A las doce en punto, el rumor insistente de estos últimos meses se convirtió en noticia oficial. El Nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini, comunicaba el nombramiento de Ricardo Blázquez como nuevo arzobispo de Valladolid. El hasta ahora obispo de Bilbao sucede a Braulio Rodríguez, que ocupa desde hace 9 meses, la sede de Toledo. La toma de posesión tendrá lugar el próximo 17 de abril en la catedral vallisoletana. Hasta entonces, permanecerá como Administrador Diocesano en Bilbao.
Al conocer su designación monseñor Blázquez ha manifestado que «pasar de Bilbao a Valladolid no es un simple traslado de lugar; lo siento más como un trasplante con un desarraigo doloroso y un nuevo enraizamiento. Voy a vosotros con la intención de compartir vuestra vida, de caminar juntos en el seguimiento de Jesús, de ser al mismo tiempo vuestro hermano por el bautismo y vuestro obispo por el encargo apostólico. Os manifiesto mi disposición a gastar y desgastar mi vida al servicio del Señor, del Evangelio y de la Iglesia de Valladolid que tiene rica solera. Comienzo esta nueva etapa en el ministerio episcopal con una esperanza serena e ilusionada. Tengo la experiencia de que Dios nos acompaña siempre y de que la esperanza en Dios nunca defrauda; aunque sea probada mil veces brota incesantemente con renovadas fuerzas. Pido a Dios que «nuestro trabajo comience en El, como en su fuente, y tiende siempre a El, como a su fin».
Con el nombramiento de titular de la capital castellana, Blázquez recibe por parte del Papa, que le tiene en muy buena estima, un premio de consolación. En efecto, el prelado abulense asciende canónicamente de obispo a arzobispo, gana en tranquilidad al dejar, tras quince años, la siempre tormentosa diócesis vizcaína, pero pierde en influencia social y política.
Hasta ahora, sus palabras, siempre moderadas y firmes, tenían un amplio eco informativo por proceder del que fuera presidente (y actual vicepresidente) del episcopado, pero también por ser obispo de Bilbao, la máxima autoridad extraoficial de la Iglesia vasca.
Antes de irse a Roma, como secretario de la Congregación de Obispos, la fábrica de prelados vaticana, el anterior Nuncio en España, Manuel Monteiro le prometió que haría todo lo posible para cambiarle de diócesis. Y cumplió su palabra. Un cambio merecido, según el ex nuncio portugués y según casi toda la Iglesia española.
En los ambientes eclesiásticos se reconoce unánimemente la excelente labor que hizo en Bilbao, pacificando la diócesis y tratando de reconducirla hacia una posición social moderada, sin por eso dejar de encarnarse en aquella conflictiva realidad. Pero no sólo eso, porque Blázquez consiguió, desde su puesto como presidente del episcopado, imprimir la misma dinámica moderada a las relaciones de la Iglesia católica con el Gobierno socialista. Con excelentes resultados, como el nuevo sistema de financiación tan favorable para las arcas eclesiales.
Pero, para acceder a la cúpula eclesiástica, tuvo que enfrentarse a su antiguo valedor, el todopoderoso cardenal Rouco Varela, al que derrotó por escaso margen. Con esa victoria, el bueno de Blázquez firmaba su condena a poder suceder al cardenal Cañizares en Roma, que era lo que todos los eclesiásticos consideraban lo más digno y apropiado para él.
Pedido el tren de Valencia y de Toledo, a Blázquez sólo le quedaba la estación de Valladolid. Porque los grandes arzobispados están ocupados en España por lo menos hasta dentro de 4 o 5 años, cuando el cardenal Rouco tenga que abandonar Madrid.
Iceta, sucesor natural
El sucesor natural de Don Ricardo en Bilbao es (y con toda probabilidad será) su obispo auxiliar, Mario Iceta. Con un perfil mucho más conservador que su hasta ahora obispo titular, Iceta forma parte de la nueva hornada de prelados con los que Roma y Madrid quieren meter en cintura a la Iglesia católica vasca y cortarle sus ínfulas nacionalistas. El tándem Munilla-Iceta (el primero en San Sebastián y el segundo en Bilbao), está llamado a esa labor, lenta pero tenaz, de reconducir a la Iglesia vasca.
En ese nuevo diseño de mapa eclesiástico vasco no tenía demasiada cabida el dialogante y siempre moderado Ricardo Blázquez. Por eso y porque merecía un «ascenso». Aunque el premio sea más canónico y honorífico que real. Bilbao supera en todo a Valladolid, excepto en que la capital castellana es sede arzobispal y la vizcaína (con más población) sigue siendo un simple obispado.
Tras 15 años de ministerio en Euskadi, Don Ricardo tenía que salir de Bilbao. Lo contrario se percibiría como un «castigo«. El propio Ricardo Blázquez dijo en una cena en la Universidad de Deusto que 13 0 14 años son suficientes para un obispo en una diócesis. De hecho, estos últimos tiempos ya venía cediendo protagonismo a su auxiliar, Mario Iceta.
Con la salida de Blázquez llega de lleno el «giro restaurador» a las Iglesias del País Vasco, que comenzó hace años con los relevos de Cirarda y Larrea. La diócesis de San Sebastián creyó que se iba a librar, cuando Setién hábilmente consiguió que Uriarte le sucediese, aprovechando sus influencias vaticanas. Pero, ahora, como dice el teólogo vizcaíno, Javier Vitoria, «les ha salido un tiro esperpéntico por la culata: Munilla».
Con la llegada de Blázquez a Valladolid podría recuperar protagonismo la Universidad Pontificia de Salamanca, de la que fue decano en sus años de joven profesor. La Universidad del episcopado, antaño joya de la Iglesia católica, se ha visto últimamente relegada por el cardenal de Madrid, que quiere convertir su Universidad de San Dámaso, en un gran centro universitario católico. En detrimento, claro está, de la clásica y prestigioso Universidad salmantina.
Biografía
Ricardo Blázquez nació en una localidad de Ávila, Villanueva del Campillo, el 13 de abril de 1942. Estudió Bachillerato en el Seminario Menor de Ávila, donde estuvo desde 1955 hasta 1960. Desde 1960 a 1967 realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Ávila, siendo en el último curso ordenado sacerdote, y es Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma.
Tras cursar estos estudios en Roma, regresó a su diócesis en Ávila, donde fue nombrado secretario del Instituto Teológico Abulense entre 1972 y 1976. En 1974 comenzó su carrera como cuerpo docente de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde ejerció como profesor hasta 1988. También fue nombrado Decano de esta universidad en 1978, puesto que ocupó hasta 1981. En el año 2000 el actual Presidente de la CEE fue nombrado Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca.
El Papa Juan Pablo II le nombró en 1988 obispo auxiliar del entonces arzobispo de Santiago de Compostela, Monseñor Rouco Varela. En 1992 llegó a Palencia como Obispo de esta ciudad, sustituyendo a Nicolás Castellanos, que renunció a este cargo para irse de misionero a Bolivia.
En 1995 fue nombrado obispo de Bilbao, vacante que había dejado Luis María Larrea, jubilado en 1993. Miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe desde 1988 hasta 1993 y de la Liturgia desde 1990 hasta 1993, Blázquez es autor de libros como ‘La resurrección en la cristología’, ‘Jesús, el evangelio de Dios’, ‘Jesús sí, la Iglesia también’ o la ponencia ‘La Iglesia en la experiencia mística y en la historia de Santa Teresa’.
Asimismo, en el año 2005 fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal (CEE), cargó que ostentó durante tres años. En la actualidad, es vicepresidente de ese mismo organismo colegiado del episcopado español.


