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¡Qué amplio muestrario de caricias ha hecho!

Ángel Sáez García 08 Dic 2022 - 00:00 CET
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¡QUÉ AMPLIO MUESTRARIO DE CARICIAS HA HECHO!

EL POTRO DE TORTURA QUE ELLA HA SIDO

“Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que solo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día empecé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse”.

Truman Capote, en el prefacio o prólogo a su obra “Música para camaleones”, última que publicó.

A lo ancho y a lo largo de mi vida, he formado un catálogo de amores (estoy completamente convencido de que la mayor parte de las féminas de las que me prendé, sí, hasta los tuétanos ―¿acaso puede estar enamorado alguien de otra manera que no sea semejante, sin duda, a la descrita?―, como otro tanto pasará, seguro, con las que, a partir de hoy, yo me entusiasme, jamás tuvo conciencia ni tendrá de ello, pues mi renuente timidez me impedirá realizar ahora cuanto impidió llevar a cabo entonces, confesiones del tipo sugerido; y es que debo admitir que un ser humano es como otrora fue y será mañana, un enamoradizo empedernido, como quien me conoce me ha pintado, no del jaez “culo que veo anhelo”) diverso, heterogéneo, variado.

De ese enorme montón de equis amores, pedí yo únicamente matrimonio a una de mis amadas, y con ella me casé y continúo felizmente unido en nupcias, sí, Literatura. La susodicha es mi chistosa/dichosa esposa.

¡Qué arrobo concitó Truman Capote!, cuando lo del epígrafe, que consta en el inicio de este texto, al vuelo alcanzó, trenzó negro sobre blanco, y en letras de molde hoy puede leerse, que Dios, cuando concede a alguien un don, le da con la virtud también un látigo, que no es para azotar o zaherir a los demás, sino, aunque naif parezca, para autoflagelarse sin descanso.

Quien, como servidor, haya advertido el acierto/gazapo (¿no tacha lo que huelga?), descrito en el parágrafo anterior, habrá experimentado que mi esposa, Literatura, tiene ene virtudes, tantas como defectos acarrea.

¡Qué amplio muestrario de caricias ha hecho! el potro de tortura que ella ha sido, y seguirá, en sus trece, mientras viva el abajo firmante de estas líneas, que son, en puridad, endecasílabos.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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