UN ENIGMA PLANETARIO

El enigma de Mercurio, el denso planeta que los científicos consideran que no debería existir

Mercurio desafía las normas de formación del Sistema Solar con su núcleo masivo y su extraordinaria densidad. La misión BepiColombo promete iluminar sus misterios en 2026

El Planeta Mercurio
El Planeta Mercurio. PD

Visualiza un mundo pequeño, abrasado por el Sol, que parece no encajar en ninguna teoría astronómica.

Mercurio, el planeta más cercano a nuestra estrella, tiene un tamaño apenas mayor que el ancho de Australia y posee 20 veces menos masa que la Tierra, pero se jacta de ser el segundo más denso del Sistema Solar, solo superado por nuestro planeta.

Su núcleo metálico ocupa el 85% de su radio, dejando un manto rocoso y una corteza tan finas que parecen un susurro.

¿Cómo es posible que haya llegado a ser así? Los científicos lo describen como un «dolor de cabeza» planetario, ya que las simulaciones indican que este pequeño gigante de metal simplemente no debería existir en su actual ubicación, a tan solo 60 millones de kilómetros del Sol.

Esta singularidad no se limita al tamaño. Mercurio orbita en una región donde el disco primordial de gas y polvo del Sistema Solar no favorecía la formación de planetas rocosos como él. Las temperaturas diurnas alcanzan los 430ºC, mientras las nocturnas descienden a -180ºC, un contraste extremo que debería haber evaporado cualquier elemento volátil. No obstante, sondas como Messenger de la NASA han detectado potasio, torio radiactivo, cloro e incluso hielo de agua en cráteres polares resguardados del sol.

Estos descubrimientos, fruto de una misión que orbitó entre 2011 y 2015, han multiplicado las incógnitas: ¿por qué sobreviven moléculas complejas tan cerca del Sol? Los expertos comparan a Mercurio con un exoplaneta, un mundo peculiar que nos ayuda a comprender sistemas estelares lejanos.

Las teorías que intentan explicar lo inexplicable

Durante décadas, los astrónomos han estado ajustando modelos para dar sentido a este extraño intruso.

Una hipótesis predominante sugiere un impacto gigante en los primeros 10 millones de años del Sistema Solar. Imagina un proto-Mercurio del tamaño de Marte, orbitando más alejado del Sol, con niveles de potasio y torio similares a los del planeta rojo. Un coloso marciano habría chocado con él, despojando su corteza y manto y dejando expuesto solo el núcleo férrico. Esta teoría, respaldada por expertos como Alessandro Morbidelli del Observatorio Côte d’Azur, explica la densidad extrema, aunque deja interrogantes: ¿cómo pudieron resistir los volátiles tal cataclismo?

Una variante reciente, publicada en 2025 por Franco et al., propone un choque tangencial entre embriones planetarios: uno con 0,13 masas terrestres y otro con 0,20, lo que resultaría en un cuerpo casi idéntico al actual Mercurio, con un núcleo al 68% de su masa.

Esta opción no exige órbitas inusuales ni cuerpos gigantescos, encajando bien en un Sistema Solar joven repleto de colisiones entre protoplanetas marcianos. Otra teoría sostiene que Mercurio se formó directamente a partir de material rico en hierro cerca del Sol primitivo, donde erupciones estelares evaporaron polvo ligero y dejaron solamente metales pesados. Anders Johansen, de la Universidad de Lund, defiende esta alternativa, que evita impactos pero se enfrenta a la presencia de volátiles.

Por supuesto, también existen teorías migratorias. Los modelos propuestos por Matt Clement, de la Universidad de Oxford, sugieren que los planetas interiores –Mercurio, Venus, Tierra y Marte– nacieron en anillos distintos y luego se desplazaron.

Así fue como nuestro amigo más ligero quedó rezagado cerca del Sol sin material adicional para crecer. En palabras de Sean Raymond, «Terminas con cero Mercurios» en simulaciones estándar. En sistemas exóticos hemos visto aparecer a los llamados Super Mercurios, gigantes férricos más grandes que la Tierra; esto es prueba suficiente para demostrar que estos mundos no son tan raros después de todo. Pero surge la pregunta: ¿por qué nuestro propio Mercurio es tan pequeño? Quizás pronto tengamos respuestas gracias a nuevos datos.

BepiColombo: la sonda que podría resolver el rompecabezas

Lanzada en 2018 por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa (JAXA), la misión conocida como BepiColombo es una doble nave enfrentándose a una travesía épica: siete sobrevuelos planetarios para reducir su velocidad vertiginosa. Un fallo en uno de sus propulsores ha pospuesto su llegada hasta ahora hasta noviembre de 2026; será más de una década desde los últimos datos obtenidos por parte de Messenger. Al llegar a su destino orbital, las dos sondas se separarán para mapear la superficie, medir la gravedad y estudiar el débil campo magnético –que está descentrado y es más fuerte hacia el norte– además de analizar lo que hay bajo la superficie.

Estas observaciones serán cruciales para limitar las teorías existentes. Si se encuentran indicios de un antiguo océano de magma post-impacto solidificado inusualmente, eso sugeriría un proto-Mercurio despojado. Las mediciones gravitacionales, realizadas mediante láseres rebotando sobre la superficie planetaria, ayudarán a descubrir si el núcleo es sólido o líquido o quizás una combinación entre ambos estados. El primer sobrevuelo realizado en 2025 ya reveló cráteres y flujos lávicos datados hace unos impresionantes 3.700 millones de años, así como arrugas generadas por contracciones planetarias. La superficie oscura refleja solo dos tercios de la luz lunar; esta característica podría deberse a materiales exóticos o incluso grafito. Según palabras de Nicola Tosi, del Centro Aeroespacial Alemán: «Esto pone límites claros sobre cómo pudo formarse».

La misión también investigará volátiles junto al magnetismo generado por un núcleo parcialmente fundido –algo único entre los planetas interiores; esto contrasta notablemente con lo observado en Venus y Marte. Comprender estos aspectos no solo aclarará nuestros conocimientos sobre el Sistema Solar sino también sobre exoplanetas densos similares. Los científicos están soñando con aterrizajes o muestras directas; sin embargo, estas opciones han sido descartadas debido a cuestiones presupuestarias. Se ha estudiado meteoritos conocidos como aubritas, analizados por Camille Cartier en la Universidad de Lorraine; podrían ser fragmentos provenientes del proto-Mercurio; su análisis podría ofrecer evidencias valiosas en los próximos años.

Para ilustrar las peculiaridades científicas relacionadas con Mercurio, aquí tienes una tabla comparativa con otros planetas rocosos:

PlanetaDiámetro (km)Masa (respecto Tierra)Núcleo (% radio)Densidad (g/cm³)
Mercurio4.8790,05585%5,43
Venus12.1040,815~50%5,24
Tierra12.7421,000~50%5,51
Marte6.7790,107~50%3,93

Esta tabla subraya cuán excepcional es Mercurio: pequeño pero hiperdenso.

Curiosidades científicas que orbitan alrededor de Mercurio

Desde tiempos antiguos ya sorprendía este planeta esquivo a quienes lo contemplaban desde la Tierra. Los griegos lo consideraban como dos entidades: Apolo durante el amanecer y Hermes al atardecer; nadie sospechaba entonces que era uno solo atado al Sol mismo. En 1631 fue Pierre Gassendi quien observó su tránsito solar –una mancha oscura cruzando el disco solar– confirmando cálculos realizados previamente por Kepler dentro del modelo copernicano. Más tarde fue Giovanni Cassini quien midió con precisión su órbita durante el siglo XVII desvaneciendo mitos fantasmales.

Otro dato intrigante: Mercurio gira tres veces sobre sí mismo cada dos órbitas solares; este curioso baile da lugar a «días» equivalentes a 176 días terrestres cada vez que completa una vuelta alrededor del Sol. Su campo magnético fue descubierto durante las misiones realizadas por Mariner 10 entre 1974-1975; resulta ser descentrado rompiendo así simetrías planetarias esperadas entre cuerpos celestes similares. En sus polos perduran restos helados dentro cráteres permanentemente oscuros pese al calor abrasador cercano al Sol mismo. Y respecto a las aubritas? Estos meteoritos terrosos podrían ser recuerdos nostálgicos provenientes del manto perdido.

Durante sus prolongadas noches –de nada menos que 88 días terrestres– este planeta experimenta contracciones notables similar al proceso ocurrido cuando secamos una pasa; además se han capturado imágenes recientes por parte de BepiColombo mostrando lavas antiguas rellenando cráteres evidenciando así una actividad volcánica pasada en Mercurio . Los llamados Super Mercurios observados en exoplanetas sugieren también que no es simplemente una rareza sino más bien una categoría común dentro sistemas calientes similares al nuestro . Y si nos permitimos añadir un toque humorístico: si Mercurio fuera nuestro vecino sería ese amigo flaco pero increíblemente pesado cuya presencia nadie entiende cómo logra soportar fiestas junto al fuego.

En resumen , este diminuto gigante metálico sigue girando silenciosamente , guardando secretos esperando ser revelados pronto gracias a las indagaciones futuras realizadas por BepiColombo.

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