Victor Entrialgo de Castro

Las Fuerzas del Cambio

Las Fuerzas del Cambio
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

La unidad de las fuerzas del cambio, que Sanchez invoca sin cesar, ni son fuerzas, ni son cambio, ni están unidas. El propio Sanchez, su comité federal, podemos y «posemos», mareas, somos y somas, colaos, izquierda unida, izquierda abierta, izquierda per Cataluña, compromís, esquerra republicana, bildu y demás separatistas. No caben más bandos, ni corrientes ni divisiones. Es difícil imaginar el gobierno que saldría de semejante macedonia. Alejandro desde luego no.

Salvo quitar a Rajoy para ponerse ellos, ningún portavoz de esta archicofradía ha precisado en que consistiria el famoso cambio, ni en qué estribaría su «progresismo», si hacia delante o hacia detrás, y sólo coinciden en su afán de seguir viviendo de la política, que en España se ha convertido en tarea poco prestigiosa, nada honorífica, de dudosa honorabilidad, pero muy rentable.

Quien dijo «qué parte del no es la que no entienden», dice ahora que Rajoy no le llama, que es la desfachatez más grande desde que Vestringe dejara Alianza Popular para «asesorar» al régimen bolivariano y ahora al gobierno que emergiese de este aréopago de la izquierda lleno de lotófagos, cuando sus fuerzas tirasen de la cuerda como en las fiestas de los pueblos. Con Cataluña en secesión, lo que hace esta gente está muy cerca de la traición.

En este tiempo en que los líderes de este aburrimiento descansan para no hastiar, no sé qué cansa más. Si el de las gafas de colores, el acomodo afeminado de la cola de caballo, las tonterías infantiles y arrabaleras de Garzón o la octava maravilla de Macedonia, el niño parlamentario, la cara amable y educada de Podemos, al que la alianza con izquierda unida pretende relegar pues el bravucón de Garzón, lo dará el apellido, va a aparcar su taxi en la boca del lobo porque ha dicho, de perdidos, a la barriga de Podemos.

Y los del concilio, empezando por el Presidente del Congreso, repiten el estribillo demagogo de que el pueblo ha hablado y no se le escucha, por no pactar, cuando el pueblo votó para ganar, no para darle a España un gobierno determinado. Y debió intuir al menos que, votando lo que votaba, no habría posibilidad de acuerdo.

Ese mismo pueblo también tiene responsabilidad y habrá de ver que esto que votó legítimamente hastiado no es, ya se vé, solución a los defectos de nuestro bipartidismo.La casta y basta politica en general quiere estar para vivir y trincar. Pero el pueblo también basto y no muy casto, no le llega mucho más allá. En España, los italianos tienen razón, faltan formas, y las pocas que tenemos, Podemos las quiere quitar. Esto es lo único que el gobierno de esta archicofradía mal avenida podría cambiar o más bien eliminar: las formas. En España manca finezza. ¿Quieren que falte más?

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