Kazajstán ya no quiere ser visto solo como un país de recursos. Kazajstán quiere ser reconocido como un país de tecnología. Y está avanzando más rápido de lo que muchos imaginan.
En el corazón de Eurasia, un Estado de 20 millones de habitantes ha logrado algo poco común en economías emergentes. Ha convertido la digitalización en una política nacional, sostenida y medible. Ha llevado servicios públicos, pagos, comercio y emprendimiento al móvil. Y está construyendo un ecosistema que mira hacia Europa con ambición real.
Kazajstán apostó por un principio simple. Si el ciudadano puede resolverlo desde el teléfono, el trámite no debería existir en papel. Esta lógica ha impulsado un modelo de e-Government que hoy permite gestionar centenares de servicios sin acudir a oficinas. El objetivo es claro: menos burocracia, más transparencia y más eficiencia.
La digitalización en Kazajstán no es un eslogan institucional. Es un hábito cotidiano. Es la diferencia entre esperar semanas o resolver en minutos. Es también un factor directo de confianza pública en un mundo donde los Estados compiten por credibilidad.
Pero el verdadero salto kazajo se entiende cuando se mira el sector privado. Kazajstán se ha convertido en uno de los mercados fintech más dinámicos de la región. Los pagos digitales se han normalizado. La banca móvil se ha vuelto dominante. Y millones de usuarios han incorporado la economía digital como parte de su vida diaria.
El caso más emblemático es Kaspi.kz. Kaspi no es solo un banco. Es una super-app. Es pagos, comercio, servicios para pymes, marketplace y transferencias en un solo ecosistema. Es, para Kazajstán, lo que Alipay o WeChat fueron para China en su fase de despegue. Y es una prueba concreta de que el país ha alcanzado escala digital real.
Esta transformación tampoco es ajena a la cooperación internacional. En el ámbito de la digitalización, Kazajstán mantiene una colaboración estrecha con la Unión Europea, especialmente en materia de conectividad, tecnologías espaciales y uso de datos para el desarrollo regional. Un elemento clave ha sido la atención a las zonas rurales y remotas, donde la brecha digital históricamente ha sido mayor.
Gracias a una combinación de inversión pública, asociaciones internacionales y soluciones satelitales, miles de escuelas rurales han obtenido acceso estable a internet, permitiendo educación digital, formación a distancia y servicios administrativos en línea.
Paralelamente, el país ha apostado por soluciones innovadoras de conectividad en zonas de difícil acceso, donde el internet satelital de Starlink se ha extendido de forma amplia. Esto ha permitido que la digitalización llegue a aldeas, escuelas y centros médicos alejados de los grandes núcleos urbanos, reforzando la idea de que en Kazajstán la transformación digital no es un privilegio urbano, sino una política pública orientada a resultados y cohesión territorial.
En paralelo, Kazajstán está creando una nueva generación de startups. El país ya no quiere ser solo consumidor de tecnología. Quiere ser productor, exportar soluciones, atraer talento, competir.
Astana Hub es la pieza central de esa apuesta. Se ha convertido en la plataforma tecnológica más visible de Asia Central. Aglutina startups, programas de aceleración y una estrategia clara de internacionalización. Kazajstán busca posicionarse como un punto de entrada para proyectos digitales en la región. Busca ser un puente entre Europa y Asia en un mundo cada vez más conectado.
La inteligencia artificial es otro eje prioritario. Kazajstán está formando especialistas y desarrollando capacidades nacionales. Está incorporando IA en sectores clave y está enviando un mensaje claro: la modernización no se logra solo con infraestructura, se logra con capital humano.
Hoy, aproximadamente el 90–93% de los servicios públicos en Kazajistán están disponibles en formato online, a través del portal eGov.kz y la app eGov Mobile. El ecosistema de e-Government ya cuenta con más de 15 millones de usuarios registrados, y la aplicación móvil supera los 11 millones de usuarios.
En el ranking de la ONU sobre desarrollo del gobierno electrónico (UN E-Government Development Index), Kazajstán se ha situado alrededor del puesto 24 a nivel mundial, entrando en el grupo de países con e-Government avanzado.
La penetración de internet es muy alta: aproximadamente 93–94% de la población tiene acceso a internet, un nivel superior al promedio regional en Asia Central.
La alfabetización digital también es elevada: diversas fuentes sitúan el nivel de competencias digitales básicas alrededor del 90%.
En este contexto, el Mobile World Congress (2-5 de marzo de 2026) de Barcelona es un espacio natural para identificar alianzas. España y Kazajstán tienen una oportunidad real de cooperación tecnológica. Existen áreas donde la colaboración es inmediata y concreta.
La primera es GovTech. Kazajstán ha construido servicios públicos digitales a escala. España cuenta con empresas, universidades y capacidades sólidas en administración digital. La sinergia es evidente.
La segunda es ciberseguridad. Un país con alto nivel de digitalización necesita proteger infraestructura crítica, datos y servicios financieros. Aquí, el intercambio tecnológico y la cooperación empresarial tienen valor estratégico.
La tercera son las ciudades inteligentes. Kazajstán está modernizando su movilidad urbana, energía y gestión pública. España tiene experiencia en smart solutions, transporte, plataformas urbanas y gestión municipal. Hay espacio para proyectos piloto y escalables.
La cuarta es la cooperación entre hubs tecnológicos. Astana Hub y el ecosistema español de innovación pueden conectar startups, inversores, aceleradoras y programas de internacionalización. La diplomacia económica moderna se construye con proyectos reales. Y la innovación es uno de los más efectivos.
Kazajstán quiere reforzar su integración en la economía digital global. Su experiencia demuestra algo importante. La transformación tecnológica no es exclusiva de Silicon Valley, Berlín o Singapur. También puede convertirse en motor nacional cuando existe una estrategia sostenida, inversión y visión de futuro.
