Galicia jamás había afrontado unas elecciones en un clima de depresión como éste, que le habría arrancado al maestro Steinbeck una versión galaica de las Uvas de la Ira.
A PACHI VÁZQUEZ, el clavo ardiendo al que ha tenido que aferrarse del PSdG-PSOE, le quedan sólo tres zonas de avituallamiento que lo tienen al borde de un ataque de nervios: La Diputación de Lugo, obligada a repartir los residuos de la tarta entre socialistas y nacionalistas; el Ayuntamiento de Vigo, donde Abel Caballero invierte cualquier euro que le sobra en flores y aceras; y la lejana calle Ferraz, que le contesta cada vez que llama al teléfono pidiendo una limosnita, por caridad:
-Perdona Pachi, pero estamos afrontando un ERE.
COMPROMISO POR GALICIA, la comuna nacionalista formada por renegados del BNG, se ha ofrecido ya para un trío con Beiras e Izquierda Unida, a ver si juntos y revueltos pueden intentar montar un campamento de refugiados en la próxima legislatura del Parlamento de Galicia.
Teresa Táboas, la musa de un nacionalismo modernista, ha rechazado el papel de mascarón de proa. Estaban intentando abrir una «vía mejicana» de financiación en la diáspora, pero los «manitos» no acaban de decidirse a sufragarle mariachis electorales. Y Anxo Quintana, en plena conquista de las Américas, todavía no ha descubierto el «Dorado» que le podría permitir, ¡por los viejos tiempos!, hacerse cargo de los gastos de la fiesta.
Sólo queda abrir las huchas invadidas de telarañas del Beirismo, de IU y de Compromiso, hacer un fondo común con las respectivas calderillas y encomendarse a la virgen de las urnas a ver si ocurre un milagro la noche del 21 de octubre.
UPyD se ha hecho especialista en campañas a puerta fría. Pasean a Rosa Díez de guateque en guateque, como el Movimiento paseaba el brazo incorrupto de Santa Teresa, y se sientan a esperar a ver si suena la flauta, como les ha ocurrido en Asturias.
A MARIO CONDE, que no se ha caído precisamente de un guindo, le va a hacer la campaña Alberto Núñez Feijóo, al que nadie le ha recordado el axioma infalible del salto a la fama: «que hablen de uno aunque sea bien…» Si encima hablan mal, lo ponen a parir y se ceban con él como un miura, igual acaban sentando al ex banquero en un escaño durante cuatro años, al precio más asequible del mercado político gallego.
El BNG tirará de sus tifossi, los que le quedan, que siempre han dado el callo por comarcas, municipios y lugares alejados de la mano de Dios. Lo que pasa es que les ha quedado el tic de los felices años del bipartito, e intentarán arañar a la desesperada los restos en los municipios donde gobiernan y «peaje» en los municipios en los que dejan gobernar al PSOE.
Y QUEDA ALBERTO NUÑEZ FEIJÓO, Presidente-Candidato, paladín de la austeridad, «balón de oro» en control de déficit y contención de deuda en el panorama autonómico del Estado. Puede beber de muchas fuentes, aunque ninguna de ellas, ni consellerías, ni empresas públicas, ni ayuntamientos, ni diputaciones, están precisamente para tirar la casa por la ventana.
Un diluvio electoral Popular, en estos tiempos de penuria económica, cantaría más que el Diputado Collarte confesando que «las pasa canutas» con 5.100 euros al mes. El pueblo está susceptible, y con razón, y al PP no le queda más remedio que afrontar la campaña con la mentalidad con la que afrontaba Don Mendo el juego de las «Siete y Media»:
-¿Un juego…?
-Y un juego vil
que no hay que jugar a ciegas,
pues te pasas o no llegas.
Y el no llegar da dolor
pues indica que mal tasas
y eres del otro deudor.
Más ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas, es peor!
Nostalgia de Méndez y Gayoso
Las viejas, solícitas y amnésicas ubres de las extintas Cajas de Ahorros, se han secado para siempre. Ni José Luís Méndez, ni Julio Gayoso, están ahí para hacer generosas donaciones de dinero de gallegos, difuminadas en el inescrutable paisaje contable de sus reinos. Ahora es cuando a los políticos gallegos les invade la nostalgia por su irreparable pérdida.
Se giran, eso sí, hacia José María Castellano, el advenedizo al trono, pero en seguida averiguan que no puede permitirse el lujo de tener veleidades de Mecenas.
Novagalicia Banco es una vaca lechera tentadora para los ordeñadores profesionales de los partidos, pero camina sin red por la cuerda floja del FROB, entre francotiradores afectados por las preferentes y bajo la atenta mirada de «los hombres de negro», dispuestos a ir con el chivatazo al «gran hermano» europeo.
La empresa privada no invierte en política
No hay pues nada que rascar en el mundo financiero. Y el problema es que tampoco las tradicionales empresas-sponsor están precisamente para coñas. Hubo un tiempo, cuando las vacas gordas, que contabilizaban como inversión las apuestas electorales a caballo ganador y se cubrían con apuestas a partidos sorpresa. Pero, como le comentaba un «mecenas» retirado a Periodista Digital:
«Por un lado ya no tienemos caja, y por otro, en estos tiempos de incertidumbre, ni siquiera un posible caballo ganador, un PP, un PSOE, te garantiza el retorno, aunque sea en especies».
Imposible reproducir la inflexión del voz del veterano empresario cuando pronuncia la palabra «especies» Los períodos prolongados de vacas flacas es lo que tienen: auguran gobiernos, de la ideología que sean, que por un lado no pueden invertir, convocar concursos, asignar contratos, cosas así y, por otro, en las contadas ocasiones en las que pudiesen atreverse a plantear una iniciativa pública, ni el más optimista e intrépido emprendedor soñaría con poder cobrar.
La Santa Compaña de los acreedores
De campañas anteriores, está Galicia llena de acreedores que acuden a los Ayuntamientos, a las Diputaciones, a la Xunta, como una peculiar Santa Compaña de almas en pena, repitiendo una y otra vez en despachos en los que ya han estado socialistas, nacionalistas y ahora populares:
¿Qué hay de lo mío?
¡Vuelva usted mañana!
Por lo menos el espectáculo está servido. Se inicia la campaña más austera de la historia moderna de Galicia. No se sabe si se cumplirá por fin el viejo sueño de la revolución de mayo: «la imaginación al poder» Pero al menos, como consuelo, va a resultar muy difícil llegar al poder, aunque sólo sea a un simple escaño, sin imaginación.




