La nueva izquierda está provocando una situación preocupante en España: lejos de conciliar e integrarse en un estado democrático y de derecho, en el que cabe todo parecer e ideología que esté abierta al diálogo y la pluralidad, no ceja en el empeño de retrotraer un pasado en el que la izquierda civilizada tuvo tanto que ver en la reconstrucción socio política de un país integrado en una Europa moderna y de buena voluntad.
El estado de tensión política ha saltado del Parlamento a una sociedad que asiste confundida a discursos y discusiones, a planteamientos políticos a la deriva, preocupantes por lo difuso, sin base programática conocida y de difícil comprensión para una mentalidad ciudadana aun con la máxima capacidad imaginativa.
Esta falta y sinsentido de fundamentos y propuestas claras, visiblemente orientadas hacia un decadente y anacrónico régimen antisistema ruinoso, frente a un sistema de gobierno constitucional de libertades, igualdad, consenso y progreso social, son una realidad triste y cotidiana en su discurso parlamentario.
Que este gobierno no es el mejor de los deseados ni la solución a todos los problemas que nos aquejan, cierto. Nunca lo va a ser, ni éste ni los venideros, porque esto, al igual que la perfección, son voluntades asintóticas que sólo se cumplen en el infinito. Lo que no se puede negar es que este gobierno, como los anteriores hasta la fecha, es constitucional y constitucionalista, dispuesto a ir a los tribunales si fuere menester, aun siendo víctima de desigualdad en ese sentido.
Así las cosas, Sr. Iglesias, adláteres, colaterales y coleguillas, Uds. son una isla contaminada de odio y resentimiento en la llanura líquida, como diría Homero, de la democracia; y, paradójicamente, retoman una y otra vez lo más abyecto y degradante de la Historia como fuente bibliográfica de un discurso incendiario en una revulsiva, ininteligible, vacua e inexistente propuesta de alternativa como candidato de gobierno.
Repetirse en lo que es un imperativo categórico, nunca es un exceso; por tanto, se lo repito: decía Tácito que la Historia debe contemplarse sin ira ni parcialidad. Y eso es justamente lo que no hacen Uds., sin lo cual carecerían del mínimo soporte racional como argumento de sus propuestas socio políticas.
Resulta cuando menos curioso que alguien que piensa así, y al que se le ha permitido desde la democracia y el estado de derecho sentarse en un escaño mancillado ahora por su dudosa honorabilidad política (lo que, dicho sea de paso, no se le hubiera permitido en ningún otro parlamento del mundo civilizado), tenga el oportunista descaro de subir a la tribuna de oradores para ofender la realidad democrática actual sin el más mínimo decoro y decencia, expulsando por su boca [¿boca?] incontinente la sarta de barbaridades que Ud. ha depuesto, pero en el sentido más escatológico de la palabra.
De su fuego a discreción no se ha salvado nadie, ni personas ni instituciones, y hasta algunos de sus colaboradores se han sentido alcanzados, a la vista de lo que dejaban traslucir sus semblantes de perplejidad afectados entre el rechazo y la aceptación forzada por el miedo que Ud. les infunde. Pero, ¿Ud. no tiene dignidad?, ¿no tiene a alguien, no sé…, un amigo, un familiar…, una tía, una amantísima abuela que le diga la deplorable imagen que transmite?, ¿no siente la mínima vergüenza propia?; porque la inmensa mayoría de los españoles hemos sentido vergüenza ajena por Ud., por el ridículo que ha hecho, evidentemente por su falta de autocrítica. Más que un macho alfa lo que parece Ud. es en realidad un cabestro, por lo derrotado que se le ve… Su memoria histórica sólo sirve para poner sobre la mesa una y mil veces odio y revanchismo, y no para que no vuelva a repetirse precisamente, sino para todo lo contrario.
¿Saben Uds. una cosa? Debemos agradecer a la Historia, y a sus padres, que toda la caterva de políticos como Uds. no hayan estado en este mundo durante el franquismo, porque de ser así hubiera habido franquismo para rato. Sr. Iglesias, Ud. está «maduro» (para fracasar), nos entendemos, ¿verdad? Y viendo los maestros que le han madurado, de los que han aprendido todos Uds., se hace realidad el consabido refrán a remedar, de que más vale lo Pútrido conocido que lo Maduro por conocer.
Le voy a decir a Ud. algo que no sabe: la cólera sin fuerza evidencia la debilidad. Y Ud. tiene toda la cólera del mundo, y más. Lo que no tiene es fuerza, la fuerza que da el respeto y el recto proceder, la sensatez, la grandeza y amplitud de miras…; Ud. es un candidato estéril en propuestas y capacidades al que no le gustan en absoluto las urnas, prefiriendo las declaraciones veladas de guerra, y puede poseer un intelecto idóneo para azotar hasta sangrar a quien se lo permita, pero su mente obtusa le pasará factura más pronto que tarde. Tiempo al tiempo…
Y lo peor de todo es que la prognosis no resulta nada esperanzadora. Lo que Uds. proponen es demasiado cruel, pero no por ello incierto. Resulta muy duro decir esto, pero de gobernar Uds. el estado anímico de nuestra sociedad sería similar al de una sociedad de postguerra.
Es decir, como si en España no hubiera autoridad, ni las instituciones estuvieran claramente definidas y restituidas, como ocurrió en Europa tras la II GM; en lugar de restañar heridas, reinstaurar el orden y reconstituir las instituciones, nos encontraríamos dando rienda suelta a los más abyectos sentimientos de odio y resentimiento de forma tan cruel y pavorosa como ocurrió en Europa durante muchos años tras el fin del enfrentamiento bélico.
Ha lanzado su guante, y se lo han recogido… Que Dios ayude a quien recoja semejante guante manchado de ignominia. Mucho han de cambiar Uds. para que tal posible alianza no arrastre al abismo al PSOE que tanto se ha debatido desde hace más de un siglo por conseguir una España democrática y constitucional.
Señor Iglesias, ¿me permite Ud. una sugerencia? Haga un esfuerzo por integrarse en una sociedad que le valorará más con un carácter nada apocalíptico. Le recomiendo que escuche, cómo no, a un barroco, Rameau: la Danza de la Gran Pipa de la Paz…
¿Verdad que es una belleza? Así le verán a Ud. si cambia el hacha de guerra por el diálogo, la concordia y la piedad. Le hará más fuerte para luchar contra las injusticias. Créame.
Javier De Lucas
