(o “Se hará otro, pero no el que no se hizo”).
Mientras el ´pópulo bárbaro´ se dedica a contar chistes como éste:
Le dice Bárcenas a un presunto diputado del PP llamado, p. e., Celedonio: -Celedonio, tenemos que hablar. Y Celedonio le pregunta: -¿Sobre…? Y Bárcenas le contesta: -Sí. (Sin comentarios).
O como estotro: -¿Sabes cómo firma ´Urdanga´ los ´emilios´? -Duque em palma do.
Y pues que no hay dos sin tres, el tercero es de matrimonios: El marido le dice a su mujer: -«Cariño, ¿jugamos a los médicos? »
Y ella le dice: «Pero…. ¿de la Seguridad Social o de la Privada…?»
El marido, sorprendido, pregunta: -«Bueno y ¿cuál es la diferencia?»
A lo que contesta la mujer: -“Si es de la Seguridad Social te doy cita para dentro de 1 año, y si es por la Privada… son 100 euros.»
Bueno, pues mientras el populacho se dedica a contar estas gracietas sin gracia, mi señoría, como se ha propuesto seguir dándole ideas a tanto asesor (578 dizque tiene Moncloa, muchos de los cuales serán económicos, con lo que no se quiere decir que sean de slow cost, sino que asesorarán “de economía”); como uno, ´perrito´, digo repito, se ha propuesto seguir dándoles ideas (nada que ver con la Fundación del mismo nombre), mientras ellos, los asesores, siguen chupándonos la sangre a los contribuyentes, a ver si de una vez por todas hacen algo útil para que vaya disminuyendo el paro. Mi señoría ya les ha proporcionado (como siempre, “gratis et amore”) las sugerencias que encierra mi anterior post (cfr. “El desastre del ocio no deseado”). Ahora veo, en Libertad Digital, que la señora Báñez, como no podía ser de otra forma, prepara unas estrategias para el emprendimiento, es decir, para los emprendedores o empresarios, y el empleo, o sea, para los que están en el paro. Dice el mensaje de la señora ministra que las estrategias las “está negociando su departamento” (sic). Mi señoría se va a permitir (con todo respeto y con la confianza -ninguna- que le avala el hecho de haber estado enseñando, durante muchos años, bajo los mismo “tutelares muros” en que ella estuvo aprendiendo), suplicarle a la susodicha ministra que no negocie su departamento -entiéndaseme- , que no está la cosa para tertuliar, y que no diga que va a tomar tales o cuales medidas para luchar contra el paro, porque -insiste mi señoría y, ¿a que lo ratifican vuesarcedes?- la cosa está muy chunga, y cualquier demora puede dar pié a que la ciudadanía se rebele. Y estas rebeliones se sabe cómo y cuándo empiezan, pero no cómo ni cuándo vayan a acabar. Que las medidas, las tome, cuanto antes, mejor, y que diga que ya las ha tomado; no que las vaya a tomar. Lo que la sociedad quiere es que se tomen decisiones; no que se le diga que se van a tomar.
Y como su señoría (la señoría Báñez) sabe, los porcentajes más elevados de personas que no trabajan y quieren de verdad trabajar son precisamente los de los jóvenes. Pues bien, supongo que se estarán preocupando especialmente de este sector y estarán contemplando la posibilidad de facilitar, cosa que hasta ahora no se ha logrado ni en su inicio, el acceso al mundo laboral de este segmento poblacional, como dicen ahora. Y para ello, entre otras posibilidades, quizá nada mejor que el fomento de algún tipo de contrato en prácticas para que estos mozalbetes que actualmente están en el paro puedan acceder a las empresas y ello, claro, con un salario reducido -al menos temporalmente, mientras dure la crisis- con respecto al de los trabajadores ya expertos en sus respectivas tareas. Que esta solución, en la que el empleado renuncia a una parte del salario normal, tiene la ventaja de que este salario reducido siempre será de una cuantía algo mayor que lo que el sujeto en cuestión esté percibiendo como subsidio de paro, sin dar golpe.
Sistemas de éstos, en los que el parado arrima el hombro, suda la camiseta llevan consigo la enorme ventaja de que, mientras la actividad laboral de la persona que está en el paro es nula, no existe, si ese parado trabaja, la actividad existirá. No olviden vuesarcedes que ese es el grave inconveniente de quien está en paro, que su actividad laboral es cero, es la nada. Y un segundo inconveniente es que, si al parado se le da una cierta subvención, se está fomentando su inactividad y el placer de no hacer nada, lo que lleva consigo que se acostumbre (y animal de costumbres es el hombre) a preferir la cantidad que le den aunque sea ínfima –subsidio de paro o cualquier otra ayuda- y no trabajar. Y, por consiguiente o no obstante (esto es un latiguillo de mi señoría que su señoría y vuesarcedes sabrán perdonar-), ya no busca trabajo quizá en toda su vida (repito: somos animales de costumbres).
Y cumplido que ha mi señoría garabateando la dosis de lectura que toleran vuesarcedes (gentes, por lo general, no solo entrada en años, sino sumergida y casi ahogada en ellos), suena el cornetín de órdenes: ¡Silencio! Pues eso: ¡Chitón, por hoy! Pero antes, un “¡Sus, por la tarifa plana de 50 euros!” ¿O no?
28-01-2013.
