La hermana del Rey Felipe VI no levanta cabeza

El riesgo de perder su trabajo en La Caixa hunde más a la Infanta Cristina

Con su marido en paro, a la derivada judicial de su imputación se une la laboral

El riesgo de perder su trabajo en La Caixa hunde más a la Infanta Cristina
Cristina de Borbón, Infanta de España. EP

Lo deja meridianamente claro el juez José Castro en su auto de este miércoles: es imposible que las «reiteradas apelaciones al desconocimiento» de la Infanta Cristina en su declaración del pasado 8 de febrero sean ciertas.

Aunque esperada, la decisión del magistrado instructor del caso Nóos ha causado un auténtico terremoto en varias direcciones.

En primer lugar familiar, apenas seis días después de la proclamación de su hermano, Felipe VI. Y dos días después de que Doña Sofía fuera fotografiada en Ginebra, adonde viajó para apoyar a su hija menor.

En segundo lugar, judicial. Con su abogado, Miquel Roca, en el centro de la polémica.

En los círculos judiciales este miércoles se escucharon dudas acerca de la estrategia seguida por el letrado al que Don Juan Carlos -personalmente- encomendó la defensa de su hija.

Éste lo fio todo a la ignorancia de la Infanta sobre lo relativo a los negocios de su marido, un argumento fácilmente desmontable.

¿Cómo es posible que la directiva de una fundación, la de La Caixa, que en este 2014 gestiona un presupuesto de 500 millones de euros (según la documentación entregada a la CNMV) fuera ajena a todos los movimientos en Aizoon?

Y en tercer lugar, la laboral. La apertura de un juicio oral en su contra compromete, y mucho, la continuidad de Doña Cristina en la Fundación La Caixa, que en sus estatutos se precia de íntegra y ejemplar.

Según publicó meses atrás El Mundo, sus honorarios anuales rondan los 220.000 euros, lo que le permite mantener a la familia, puesto que Iñaki Urdangarín no trabaja actualmente.

De momento su Patronato, presidido por Isidro Fainé y formado por 29 personas, no se ha pronunciado acerca de la continuidad de quien lleva casi 21 años trabajando para La Caixa, pero si finalmente la pequeña de los Borbón se sienta en el banquillo deberá hacerlo.

Y no es descabellado que el año que viene pueda acabar como acusada en un juicio. Es muy posible que la Infanta se libre de los dos delitos fiscales de los que presuntamente fue colaboradora necesaria, pero no del de blanqueo de capitales.

En el primer caso lo haría amparándose en la doctrina Botín: tratándose de delitos contra la Hacienda pública no es suficiente la acusación particular -la ejercida por Manos Limpias, sino que se requeriría la de la Fiscalía o de la Abogacía del Estado. Sin embargo, la aplicación de esta doctrina en el blanqueo de capitales es descabellada. Chirriaría mucho.

La patata caliente que el juez José Castro ha colocado en manos de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca es de las grandes.

El año pasado echó para atrás su primer intento de imputar a la Infanta, pero esta vez el magistrado se ha cuidado mucho de seguir los consejos que en mayo de 2013 le dio la Audiencia: centrarse en el delito fiscal y el blanqueo de capitales, porque sólo por ahí podría pillar a la hermana de Felipe VI.

 

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