Estoy de nuevo en Oviedo -tras unos cuatro años de ausencia- y encuentro la ciudad sin cambios perceptibles. En general identifico los mismos comercios y detecto las mismas sensaciones: villa plácida y limpia, buen nivel de vida y gente alegre y respetuosa.
La lluvia impregna el asfalto. Los monumentos lucen hermosos. Qué divina resulta la sidra, qué apetitosos los quesos, qué tentadora la repostería (he vuelto al Boulevard de la Sidra y he almorzado en el establecimiento «Tierra Astur», en el 1 de la calle Gascona).
Mañana impartiré un seminario sobre Comunicación Hotelera en la Facultad de Turismo de Oviedo y por la noche presentaré mi libro «Herr Guardiola» en el Club de Prensa Asturiana del diario La Nueva España.
Me consta que el Barça -y en particular Guardiola- tienen muchos seguidores por estos pagos. Intentaré dar una visión cálida pero al mismo tiempo ponderada sobre este personaje, tan apasionado y devoto de lo suyo. Hace ya siete años que despertó en mí una extraña fascinación, no exenta de espíritu crítico.
(El Atlético de Madrid ha empatado a dos hace unos minutos en el Bernabéu y apea a todo un Real Madrid de la Copa: qué extraordinaria motivación inculca el entrenador Simeone a los suyos…)