OPINIÓN / FELIPE TERUEL

Barclays, peor que el banco malo

Barclays, peor que el banco malo
Barclays.

El abandono de clientes, el despido de 14.000 empleados en todo el mundo y la huída de España de la filial británica son la guinda de los desmanes cometidos por los bancos durante el último lustro. Los autodenominados inventores de la responsabilidad social corporativa, igualan el comportamiento de las entidades que han puesto a miles de familias enteras en la calle.

Barclays, la institución financiera británica que se autoproclamó inventora de la responsabilidad social corporativa, acaba de anunciar que pone en venta su banca minorista en España para crear una especie de banco malo y, paralelamente, despedir a 14.000 empleados en todo el mundo. La noticia cayó ayer como una bomba en las oficinas de la filial española de la entidad británica, que tiene 2.819 empleados y 271 sucursales repartidas por todo el país.

Pero fue recibida con indiferencia por muchos clientes, que, desde hace algunos años, han visto como su banco de las ultimas décadas comenzaba a tratarles con prepotencia insoportable cuando el proyecto de continuidad pasaba por crear una banca de lujo para grandes patrimonios y prescindir para siempre de los clientes de toda la vida con nóminas normales y corrientes.

Primero empezó reconociendo miles de millones en fallidos. Después cerró varios centenares de oficinas, hizo un ajuste laboral para más de 700 empleados y finalmente prescindió del consejero delegado, Jaime Echegoyen, un chico bien de las finanzas madrileñas con grandes aficiones y poco amor por el trabajo continuado y bien hecho, que, como premio a su nefasta labor en Barclays España fue nombrado para las mismas responsabilidades en la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB); el gran banco malo que gestiona los desastres del ladrillo creado por las antiguas cajas de ahorro gestionadas por políticos de medio pelo y sindicalistas sin escrúpulos.

Este es el recorrido que ha tenido Barclays en España en el último lustro, salida que ha completado con la liquidación de una cartera de deuda pública de 2.000 millones y la amortización de 440 millones de activos fiscales diferidos al constatar que no tendría beneficios en la Península en los próximos años.

Es lo que se desprende de los últimos resultados del banco inglés, acostumbrado a encender a los inversores institucionales al comprobar como la institución ha destinado cerca del doble de dinero a pagar bonus a sus ejecutivos –casi 1.600 millones de libras esterlinas– que a dividendos para los accionistas (859 millones).

La entidad ganó 540 millones de libras (648 millones de euros) en todo el mundo al mismo tiempo que las acciones caían con fuerza en la Bolsa de Londres pese al esfuerzo del grupo por limpiar los balances de los países en los que las cuentas no le salían. Ahora paso a relatarles mi historia personal con Barclays.

Soy cliente de la entidad británica desde 1989, año en el que la presidencia de Grupo Zeta, empresa de comunicación en la que trabajé desde 1985 hasta 2001, solicitó a sus directivos la suscripción de un crédito con la filial española de Barclays a raíz de un acuerdo entre el magnate Rupert Murdoch y Antonio Asensio para constituir el capital económico de Univisión, la compañía que iba a optar a uno de los tres canales privados de televisión que el Gobierno presidido por Felipe González tenía previsto repartir ese mismo año.

Como director de una revista del grupo, me concedieron un crédito que hicieron efectivo tras la apertura de una cuenta corriente en la que, por aquellos años, era la sucursal de Barclays más próxima a mi domicilio madrileño. Grupo Zeta y su entonces aliado, Rupert Murdoch no fueron agraciados en el reparto de canales privados, por lo que el capital suscrito entre los directivos de Zeta podría ser devuelto de manera inmediata o amortizado durante el período fijado. Fui de quienes devolvió lo prestado al banco, pero continué como cliente con unos ingresos que, entre mi esposa y yo superaban mensualmente las 600.000 pesetas en 1990.

Suscribimos planes de pensiones, seguros de vida y hasta un crédito personal para la adquisición de un apartamento en Sierra Nevada, que devolvimos íntegramente trascurrido un mes desde su concesión. En noviembre de 1999 firmamos un crédito hipotecario para la adquisición de nuestra vivienda actual en la Quinta de los Molinos. Entre plazos abonados y capital amortizado con anterioridad a sus vencimientos resta el pago de casi 60.000 euros hasta mayo de 2023.

Es una buena hipoteca, sin duda, y mi esposa y yo mejores pagadores, también si duda. Los problemas con el banco comenzaron cuando decidí trasladar a otra entidad mi plan de pensiones como consecuencia de unas pérdidas que superaron los 8.000 euros en menos de ocho meses. Y se agravaron de manera notable cuando mis ingresos descienden a causa de la etapa de inestabilidad laboral que agobia a la mayoría de la profesión periodística, aunque la cuenta corriente recibe mensualmente algo más de 2.000 euros para hacer frente a todos los pagos previstos.

El pasado mes de septiembre, primero los directivos y después los propios empleados de la entidad, nos comunicaron verbalmente y por escrito que tanto mi hijo, a quien también recomendé que abriera cuenta en Barclays, como mi esposa y yo no encajábamos en el modelo que Barclays pretendía implantar en España al no alcanzar ninguno de nosotros unos ingresos igual o superiores a 5.000 euros mensuales o no mantener un saldo medio anual de 100.000 euros.

Entre otros despropósitos, el banco nos comunicó que nos cobraría por renovar las tarjetas de crédito entre 39 y 90 euros por año y que los descubiertos en cuenta se cargarían con cantidades que se aproximaban a la usura. Hasta aquí una parte destacada de los conflictos. A los afectados por este trato les recomiendo iniciar una etapa de respuestas a una entidad multinacional que no se caracteriza precisamente por su transparencia si recordamos la sanción impuesta por la Comisión Europea (CE) al cártel de bancos que se ponían de acuerdo para manipular los tipos de interés en detrimento de las empresas y ciudadanos que acudían a ellos en busca de un préstamo.

Entre esas entidades estaban el Deutsche Bank, Société Générale, Royal Bank of Scotland, J. P. Morgan, Citigroup, el broker RP Martín, Barclays y UBS, aunque estos dos últimos no fueron multados por colaborar en la investigación. Es decir, por delatar a sus competidores. Lo que hacía Barclays entonces cuestionaba ya su naturaleza como entidad financiera. Y de aquellos polvos estos lodos. O lo que es lo mismo, de un banco malo a otro peor.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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