Cayetano González

Un fracaso sin paliativos de los líderes de los principales partidos

Un fracaso sin paliativos de los líderes de los principales partidos
Cayetano González. PD

Si este martes, cuando el Rey Felipe VI finalice su tercera ronda de consultas con los líderes políticos, se confirma que ningún candidato reúne los apoyos necesarios para ser investido Presidente del Gobierno, y por tanto hay que ir a unas nuevas elecciones el domingo 26 de junio, estaremos ante un fracaso sin paliativos de los líderes de los principales partidos.

Un fracaso motivado por la incapacidad de esos líderes para ponerse de acuerdo durante los tres meses largos que han tenido desde el pasado 20 de diciembre.

Habrá gente que considere que votar nunca puede ser considerado como un fracaso, como algo negativo. Y quienes piensen así, tendrán razón. Pero la cuestión no es esa, sino la incapacidad que han demostrado Rajoy, Sánchez, Iglesias o Rivera para interpretar lo que los ciudadanos expresaron en las urnas el pasado 20-D.

Es verdad que las culpas, para ser justos, no se deben repartir por igual. En mi opinión, los líderes del PP y de Podemos son más responsables del bloqueo que ha existido en estos meses que los líderes del PSOE y de Ciudadanos, que al menos fueron capaces de alcanzar un acuerdo con más de 200 medidas de gobierno, aunque la suma de sus 130 diputados no fuera suficiente para investir a Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno.

Ahora puede darse el caso, algo que según las encuestas es bastante probable, que tras las ya casi muy probables nuevas elecciones del 26 de junio, los resultados que arrojen las urnas sean muy parecidos a los de ahora. Y en ese supuesto, ¿qué sucederá? ¿Volverán los líderes políticos a no ser capaces de acordar y pactar para que en España haya un Gobierno? Y si lo logran dentro de dos meses, ¿por qué no han sido capaces de alcanzarlo ahora y evitar unas nuevas elecciones, con el gasto que ello supone y el cansancio, aburrimiento y hastío de otra campaña electoral?

No deberían extrañarse esos líderes políticos, que una parte importante de los ciudadanos opte por quedarse en casa el domingo 26 de junio y que como consecuencia de ello, la abstención alcance cotas muy elevadas.

Si eso sucede, habrá que concluir que se lo han ganado a pulso, porque la ciudadanía ya dijo lo que quiso el 20 de diciembre y no tiene por qué estar cada seis meses volviendo a votar. Es como si a un estudiante que aprobara en la convocatoria ordinaria se le hiciera repetir el examen de nuevo, porque el profesor o el tribunal correspondiente no hubiera hecho su trabajo a tiempo. En cualquier caso, los ciudadanos que decidan volver a votar tendrán la posibilidad de valorar en el momento de depositar la papeleta quien ha hecho más y quien ha hecho menos por evitar esta situación que, reitero, es si constituye un fracaso.

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