El rescate de un cayuco a la deriva frente a las costas de Canarias ha destapado una de las tragedias migratorias más estremecedoras de los últimos años.
Entre los supervivientes, los relatos coinciden en el mismo horror: decenas de personas fueron lanzadas vivas al mar tras ser acusadas de practicar brujería. La travesía, que comenzó con la esperanza de alcanzar Europa, se convirtió en un infierno marcado por el miedo, la sed y la superstición.
A día de hoy, 12 de septiembre de 2025, la investigación policial sigue abierta.
El cayuco, localizado por un mercante a más de 400 kilómetros de Canarias, llevaba al menos 11 días a la deriva tras una avería en el motor.
De los más de 300 migrantes que partieron, solo 251 llegaron vivos al puerto de Arguineguín, en Gran Canaria.
Las estimaciones apuntan a cerca de 70 fallecidos, aunque la cifra exacta sigue sin confirmarse.
Detenciones y proceso judicial: crónica de una tragedia
Nada más llegar a tierra, la Policía Nacional arrestó a 17 de los ocupantes del cayuco. El juez de guardia en San Bartolomé de Tirajana decretó su ingreso en prisión provisional, acusados de delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, lesiones y homicidio. La magnitud del suceso, la dificultad para identificar a todos los responsables y la falta de pruebas materiales convierten el caso en un auténtico reto judicial.
Los testimonios de los supervivientes resultan claves. Según relatan, varios compañeros fueron señalados como “brujos” y, entre amenazas y violencia, arrojados vivos al océano. Otros murieron de deshidratación o fueron abandonados a su suerte tras perder el conocimiento. El miedo al estigma de la brujería, muy arraigado en ciertos entornos culturales, desató el pánico y la agresión colectiva.
El contexto social y psicológico: migrar bajo la sombra del miedo
El fenómeno migratorio hacia Canarias ha cambiado notablemente en los últimos años. A la tradicional llegada de migrantes africanos se suman ahora ciudadanos de Asia y Oriente Medio, especialmente de Pakistán, Afganistán y Siria. Muchos de ellos, ante el cierre de rutas por el Mediterráneo, optan por el peligroso trayecto atlántico, que se cobra cientos de vidas cada año.
En estos viajes, las condiciones extremas –falta de agua, hacinamiento, conflictos culturales y lingüísticos– pueden desencadenar situaciones límite. La superstición y la creencia en la brujería, lejos de desaparecer, se exacerban ante el estrés, la desesperación y la búsqueda de culpables cuando la travesía se tuerce. Los psicólogos que trabajan con supervivientes de naufragios insisten en el impacto devastador de estos episodios: traumas, ansiedad, culpa y desarraigo se suman a la violencia sufrida.
Análisis legal y policial: investigación en marcha
El caso del ‘cayuco de la muerte’ ha obligado a las autoridades españolas a reforzar la cooperación internacional y la atención a los supervivientes. La Policía Nacional recopila testimonios, analiza vídeos y busca identificar a los autores materiales de los crímenes. Las ONG advierten de la dificultad para esclarecer los hechos en un contexto de miedo, silencio y posible represalia entre los propios migrantes.
Los detenidos, en su mayoría jóvenes varones, se enfrentan a cargos graves que pueden conllevar largas penas de prisión. El proceso judicial se perfila largo y complejo, pues la línea entre víctima y verdugo se difumina en situaciones de supervivencia extrema. El juez ha ordenado protección especial para los testigos y la implicación de intérpretes y mediadores culturales.
Perfil de los protagonistas: víctimas, verdugos y supervivientes
En el cayuco viajaban hombres, mujeres y adolescentes, la mayoría procedentes de Pakistán, Bangladesh, Mali y Senegal. Muchos huían de conflictos armados, persecuciones religiosas o pobreza extrema. La travesía se organizó a través de redes de tráfico de personas, que cobran sumas astronómicas por una plaza en embarcaciones precarias.
Entre los arrestados, destacan algunos perfiles:
- Jóvenes con experiencia previa en migraciones, que actuaron como “capitanes” o coordinadores.
- Personas señaladas por los testigos como instigadores de la violencia, presuntamente por motivos de superstición.
- Migrantes que, bajo presión o amenazas, participaron en los hechos para salvar su propia vida.
La identificación de los fallecidos resulta casi imposible. Muchos viajaban sin documentación y sus familias desconocen su paradero. Las ONG reclaman mayor esfuerzo en la identificación y repatriación de los cuerpos, así como atención psicológica para los supervivientes.
Anécdotas y curiosidades: el lado humano de la tragedia
El suceso ha dejado historias personales que retratan la dureza y el absurdo de la migración irregular:
- Una adolescente paquistaní sobrevivió a la travesía y relató cómo se aferró a la esperanza mientras veía desaparecer a sus compañeros.
- Algunos supervivientes narran que, en los últimos días de viaje, compartieron los últimos sorbos de agua en una botella pasada de mano en mano, en un acto de solidaridad desesperada.
- Varios pasajeros intentaron proteger a los acusados de brujería, pero fueron silenciados o amenazados por el grupo dominante.
- El miedo a la brujería no es nuevo en la ruta migratoria: en travesías anteriores se han documentado episodios similares, aunque nunca con tanta violencia y repercusión.
El Atlántico, cementerio de esperanzas
La ruta canaria vuelve a ser noticia por una tragedia que pone rostro al drama migratorio. Las autoridades insisten en la necesidad de abordar el fenómeno desde un enfoque integral, que combine seguridad, cooperación internacional y atención humanitaria. El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, reclama a Madrid y Bruselas que no den la espalda a este drama: “El Atlántico no puede seguir siendo el cementerio de África”.
Mientras tanto, los rostros del ‘cayuco de la muerte’ nos recuerdan la fragilidad de la vida y la urgencia de respuestas ante una realidad que sigue cobrándose vidas en silencio.
