aznar ha vuelto para acojonar a Rajoy y dejarse querer por España, paladín de la honradez, recentralizador del Estado y abogado de las clases medias: «¡hace falta bajar los impuestos!» Momento idóneo para decirlo (estoy a punto de liquidar con Hacienda, ¡ay!).
Concluye:
Este Aznar me recordó al más vehemente Antonio Alcántara, el personaje que Imanol Arias encarna en Cuéntame, pura clase media española. ¿La boda de su hija, los sobresueldos, Bárcenas, el fraude fiscal?: ¡mentiras! Del Grupo Prisa, que negocia con Berlusconi y que hace aguas soltó… Aznar, «votante del PP», ha vuelto con la espada empuñada y empuñado su cuento: cuéntame…
Tomamos el puente aéreo y aterrizamos en Madrid. Por fin se devela el gran misterio de tenía en ascuas a este humilde lector de columnas desde hace una semana. Ha llegado el primer jueves de la era post Maruja Torres y por fin vemos quién es su sustituto en El País. Se trata de Jorge Martínez Reverte. El nuevo articulista de la contraportada del diario de PRISA escribe, por supuesto, sobre Aznar. Pero lo hace desde un ángulo distinto, tocando una cuestión de rabiosa actualidad… hace una década. Sí, estimado lector. Va por donde seguramente se piensa usted, el texto se titula Aznar e Irak. Saca a colación el Trío de las Azores –aunque reconoce que como los Tres Mosqueteros, no estaba formado por tres si no por cuatro– y los argumentos habituales.
Este tipo, José María Aznar, tuvo que admitir algunos años después de tomada la bestial decisión de invadir Irak que se había equivocado, que allí no había armas de destrucción masiva. Pero, que yo recuerde, no pidió perdón a los iraquíes víctimas del conflicto, ni a los españoles, que tuvimos que asumir la condición de agresores.
Concluye:
Ahora, Aznar se ha convertido en poco más que un presidente de comunidad de vecinos de esos que se hacen tarjetas de visita con el cargo. Pero no ha perdido el énfasis, la solemnidad con la que emite juicios que siempre toman el aire de amenazas. Siempre hay un imbécil en las comunidades de vecinos que comenta sobre el más bruto de los que quieren ocupar la presidencia: «Este los tiene bien puestos», como si fuera algo positivo esa actitud en el candidato.
¿Es posible que este país contenga tanta gente insensata como para volver a votar a un tipo así?
Quién sabe, igual en su próxima columna Martínez Reverte nos habla sobre la Guerra de Cuba o, tal vez, algún debate parlamentario en las Cortes de Cádiz.
Pasamos ahora a ABC. El diario madrileño ha optado por la crítica a Aznar, lo que significa salir en defensa de Rajoy. Especialmente llamativa es la columna de Ramón Pérez-Maura. Imitando al que fuera hace muchos años su jefe, Luis María Anson, se lanza al género de la carta abierta. Y como el antaño director de periódico, escribe una misiva en la que tutea al destinatario y en la que usa un tono engolado y mostrando ciertos aires de superioridad. Se titula Querido presidente Aznar: (incluye los dos puntos).
Hay dos políticos extranjeros por los que has demostrado especial debilidad: Margaret Thatcher y Álvaro Uribe. A la baronesa Thatcher otorgaste el Premio FAES de la Libertad en 2010, la segunda edición de ese galardón que había sido otorgado anteriormente a S.M. el Rey. A Álvaro Uribe has demostrado un constante apego en sus ocho años de gobierno y en los tres de post Presidencia que lleva. Y ambos tienen una característica común que en esta hora me parece especialmente importante considerar: hicieron la vida imposible a sus sucesores de su mismo partido.
Tras demostrarnos que conce la trayectoria de la británica y del colombiano, concluye:
Yo me pregunto, querido presidente, si quieres que tu papel como «ex» sea el que ayer se te otorgaba en tantos medios: el de ser la alternativa a Mariano Rajoy. Si guardas tus intervenciones en los medios para ir a la contra de lo que este Gobierno está haciendo. Uribe y Thatcher tenían una legitimidad para hacerlo: ellos fueron retirados a la fuerza. Tú hiciste lo que casi nadie antes. Te fuiste cuando quisiste. Y designaste sucesor. ¿De verdad crees, presidente, que así ayudas a España?
En el mismo periódico, Mayte Alcaraz escribe Cuando Aznar era sólo Jose (así, sin tilde, para que ese nombre se pronuncie como una palabra llana, al más puro estilo madrileño). Cuenta, usando sólo los nombres de pila, la llegada a Madrid de Aznar y su trayectoria hasta que decide quien le sucederá al frente el PP. De la época en el poder, dice:
Mariano está siempre a su lado. Tanto, que el presidente no duda en embadurnarlo de «chapapote» en 2002; ni en mandarlo a Educación para apagar el fuego de la reforma de la enseñanza de Esperanza ni en sacrificarlo en Interior para cubrir la espantada de Jaime cuando probó suerte -escasa suerte- contra Ibarretxe. Siempre Mariano.
Mientras él viaja Atlántico adelante y forja una alianza con Estados Unidos muy fecunda para España, Mariano cuida el huerto. Es entonces cuando Rodrigo se cansa de decir que Irak acabará con Jose. Pero Mariano cumple órdenes y calla.
Y llega a la etapa en que Rajoy es presidente del Gobierno:
Tras la masacre terrorista en Atocha y dos intentos fallidos triscados por antiguos aliados de Aznar, Mariano se puso al timón de un 9 por ciento de déficit, cinco millones de parados, un país en descomposición institucional y moral y la herencia envenenada de Génova La Nuit. Tan pronto como la nave nodriza europea comenzó a bombear combustible, tras una singladura de año y medio de sequía, Aznar le pide al capitán, siempre Mariano, que siga sus consejos de nuevo Mesías. O que salte por la borda. Y se lo pide a aquel que no osó levantar la voz cuando España, en uso de la libertad legítima que asistía a su presidente, jugó a la guerra contra la opinión de Dios.
En El Mundo toca elogios a Aznar, todos los columnistas se ponen a la labor (menos un Gala que siempre va por libre). Se lea a quien se lea, todo son loas al ex frente al registrador de la propiedad que creíamos mentido a gobernante.
A modo de ejemplo, veamos dos de los párrafos que le dedica Victoria Prego en sun artículo en el que cuenta la trastienda de la entrevista y en el que pretende mostrar su rostro humano. Se titula El Aznar que yo vi.
Aznar había recuperado la cordialidad, su particular cordialidad, no especialmente expansiva, es cierto, pero una cordialidad muy fácilmente detectable por aquellos a quienes él distingue con su afecto. Y, ahora sí, se veía que estaba claramente esponjado. Consciente de que acababa de provocar un terremoto, pero conforme con haber cumplido con su objetivo.
Por lo menos con el primero de ellos: dar un campanazo de calibre catedralicio en la sociedad española, en las filas de su partido y también en las del Gobierno. ¿Para qué? ¿Para abrir el debate, para azuzar a la acción, para provocar una crisis interna, para advertir que hay otros modos de hacer política, para recordar que él sigue ahí y que puede que llegue a estar disponible? Puede que para todas esas cosas, pero es más probable que, de momento, lo que busque sea la primera y la segunda opción: abrir el debate y azuzar a la acción. Luego, ya veremos. Lo del debate lo dejó garantizado, no hay duda. Lo de la acción es más dudoso porque el Gobierno no se va a dejar guiar desde lejos; eso ya se vio ayer en los primeros comentarios de los ministros. Pero es muy probable que en el país se cree al final un estado de opinión en la dirección que Aznar apunta y que acabe por empujar al Gobierno.



