En las últimas décadas, los factores culturales y religiosos han adquirido una relevancia creciente en las relaciones internacionales. La dimensión espiritual continúa siendo un elemento estructurante de la identidad de millones de personas y, en determinados contextos, un factor con capacidad para incidir en la estabilidad social y en la convivencia entre comunidades.
Este renovado protagonismo presenta una doble faz: la religión puede operar como fuente de esperanza y cohesión social, pero también es susceptible de ser instrumentalizada como pretexto para el enfrentamiento o la división. En este contexto, el diálogo interreligioso ha dejado de ser una cuestión circunscrita a especialistas para convertirse en una variable relevante en materia de estabilidad y seguridad humana.
La República de Kazajistán ha hecho del diálogo interreligioso una de sus señas de identidad en el plano internacional. Desde 2003, cada tres años, Astaná acoge el Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales. El Congreso se concibió como un espacio para facilitar el intercambio, sin pretensión de alcanzar acuerdos teológicos ni de establecer doctrinas comunes, inspirándose en el espíritu del encuentro de Asís convocado por San Juan Pablo II en 1986.
Los días 17 y 18 de septiembre de 2025 se celebró en Astaná la octava edición del Congreso, bajo el lema «Diálogo de Religiones: Sinergia para el Futuro». Asistieron más de cien delegaciones procedentes de sesenta países, representando al islam, al cristianismo en sus distintas tradiciones —católica, ortodoxa y protestante—, al judaísmo, al budismo, al hinduismo, al taoísmo, al zoroastrismo y al sintoísmo. Entre los asistentes de mayor relevancia se encontraban el patriarca Kirill de Moscú y toda Rusia, el patriarca Teófilo III de Jerusalén, el secretario general de la Liga del Mundo Islámico, Mohammad Alissa, y los grandes rabinos de Israel, David Yosef y Kalman Meir Ver. Participaron igualmente responsables de Naciones Unidas y de otras organizaciones multilaterales.

El presidente de la República de Kazajistán, Excmo. Sr. Kasim-Yomart Tokáyev, intervino en la sesión inaugural y en la clausura del Congreso. En su discurso de apertura, subrayó que «los líderes religiosos pueden ser llamados embajadores de paz que defienden los valores humanistas», y alertó sobre el agravamiento de las contradicciones culturales y la carrera armamentística, afirmando que «la diplomacia constructiva debe pasar a primer plano como herramienta principal para llamar al diálogo». Durante la clausura, el presidente Tokáyev realizó un balance positivo y destacó que «a pesar de las diferencias en confesiones y tradiciones, a todos nos unen aspiraciones comunes». Anunció su respaldo a las recomendaciones para desarrollar un documento sobre el papel de los líderes religiosos en la lucha contra el cambio climático, así como principios para el uso responsable de la inteligencia artificial, y propuso la creación de un movimiento por la paz bajo los auspicios del Congreso.
La Santa Sede estuvo representada por el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, designado por el Papa León XIV como enviado especial al encuentro. El Santo Padre hizo llegar un mensaje a los participantes en el que subrayó la importancia del diálogo entre religiones como instrumento para la paz: «Cuando los líderes religiosos se unen en defensa de los más vulnerables, plantan árboles para cuidar nuestra casa común o alzan una voz unida en apoyo de la dignidad humana, dan testimonio de que la fe une más que divide».
León XIV explicó que el término «sinergia», lema del Congreso, alude a la necesidad de trabajar conjuntamente sin diluir las diferencias propias de cada tradición, y recordó hitos anteriores del diálogo interreligioso impulsado por la Iglesia católica: el encuentro de Asís (1986), el Documento sobre la Fraternidad Humana (2019) y la participación de Francisco en el Congreso de Astaná de 2022. El cardenal Koovakad, por su parte, describió el momento actual como de «tiempos oscuros» marcados por conflictos globales y subrayó la responsabilidad compartida de las religiones para contribuir a la paz y a la protección de la creación.
El Congreso concluyó con la aprobación por consenso de una Declaración final que reafirma que ninguna religión puede ser utilizada para justificar la violencia, el terrorismo o el odio. El documento subraya que la libertad de conciencia y de religión debe ser protegida como base de sociedades estables, y destaca el papel de la educación y del trabajo con las nuevas generaciones para prevenir la radicalización. La Declaración señala que la intolerancia religiosa puede ser alimentada por discursos simplistas, desinformación y el uso político del miedo, por lo que hace un llamamiento a combatir el antisemitismo, la islamofobia y todas las formas de discriminación religiosa. El texto advierte que la normalización del odio contra una comunidad acaba debilitando la convivencia del conjunto de la sociedad. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, envió un mensaje respaldando la iniciativa y recordando que «las Naciones Unidas se fundaron con la convicción de que el diálogo conduce a la paz».
La promoción del diálogo interreligioso forma parte de la política exterior de Kazajistán, que ha buscado tradicionalmente un perfil internacional basado en la diplomacia multilateral. Situado entre Rusia y China, el país ha desarrollado una estrategia de proyección exterior que incluye la organización de foros de diálogo como instrumento de estabilidad y prevención de tensiones. El Congreso de Astaná se ha consolidado como una de las plataformas de diálogo interreligioso con mayor participación internacional: mientras que el primer congreso reunió a 17 delegaciones, la octava edición ha contado con más de un centenar. La colaboración entre Kazajistán y la Santa Sede ha sido particularmente estrecha, y el Gobierno kazajo ha destacado que el foro se ha convertido en una plataforma donde «la Iglesia, junto con representantes de diferentes tradiciones religiosas, da testimonio al mundo del valor de la paz, el entendimiento mutuo y la armonía».
La experiencia kazaja puede resultar de interés para otras regiones, donde la diversidad religiosa es una realidad consolidada y donde el debate público sobre identidad y convivencia presenta diversas aproximaciones. En algunos países, se observa una creciente polarización social, y los temas de identidad, migración y religión son utilizados con frecuencia como elementos de movilización y confrontación. En este clima, la experiencia de Kazajistán muestra que la diversidad no es necesariamente una amenaza, sino que puede convertirse en una fuente de estabilidad si se gestiona con diálogo, respeto y políticas públicas coherentes. Demuestra la viabilidad de espacios institucionalizados de encuentro entre líderes religiosos más allá de las diferencias teológicas, y subraya la importancia de la educación y el trabajo con jóvenes para prevenir la radicalización.
El VIII Congreso no tuvo como propósito la resolución de conflictos concretos, sino el mantenimiento de un canal de comunicación entre líderes religiosos y la expresión de consensos sobre principios básicos de convivencia. La Declaración aprobada expresa un acuerdo amplio sobre el rechazo a la violencia en nombre de la religión, la defensa de la libertad de conciencia y la necesidad de combatir la discriminación. El cardenal Koovakad lo expresó en términos inequívocos: «La colaboración entre las religiones del mundo no es opcional, sino indispensable». El presidente Tokáyev, por su parte, ofreció una reflexión que resume el espíritu del encuentro: «El Foro de Jóvenes Líderes Religiosos demostró que la nueva generación se esfuerza por mantener la continuidad y continuar el camino del diálogo y el entendimiento mutuo. Esto significa que el mundo tiene futuro».
En tiempos de crisis global, la diplomacia se mide también por la capacidad de reducir tensiones, prevenir conflictos y fortalecer la convivencia. El Congreso de Astaná demuestra que incluso en un mundo fragmentado se puede mantener una conversación basada en valores universales. La tolerancia interreligiosa no es un tema del pasado: es una inversión en el futuro y una forma de proteger a las sociedades frente al extremismo y la manipulación del miedo.
Autor: Sr. Saif El Islam Bennabdennour. Profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Rey Juan Carlos

