El destino del último barco de guerra estadounidense hundido durante la Segunda Guerra Mundial fue un misterio que duró casi 75 años

Así fue el hallazgo submarino de la Segunda Guerra Mundial que ha resuelto un misterio de hace casi 75 años

Así fue el hallazgo submarino de la Segunda Guerra Mundial que ha resuelto un misterio de hace casi 75 años
Un buzo apunta a una marca de la marina estadounidense en los restos de USS Eagle PE-56 Smithsonian Channel

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue el conflicto armado más devastador de la historia, con más de 100 millones de militares movilizados y un estado de guerra total que implicó a casi todas las naciones del planeta.

Las grandes potencias se dividieron en dos bloques: los Aliados y las Potencias del Eje. Marcado por atrocidades como el Holocausto, bombardeos masivos a civiles y el único uso bélico de armas nucleares, el saldo fue de entre 50 y 70 millones de muertos, cerca del 2,5 % de la población mundial.

Uno de los últimos episodios trágicos de esa contienda ocurrió el 23 de abril de 1945, apenas semanas antes de la rendición de Alemania.

El patrullero estadounidense USS Eagle PE-56, diseñado por Henry Ford para la Primera Guerra Mundial, explotó y se partió en dos mientras remolcaba blancos para ejercicios de bombardeo frente a las costas de Maine. De sus 62 tripulantes, 49 perdieron la vida; solo 13 sobrevivieron.

Inicialmente, la Marina de EE.UU. atribuyó el hundimiento a una explosión accidental en una caldera, pese a que los supervivientes aseguraban haber visto un submarino alemán. Durante décadas, el caso quedó como un misterio, con los restos del buque desaparecidos en el Atlántico.

Todo cambió en 2001, cuando documentos desclasificados alemanes confirmaron que el USS Eagle PE-56 había sido torpedeado por el submarino nazi U-853. La Marina rectificó su veredicto —un hecho inusual—, reclasificó la pérdida como combate y concedió póstumamente el Corazón Púrpura a los fallecidos y supervivientes. “La historia fue reescrita”, declaró Robert Neyland, jefe de arqueología subacuática del Mando de Historia y Patrimonio Naval de EE.UU.

Pero el enigma del paradero del buque persistió hasta junio de 2018, cuando un equipo privado de buzos, el Nomad Exploration Team, lo localizó a unos ocho kilómetros de la costa de Maine, a 91 metros de profundidad.

“Este naufragio era de esos que se te meten bajo la piel”, recuerda Ryan King, uno de los ocho integrantes del equipo. “Te preguntas: si no lo buscamos nosotros, ¿quién lo hará?”.

Durante cuatro años, King y sus compañeros peinaron el fondo marino con la ayuda de coordenadas proporcionadas por el experto en búsquedas submarinas Garry Kozak. En una inmersión, uno de los buzos topó con “una gran pared de acero”. Era el Eagle PE-56.

“Sentimos una admiración absoluta; fue un triunfo del trabajo en equipo”, relata King.

A lo largo del verano, realizaron unas 20 inmersiones adicionales en aguas gélidas (por debajo de los 4 °C), con descensos de menos de cuatro minutos y ascensos de hasta tres horas para evitar la descompresión. Colaboraron estrechamente con Neyland, responsable de unos 3.000 naufragios estadounidenses en todo el mundo.

Las imágenes submarinas revelaron las calderas intactas, descartando definitivamente la explosión interna y confirmando el impacto de un torpedo. El USS Eagle PE-56 fue el único de su clase perdido en combate y el último buque estadounidense hundido por un U-boat en la costa este.

El descubrimiento cerró un capítulo pendiente de la guerra y honró a su tripulación. “Queríamos que se contara su historia, no la nuestra”, explica King. “Solo queríamos devolverlo al mapa y dejarlo descansar en paz”.

El hallazgo fue narrado en el documental Hunt for Eagle 56 (La caza del Eagle 56), emitido por el Smithsonian Channel en 2019. Hoy, los restos del buque, protegidos como tumba de guerra, yacen en silencio como testimonio de uno de los últimos ataques nazis en aguas estadounidenses.

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Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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