“…El alma de Andalucía de pronto se levantó. Y mandó parar la juerga con acuse de recibo, cá mochuelo pá su olivo que aquí se acabó el carbón”
Así cantaba Carlos Cano en sus “Sevillanas de Chamberí” Y hoy, un 19 de junio lo canta toda Andalucía y se abre la puerta a que dentro de unos meses lo cante toda España. ¡Gracias Andalucía! Se necesita una buena carga de inteligencia y valor para despojarse de 40 años de una dictadura socialista, para sacudirse el polvo del subsidio y con él la pobreza acumulados durante cuatro décadas de la mayor y más perversa corrupción que registran los anales de cualquier democracia de cualquier país: “si nos das tu voto tendrás para malvivir, si no nos lo das, serás apartado. estigmatizado, maldecido, excomulgado” El feudalismo más perverso en forma de subsidio pobre y humillante. Nosotros los andaluces – yo soy andaluz – acabamos de dar una lección de valor y de inteligencia. Hemos tenido que esperar muchos años para que las condiciones se dieran, para que nuestra decisión de acabar con el cortijo que se habían montado los nuevos señoritos andaluces no afectara a nuestras familias. Hemos tenido paciencia mientras forjábamos nuestra decisión y templábamos nuestras carencias, nuestras penas, nuestras rabias contenidas. Forjábamos nuestra decisión, templábamos nuestras penurias escondiéndolo todo bajo esa alegría característica del andaluz que espera el momento. Ese momento llegó un día del mes de junio de 2022. Y ese día el alma, la verdadera alma de Andalucía, reventó los pechos para cantar en verdiblanco y mandar a los mochuelos de la corrupción, del señoritismo socialista, de Andalucía como cortijo en explotación por los Chaves, Griñan, Díaz y sus esbirros, mandar a cada uno a su olivo podrido y maloliente donde restañar sus heridas purulentas y fétidas de 40 años de la más asquerosa corrupción que político alguno pudo imaginarse. Y Andalucía ha dado ejemplo de cómo se puede salir de las garras de los falsos profetas, de los hipócritas salvadores de patrias, de los manipuladores de manual sin escrúpulos, de los terratenientes de la política más carroñera que inventaron los políticos. Y ese ejemplo va dirigido a España, porque si tras 40 años de la peor dictadura que existe, la de partido, un pueblo ha sido capaz de elegir libertad en vez de sumisión; bien puede España escapar de las garras de este gobierno rapaz, fraudulento que, como sanguijuela de albercas y charcos, nos chupa los tuétanos para hacer de España un país en el que el pueblo es cada día más pobre mientras su gobierno es cada día más rico.
¡Adiós! a los que hace cuarenta años se apoderaron de Andalucía y quitaron a los andaluces su dignidad con el humillante subsidio mientras ellos se convertían en los nuevos señoritos de latifundio administrativo, en los nuevos garrochistas y colonos que habían cambiado del caballo enjaezado de lujo al “peazo” de coche de gran cilindrada, las estancias en los cortijazos enjalbegados por las doradas habitaciones, pasillos y salones del palacio de San Telmo y los burdeles putiféricos de extrarradio por los puticlubs de putas y putos de diseño envueltos en los chillones colores de la luz de neón, aderezados con mariscadas de vómito regadas con manzanilla y “rebujitos”. ¡Adiós! a las sevillanas de Chamberí para regocijo de banqueros, diputaos, magistrados y los nuevos señoritos de postín.
Al 28 de febrero se le debería unir el 19 de junio como los días en los que Andalucía dio un paso adelante en su camino hacia la libertad de los andaluces. Y pidamos que no suceda como dicen las sevillanas de Carlos Cano: “Y cuando más clarito ya lo tenía / Otra vez la peineta pá Andalucía” Que, sin renunciar a las costumbres, no sea la peineta el símbolo de esta nueva Andalucía, sino que el símbolo sea el progreso humano y material vivido con toda la libertad con que deben vivir los hombres: sin sumisión ni humillación.
MAROGA
