Víctor Entrialgo de Castro

Símbolos

Símbolos
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Hay quien para denostar la Monarquía dice que todo en ello es símbolo. Como si los símbolos no fueran importantes. Son los mismos que luego matan por la roja. Precisamente lo que España necesita son símbolos y dignatarios capaces de encarnarlos.

Esa gente que reniega de los símbolos no ha oído, tras un atentado, cantar la Marsellesa en Paris, ni el cambio de guardia en Buckingham Palace, ni las flores y los colores de la bandera holandesa adornando los balcones de todo el pais, por el Rey o por el triunfo de su selección.

No han visto al pueblo británico celebrar el noventa cumpleaños de su Reina y lo que eso supone de estabilidad. Critican el té de las cinco, los toros de las seis, los turistas de Mallorca y de las siete islas Canarias. No han escuchado Pompa y circunstancias, de Elgar, más que en anuncios.

Estos callenoclastas y asaltacapilllas quieren eliminar los símbolos, las tradiciones y los ritos de paso. Aqui, cada dos por tres, aparece alguien que no quiere mejorar lo que hay sino romperlo todo, para asi poder construirlo de nuevo a su imagen y semejanza.

Es la reforma «protestante», de institucionalización de la protesta, no para suprimir imágenes sino para destruirlo todo y sustituirlo por nada, por un pensamiento inane, soluciones políticas inexistentes o susceptibles de causar un retroceso proporcional al progreso del que hablan. Se trata de aprovechar la crisis, la desgracia de otros, el desconcierto, para arañar votos y pasar así del vagabundeo asambleario a vivir de la política.

Desconocen la historia. Algún tontorolo como Tardá, ha gritado en el senado por la ruptura. Nada más español. La cosa es romper la paz. La concordia. Lo que sea. Aunque sea para justificar un sitio, tirar un tabique, sacar otro despacho y tratar de alargar el castigo al bipartidismo esencial.

Como pueblo, en ocasiones, dejamos mucho que desear. Un pueblo semisalvaje incapaz de pactar y organizarse, dividido en cientos que quieren mandar, donde nadie impera, unos cuanto tienen «potestas» y muy pocos, «autoritas» O sea un aire a Libia, aunque pasada eso sí, por la Transición y por Europa.

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