Estamos tan perfectamente condicionados para reaccionar de forma refleja ante determinadas cuestiones que obsesionan a nuestras élites que hasta las frases que, en un momento de calma, reconoceríamos como perogrulladas y obviedades nos suenan, de entrada, escandalosas -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.
Es evidente que El País pretende que nos llevemos las manos a la cabeza con estupor al leer estas declaraciones de Ana Mato que usa como titular: “La falta de varón no es un problema médico”. La pregunta obvia es: ¿se supone que sí, que es un problema médico? Mato, en un timidísimo anuncio, ha limitado el pago con dinero público de (carísimos) tratamientos de fertilidad, según toda la prensa (pero toda), a cualquier mujer salvo lesbianas y solteras. Por supuesto, sonaría más racional y menos ideologizado decir, simplemente, que se pagará el tratamiento de fertilidad a las mujeres con problemas de fertilidad. Fácil, ¿no?
Las lesbianas no se someten a estos tratamientos por ser infértiles, sino para evitar el, digamos, procedimiento habitual, mientras que las mujeres solas lo hacen porque no quieren o no pueden conocer varón, por así decir. No es, en cualquier caso, un problema médico ni de lejos. Sí, por eso se evita cuidadosamente. Es más fácil decir que el Gobierno “prohíbe” a solteras y lesbianas tener hijos. “Díganos a la cara que somos ciudadanas de segunda”, titula Público con las declaraciones de una lesbiana. En cuyo caso yo también soy ciudadano de segunda. O que sucedan cosas como esta noticia que acompaña en El País a la ya citada: “Escrache feminista contra los recortes en reproducción asistida”.
En la versión digital veo un vídeo con el acto y leo en una pancarta: “Maternidad elegida. Yo elijo dónde, cómo y cuándo”, a lo que sólo puedo responder: ¡Naturalmente, hasta ahí podían llegar las bromas! Pero, mi querida pancartista, ¿no te parece igualmente justo que yo decida dónde, cómo y cuándo gasto mi dinero? Y, ya que algo tan obvio no me está permitido, ¿cómo se compagina ese grito de independencia con la dependencia que exiges de los dineros públicos? Insistes mucho –en este asunto y en otros– en que es tu cuerpo. Bien, eso debería significar que lo pagas tú, ¿no? A estos absurdos lleva la lógica del Estado niñera. A esto, y a favorecer mucho más a los grupos profesionales de un sector que a los supuestos beneficiados por el servicio.
Pienso en esto al leer en El País: “Protesta ante el director del CSIC por los recortes de fondos”. A menudo he leído como prueba incontrovertible de una política concreta que los docentes están en contra, si es educativa, o que el personal sanitario la critica, si se trata de sanidad. Y admito que, de primeras, mi reacción es cuestionarme si esas críticas son reales y tan universales como se pretende, y ese es mi error. Porque la Educación no existe para los docentes, sino para los alumnos, y la razón de ser de la Sanidad no es complacer a médicos y enfermeros, sino a los enfermos.
Hagan un experimento: cambien ligeramente la frase de modo que diga “la reforma financiera no satisface a los bancos”. ¿A que lo que les sale es un “que se fastidien”? ¿Por qué nos parece instintivamente que médicos y maestros sólo van a moverse por el interés de sus beneficiados mientras que banqueros y empresarios maquinarán exclusivamente empujados por la avaricia? En realidad, es irracional. Los médicos y los profesores tienen sus legítimos intereses y hasta hay banqueros decentes.


