Si ustedes son lo suficientemente masoquistas como para ir de Madrid a Bilbao en coche, o viceversa, es casi seguro que se acordarán del Sr. Ministro de Fomento -y quizá también de su madre, aunque estoy seguro que ella es una santa- que tiene la Nacional uno hecha un Cristo desde tiempos inmemoriales y sin visos ni esperanzas de convertirse en una carretera medio normal, como Dios manda, en un futuro próximo. La carretera parece una zona de guerra, llena de señales y conos, con un sólo carril operativo y rodeada por todas partes de obras y máquinas en las que no se ve a nadie trabajando. Un desastre.
Pero hoy no les voy a hablar de la eficiencia del Sr. Ministro que, dicho sea de paso y aprovechando la movida de la ETA, está missing y callado como un muerto, supongo que esperando que nos olvidemos de sus poco presentables tejemanejes y tratos con presuntos delincuentes en una gasolinera gallega.
Bueno, a lo que iba, que volviendo a la Nacional 1, y si van en dirección norte y se fijan un poco se encontrarán a su derecha en algún punto de la provincia de Burgos esta bella imagen:
No me digan que no es bonita.
Se ve que hay uno que no puede evitarlo: ama a Silvia profundamente, con toda su alma, lo suficiente como para liarse la manta a la cabeza, cogerse una escalera (y no una escalerita normal, sino un pedazo de escalera) y un bote de pintura e irse, supongo que con nocturnidad, a pintar esto para explicarle a Silvia que lo siente muchísimo pero que no hay nada que hacer, y míra que lo ha intentado: la ama, ea, la ama muchísimo. Y no se hable más.
Me pregunto si Silvia lo habrá visto y qué habrá pensado del autor de la pintada. ¿Quizá ella le ame también? ¿Se habrán casado? ¿Tendrán hijos? ¿Serán felices? O quizá, por el contrario, Silvia se habrá muerto de la vergüenza al ver la pintada y le habrá leído la cartilla…
Se lo dejo a su imaginación, pero no me digan que la imagen no tiene detrás todo un culebrón.
