La Patria siempre devuelve el beso. Y 2    

Por Carlos de Bustamante

(Jura de la bandera)

Quisiera primero rectificar el mini chorreo de mi introducción al artículo (1) anterior con el mismo título. Se me escapó un pequeño detalle que no te hubiera gustado, amigo Felipe Benicio Albarrán y Vargas-Zúñiga, que lo fuera. Tienes un espíritu militar que para sí quisieran   muchos, muchos soldados y aun militares profesionales.  Pero, querido amigo, por el exhaustivo reconocimiento, médico, no pudiste ingresar en las FAS de tus amores.  Quedas, pues, totalmente exculpado.  ¡Perdón mi excelente soldado honorario por tomarme atribuciones que no me corresponden!  Sabes, amigo Felipe, que nuestra reciente amistad nació virtual. Y si no lo hice antes, te lo digo ahora. Es, además, intensa por varios motivos:  ambos amamos de corazón a España y   daríamos la vida por ella. Amamos el campo y cuanto se cría en él.  No, no soy ganadero de reses bravas; pero en mi querida Dehesa familiar tuvimos una numerosa vacada de ganado procedente del campo charro, que, sin ser reses de lidia, levaban en sus genes la reciedumbre del campo de procedencia – ¡que no es poca! A poco   que se les incitara, la reciedumbre se tornaba en bravura. Y los incitábamos, claro.  Carentes de los `trastos´ necesarios para torear reses embravecidas, un simple saco sostenido horizontal por un hermoso garrote, hacían más mal que bien de muleta y espada.  Pero   eso es otra historia…. Mejor, vamos a la tuya.

“Admito y quiero comprender que haya personas que no sean capaces de asumir lo que describo, como yo no puedo admitir los ideales de otro. Pero reclamo el respeto merecido que ha de darse a quienes han elegido esta forma de devolver a España lo que España les ha dado a ellos, con su innegable servicio en pro de la defensa de todos. No hace mucho murió en Cáceres quien fuera Comandante Médico en el Hospital Militar de Barcelona allá por junio de 1980, y que sentenció el veredicto galeno por el cual fui declarado excluido total, después de llegar al CIR número 9, entonces, en San Clemente de Sasebas, en los días siguientes a la festividad de Reyes Magos del mismo año y a Viella mes y medio después. Nunca olvidé su nombre: don Serafín Sánchez Tovar. Tanto que este año, cuando en el mes de febrero, leí su esquela en `el HOY´, pues vivía en Cáceres, quise enviar, y lo hice, el pésame a su hija, quien, semanas después, me llamó para darme las gracias. No nos conocemos, pero me da igual. El entonces Comandante Médico dictaminó lo que según su conciencia y el mejor criterio sanitario correspondía. Pensaría que qué hace un medio sordo en retaguardia sin oír acercarse al enemigo. Nunca le guardé rencor alguno, bien lo sabe Dios, al contrario, pero de no haber sido por ese veredicto rumiaba en mis adentros unirme a la vida militar. No pudo ser, lo que no me ha cercenado ápice alguno de sentirme uno más de todos ellos.

Pues sí, Vicente, quise cerrar de cierta manera algunos ciclos de tu vida, y quise hacerlo pidiendo se me concediera participar de alguna forma en la devolución de ese beso que la Patria devuelve a sus hijos, muertos en batalla o en la paz. Me daba igual si lo habías pasado bien o mal, si se te pegó algo o no, si te quedaste con buen recuerdo o preferiste pasar página. Tu poder decisorio, ahora, es inexistente. No tuve que regalar la corona, pero quiero que sepas que, gracias a la amabilidad mostrada por dos buenos Coroneles, como todos los que he conocido, sentí un especial escalofrió al depositar el laurel en el monumento, sencillo, pero cargado de Historia, en el que había una coraza, protectora del corazón de Soldados, dos espadas y dos lanzas, para defender el nombre de España, y el símbolo del Castilla, tu Regimiento…, todo ello sobre una Bandera que no está caída, no, que está en el suelo como manto maternal donde recoger y acunar las almas de todos sus hijos que la besaron y devolverlas al Cielo en su flamear omnipresente, y bajo el testigo único de la Cruz, verdadero símbolo de la entrega por los demás sin esperar nada a cambio… digo que quiero que sepas que al depositar junto al Coronel García Blasco la Corona, ahora con mayúsculas, en el monumento lo hice besando en el corazón, en el alma, el recuerdo a cuantos habéis sido componentes del Castilla, de acrisolada Historia, y a cuantos, por qué no, miembros de las Fuerzas Armadas besasteis con unción, en su día, la Bandera, símbolo de la Patria, porque vuestro ejemplo, al servir con orgullo y con honor, muertos en guerra o en paz, ha de ser siempre, para quienes creemos en ello, guía y seña que nos indique el camino en nuestro empeño de engrandecer el sentimiento de ser, de sentirnos y de sabernos españoles agradecidos a quienes la Patria, en su día, nos devolverá también el beso.

¡Gracias, mis coroneles!

¡Gracias, amigo Jesús!

¡Gracias, amigo Marco Antonio!

¡A vuestras órdenes!

¡Gracias, hermanos de la milicia, porque vuestro ejemplo, en parte, me ayuda a seguir siendo como soy, a sentirme como soy, a quererme como soy, a entregarme como soy y, cómo no, a unirme a vosotros en lo que soy: ¡Soldado de España!

¡Ah, y Artillero Honorario del GACA XI y ¡Diploma Plus Ultra de la Brigada! Todo ello me obliga más.

Espero, querido Vicente, que te haya gustado lo que he hecho. A mí sí. Y con eso basta.

 

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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