La odisea de Kylie Moore-Gilbert: De dictar una conferencia en Irán a pasar 804 días de cautiverio

Kylie Moore-Gilbert, académica australiana-británica y experta en política de Medio Oriente, nunca imaginó que un breve viaje a Irán se convertiría en una pesadilla que duraría más de dos años.

La odisea de Kylie Moore-Gilbert: De dictar una conferencia en Irán a pasar 804 días de cautiverio

Su destino, originalmente, era una conferencia en Qom en 2018, donde fue invitada a compartir su conocimiento sobre los Estados árabes del Golfo. Sin embargo, lo que debía ser una estancia académica rutinaria se transformó en una experiencia que la marcaría para siempre.

Todo parecía ir bien hasta que, la víspera de su regreso a casa, el recepcionista del hotel donde se hospedaba la alertó de que «unos hombres muy malos» habían venido a buscarla. Aunque se sintió inquieta, Kylie decidió continuar con sus planes, convencida de que estaría segura.

Al día siguiente, en el aeropuerto, la académica fue interceptada por hombres vestidos de negro en el control de pasaportes. Eran agentes de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI), aunque ella no lo sabía en ese momento. La detuvieron y la llevaron a un cuarto de interrogación, donde pasó ocho horas antes de ser trasladada, con la cabeza entre las piernas, a un apartamento. Allí, fue sometida a largos interrogatorios que fueron grabados, acusada de espionaje, un cargo que siempre negó y para el cual nunca se presentaron pruebas.

Al día siguiente, la llevaron a un hotel con equipo de vigilancia, donde estuvo encarcelada durante una semana. Durante ese tiempo, la interrogaban a diario, pero Kylie todavía no sabía que su pesadilla apenas comenzaba. «En ese momento aún no habían decidido qué hacer conmigo, así que me trataban comparativamente mejor que cuando me metieron en la cárcel», recuerda.

Esa incertidumbre pronto se disipó cuando fue trasladada a la prisión de Evin, famosa por albergar prisioneros políticos y criticada por su trato inhumano. La mantuvieron en confinamiento solitario, una experiencia que Kylie describe como una «tortura psicológica». Encerrada en una celda de dos metros cuadrados, sin luz natural y sin saber la hora, la incertidumbre se convirtió en su compañera constante. No sabía cuándo sería interrogada, ni por cuánto tiempo, lo que alimentaba su angustia.

Durante ese tiempo, Kylie entendió que su supervivencia dependía de su capacidad para controlar su mente. «Tienes que vivir tu vida segundo a segundo, minuto a minuto, enfocándote en el presente», explica. Para mantenerse cuerda, se dedicaba a ejercicios mentales, contando o memorizando cosas, e imaginando patrones en las baldosas de la pared. Además, evitaba los recuerdos emotivos para no sucumbir a la tristeza.

A pesar del aislamiento, Kylie encontró una inesperada fuente de apoyo: otras prisioneras que, al escuchar su voz en el corredor, arriesgaron su seguridad para establecer contacto con ella. Mediante notas escondidas en lugares estratégicos, como una maceta, y conversaciones breves a través de las rejillas de ventilación, estas mujeres le ofrecieron la esperanza que tanto necesitaba. Le explicaron que Irán solía tomar a extranjeros como rehenes para intercambiarlos por concesiones de sus países de origen. Esto le dio a Kylie la certeza de que, a pesar de todo, sería liberada eventualmente.

Durante más de dos años, Kylie rechazó las acusaciones de espionaje y se negó a colaborar con las autoridades iraníes.

A pesar de ser sentenciada a diez años de prisión por el temido juez Abolqasem Salavati, conocido por sus duras sentencias, la esperanza que le brindaron sus amigas resultó ser cierta. Su liberación se logró en noviembre de 2020, mediante un complejo intercambio de prisioneros en el que participaron cuatro países.

Kylie fue finalmente liberada en medio de la pandemia de COVID-19 y, al regresar a Australia, pasó unas semanas en cuarentena en un hotel. Curiosamente, este tiempo de soledad en su país natal fue un alivio, permitiéndole adaptarse gradualmente a la realidad después de su prolongado aislamiento. «Si me hubieran lanzado al mundo inmediatamente, habría sido realmente difícil. Realmente fue beneficioso», reflexiona.

Hoy, Kylie Moore-Gilbert es un testimonio viviente de resiliencia, habiendo sobrevivido a una de las experiencias más desafiantes de su vida.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

Lo más leído