
Manu de Lucas, madrileño de pura cepa, tiene 38 años, está casado y es padre de dos niños y una niña, su “mayor patrimonio”. Para ellos, este ingeniero de Caminos (miembro de la junta directiva de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del Estado) y jefe de Servicio en la Dirección General de Carreteras del Ministerio de Fomento, quiere y pelea por una sociedad mejor. Algo a lo que contribuye desde 2011 activamente en UPyD, un partido en el que cree desde su origen, cuando su tía le regaló el vídeo del acto fundacional en la Casa de Campo y le fascinó encontrar al fin un partido que defendía sus ideas más hondas. No ha dejado de luchar (también en Twitter, @manulucas77), ahora para rescatar a los magenta, afectados por la crisis interna más grave en sus casi ocho años de existencia. Comprometido en Renovadores UPyD, cree que Irene Lozano acercará otra vez el partido a la gente de la calle. Y a los que un día se fueron de casa…
¿Cómo valoras el resultado electoral de UPyD este 24-M?
Muy malo, sin paliativos. Lo peor es que muchos compañeros lo esperábamos, mientras que el actual Consejo de Dirección no ha sabido ver que los españoles nos iban retirando paulatinamente su apoyo desde las elecciones europeas de 2014, en las que UPyD por primera vez perdió votos en términos absolutos.
Es una muy mala noticia para todos los compañeros de UPyD, que tan buena labor han estado haciendo en los últimos años y que se han quedado fuera, no pudiendo aportar todo su conocimiento para continuar mejorando las instituciones en esta legislatura.
No podemos aceptar sin luchar que UPyD, el partido pionero en regenerar la democracia y abrir las instituciones de España del cerrojo echado por el bipartidismo, se quede fuera en estos momentos en que, por fin, la política ha cambiado y se respira pluralismo.
Con este balance, ¿cómo llega el partido de cara al congreso extraordinario de julio?
Llega desconcertado porque no comprende que el gran trabajo en los ayuntamientos y comunidades en los que hemos estado presentes, así como la extraordinaria labor de nuestros cinco diputados nacionales, no haya sido suficiente para obtener la confianza de nuestros conciudadanos. Llega también nervioso porque los acontecimientos se han ido precipitando desde el verano de 2014 y nos han dejado en una difícil situación, tanto política como económica, que nos obligará a emplearnos a fondo para remontar el vuelo.
Pero más importante que como lleguemos es como salgamos. Espero que con un proyecto de futuro, que ilusione y que una, no solo a los compañeros que seguimos hoy en UPyD, sino a todos aquellos que quedaron por el camino.
¿A quién apoyarás para la portavocía y por qué?
Por supuesto, a Irene Lozano. Creo que es la compañera que mejor puede transmitir en estos momentos lo que es UPyD: es una cara visible que la gente reconoce y asocia a nuestro gran trabajo institucional, sobre todo a raíz de su lucha por visibilizar casos como el de Zaida Cantera o Luis Gonzalo Segura. También es muy valorada tanto por la prensa (en 2012, primer año de legislatura, fue galardonada con el premio al “Diputado revelación” por la Asociación de Periodistas Parlamentarios) como por las instituciones (hace unos días, por ejemplo, recibió el Premio Avizor en reconocimiento a su trabajo parlamentario en pro de los Derechos Humanos y contra la pobreza).
Pero la razón más importante es que creo a Irene: la conocí a raíz de las manifestaciones del 15-M y, desde entonces, hemos coincidido en varias ocasiones, que me han servido para comprobar que tenemos en común la manera de ver el escenario político de España: estamos ante un tiempo nuevo, que no se parece en nada a los anteriores. Es tiempo de esa política con mayúsculas que está tan de moda mencionar pero que hay que definir, y que para mí es simplemente escucharnos todos y saber llegar a acuerdos entre todos, sacando lo mejor de cada uno de nosotros, por el interés general de la comunidad. Creo de verdad que Irene es la persona indicada para ello.
¿Ves como una posibilidad real que se pudiera expulsar a Irene Lozano, por parte del Consejo de Dirección, antes del congreso extraordinario? ¿Qué podría ocurrir en ese caso en el seno del partido?
No: me parecería un suicidio político que abocaría a UPyD a la desaparición. En cualquier caso, no me gusta mucho hablar de este tema, porque ha surgido a raíz de un espionaje de correos privados que raya, no sé si lo ilegal, porque no soy experto, pero desde luego sí lo inmoral.
¿Cuál crees que debe ser el papel de Rosa Díez tras confirmarse que no seguirá siendo la portavoz magenta?
A Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán y Juan Luis Fabo les debemos UPyD, para mí el mejor proyecto político de nuestra democracia. Por lo que sería muy injusto no reconocer que ninguno estaríamos hoy aquí si no fuera por su intuición y valentía, que se concretaron en nuestro nacimiento en 2007.
Por otro lado, creo que mientras que la labor institucional la han ejercido de forma magistral, no ha ocurrido lo mismo con su deficiente desempeño de la función directiva del partido, que nos ha llevado a la situación en la que estamos. Yo no entiendo UPyD sin Rosa, Carlos ni Juan Luis, por lo que espero que sigan aportando al partido como lo hacemos todos los afiliados de base.
¿Qué ha llevado a UPyD a interrumpir su crecimiento en el último año, tras las elecciones europeas de mayo de 2014?
Voy a centrarme en las causas internas, que es de las que somos responsables los miembros de UPyD, y sobre las que debemos reflexionar principalmente de cara al próximo Congreso de julio. Efectivamente, como he dicho antes, es desde mayo de 2014 cuando se vio claramente que los resultados electorales de UPyD habían tocado techo. Pero, desde mi punto de vista, los problemas en UPyD vienen de antes. En concreto, desde nuestro Segundo Congreso, cuya organización no fue la adecuada para que el partido cogiera el impulso que necesitaba: propició que los debates de las distintas enmiendas a los estatutos no fueran lo suficientemente elaborados y, lo más grave a mi entender, fue la causa de la elección de un Consejo de Dirección que, como digo, no ha desempeñado adecuadamente su función, y de un Consejo Político Nacional que tampoco ha sido capaz de cumplir adecuadamente con su cometido de auditor y fiscalizador del Consejo de Dirección.
¿Qué prioridades debería marcarse el Consejo de Dirección que salga del congreso extraordinario de julio para ilusionar a la ciudadanía y a sus propios militantes?
Queda poco tiempo de aquí a las elecciones generales, por lo que esa ilusión tenemos que construirla sin perder tiempo. La prioridad máxima para el nuevo Consejo de Dirección sería, desde mi punto de vista, entonar el mea culpa de errores pasados para hacer un llamamiento a los más de 15.000 compañeros que han abandonado UPyD durante estos años. Toda esa gente tiene mucho bueno que aportar a España, y un día estuvieron ilusionados por hacerlo desde UPyD. Hemos de saberles transmitir que contamos con ellos para construir juntos un nuevo UPyD.
Para ilusionar de puertas adentro hay que demostrar con hechos que se va a apostar por la democracia interna, que se va a contar con las bases. Para ello es necesario crear herramientas dinámicas y adaptadas a los nuevos tiempos que permitan construir el partido entre todos (un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer lo está mostrando la candidatura Renovadores UPyD con su iniciativa Actúa). UPyD tampoco tiene un foro oficial en internet donde los afiliados puedan conocerse, intercambiar puntos de vista y experiencias, debatir ni estar en contacto. Este tipo de herramientas permitiría preparar adecuadamente entre todas las bases el siguiente Congreso Ordinario de UPyD, que no debería demorarse mucho más allá de unos meses pasadas las elecciones generales de este otoño, y que debería superar, gracias al trabajo de todos, las deficiencias organizativas del anterior Congreso.
Asimismo, es necesario que las decisiones importantes del partido se decidan entre todos los afiliados democráticamente y no entre unos pocos elegidos. Y aquí hilo con la segunda parte de la pregunta, que es cómo ilusionar de nuevo a la ciudadanía. Creo que hay una relación directa entre la pérdida de apoyo electoral y las relaciones de UPyD con los nuevos partidos. Por eso creo que la decisión de cómo afrontar dichas relaciones la debemos decidir entre todas las bases de UPyD, para de esta manera intentar comprender entre todos lo que esperan de nosotros nuestros conciudadanos al respecto.
¿UPyD puede volver a ocupar el espacio que un día tuvo y aspirar a ser una alternativa real en las elecciones generales de finales de año?
Claro que sí. Me gusta mucho la expresión “lento, pero lejos”. La escuché en el 15-M y entonces pensé que toda mi vida me había acompañado. Creo que define perfectamente el espíritu de UPyD, partido pionero en la regeneración democrática de España, y que por supuesto seguirá aportando muchísimo en ese necesario camino.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
