Jaime González

La comidilla pública de Rajoy y Puigdemont

La comidilla pública de Rajoy y Puigdemont
Jaime González. PD

Pues eso, que el 17 de enero Mariano Rajoy y Carles Puigdemont almorzaron discretamente. Error.

En España no se puede comer en secreto, porque ya lo dice el refranero: a quien a soplos enfría la comida, todos le miran. Rajoy y Puigdemont quisieron enfriar públicamente el encuentro y hoy es la comidilla pública.

Se comenta que el «speaker» del Barça desvelará el menú el próximo miércoles en el Camp Nou, cuando los de Luis Enrique reciban al Sporting. Lo que por ahora sabemos es que la reunión fue cordial, pero que «no se desbloqueó el conflicto». Natural, porque si se hubiera desbloqueado el «conflicto», el almuerzo no habría sido secreto y los comensales no hubieran pactado enfriar la comida.

Es imposible ser discreto comiendo, por eso los ingleses inventaron la sobremesa. Lo curioso del asunto es que nos vamos a dar un atracón a cuenta de la comida secreta de Rajoy y Puigdemont.

Como el carácter furtivo de la misma se presta a la especulación, muy pronto nos recrearán el encuentro con todo lujo de detalles. Prepárense: que si Puigdemont entró en un coche con los cristales tintados; que si Rajoy le esperó en el salón cubierto el rostro con unas gafas de sol; que si al servicio de seguridad de Moncloa les vendaron los ojos…

Como nos pone mucho más la anécdota que la categoría, los detalles de ese almuerzo secreto servirán para alimentar nuestro morbo, pero seguiremos sin prestarle demasiada atención a lo importante: somos más proclives a lo accesorio -una comida que no nos quisieron contar- que a la trascendente gravedad del desafío independentista catalán.

La culpa, en todo caso, no es nuestra, sino de los cocinillas que especulan en público y revelan que existen «contactos secretos a todos los niveles entre el Gobierno y la Generalitat».

Eso, del lado constitucional, porque los del otro lado ya son para darles de comer aparte. Ni confirman ni desmienten, pero el 11 de enero Mariano Rajoy y Carles Puigdemont almorzaron en secreto. Cordialmente, eso sí; pero sin acercar posturas.

Me pregunto qué necesidad había de ocultar una comida que no hace otra cosa que engordar a quienes -entre el plato y las tajadas- se están poniendo ciegos.

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