Nicolás Maduro se jactaba de contar con un escudo aéreo imbatible.
Invirtió miles de millones en radares chinos y misiles rusos. Pero el 3 de enero de 2026, helicópteros y aviones estadounidenses sobrevolaron Venezuela, desactivaron bases y arrestaron al líder chavista casi sin disparar un solo tiro.
La operación dejó al descubierto la vulnerabilidad de ese arsenal.
El desenlace comenzó con una interferencia electrónica masiva. Radares como el JY-27 chino, que se promocionaba como un cazador de aviones furtivos, quedaron ciegos.
Sin alertas previas, los misiles S-300VM rusos y Buk-M2 no pudieron defenderse. EE.UU. interrumpió el suministro eléctrico y cortó los enlaces de datos, dejando a las defensas completamente aisladas.
Fallos en el hardware y el entrenamiento
Venezuela apostó fuerte por sus aliados Rusia y China, invirtiendo en:
- S-300VM: Con un alcance de 200 km, diseñado para derribar aviones y misiles.
- Buk-M2E: De corto alcance, efectivo contra drones y helicópteros.
- Pantsir-S1: Equipado con misiles y cañones para enfrentar amenazas aéreas menores.
- Radares JYL-1 y JY-27 chinos destinados a la vigilancia.
Sin embargo, nada funcionó como se esperaba. Según diversas fuentes, muchos sistemas estaban apagados o desconectados de los radares. El New York Times informó que los Buk-M2E y los S-300VM no estaban en estado de alerta. Esto fue corroborado por satélites y testigos presenciales.
Las razones del colapso son claras:
- Mantenimiento deficiente: Años de crisis económica dejaron a los equipos sin repuestos adecuados. La corrupción y la politización del ejército agravaron la situación.
- Falta de capacitación: Los pilotos y operadores carecían de experiencia práctica. Participaron en desfiles, pero no en combates reales.
- Integración defectuosa: La combinación entre radares chinos y misiles rusos no formaba un sistema cohesionado. La doctrina militar rusa aboga por una defensa en capas; Venezuela no contaba con eso.
- Superioridad en guerra electrónica: EE.UU. utilizó misiles standoff junto con técnicas de jamming para neutralizar primero los radares enemigos.
Dos unidades del Buk-M2E quedaron destruidas semanas después del ataque inicial. Un helicóptero estadounidense recibió un leve impacto por parte de un misil venezolano 9K338, pero logró regresar a base sin problemas.
El traidor en el círculo de Maduro
La captura de Maduro no fue solo cuestión tecnológica. EE.UU. ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por información decisiva, incrementando la cifra desde 15 millones justo antes del operativo.
Se especula sobre la existencia de un informante cercano al líder chavista. No se trataría necesariamente de un funcionario activo debido a las reglas impuestas por la DEA, sino más bien podría ser un civil o exintegrante del círculo íntimo. Entre los nombres que circulan están:
- Hugo «El Pollo» Carvajal: Exjefe de inteligencia extraditado en 2023, sentenciado por narcotráfico en 2025, quien proporcionó datos sobre el infame Cártel de los Soles.
- Tareck El Aissami: Exvicepresidente detenido en 2024 bajo acusaciones de corrupción en PDVSA; él mismo fue calificado como traidor por Maduro.
- Vladimir Padrino López: Ministro de Defensa cuyos rumores indican que no reaccionó durante el ataque, lo que lleva a preguntarse si llegó a negociar su salida; su cabeza tiene un precio señalado como recompensa: 10 millones.
En total, Maduro contaba con tres círculos de seguridad; el más cercano era conocido como Los Avispones Negros, compuestos por cubanos, quienes permanecieron intactos: 40 personas sobrevivieron al operativo. Alguien proporcionó ubicaciones precisas: cámaras, dispositivos e incluso posiciones estratégicas.
Sin resistencia militar alguna, helicópteros como los modelos MH-60 Black Hawk, MH-47 Chinook, así como los versátiles MV-22 Osprey operaron con total libertad. Las fuerzas terrestres venezolanas permanecieron inmóviles, carentes de coordinación efectiva.
Antecedentes: años de compras y fanfarronería
Desde 2005, tanto Hugo Chávez como su sucesor han dedicado dos décadas a la adquisición masiva de armamento. Desde Rusia llegaron sistemas S-300, Buk y cazas Sukhoi; China aportó radares y equipos comunicacionales; Irán sumó su tecnología en drones.
Durante años, Maduro exhibió estos arsenales en desfiles militares ostentosos. Sin embargo, la falta de mantenimiento adecuado ni ejercicios prácticos llevó a que todo ese poderío se oxidara poco a poco. La crisis económica y las sanciones internacionales junto con la corrupción dejaron esos sistemas obsoletos e ineficaces.
EE.UU., por su parte, llevó a cabo una planificación meticulosa. Su enfoque integró inteligencia militar avanzada con operaciones especiales eficaces; lo que resultó fue una batalla donde no se enfrentaron simplemente hardware contra hardware, sino sistemas completos contra parches improvisados.
¿Cómo evolucionará?
Las credenciales tanto de Rusia como de China han quedado seriamente dañadas tras este episodio; sus sistemas han fracasado cuando se han puesto a prueba en situaciones reales. Venezuela ahora se encuentra ante una transición incierta con figuras relevantes del chavismo como Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, o incluso el propio Diosdado Cabello, manteniendo negociaciones con Washington, para evitar correr el mismo destino que el dictador apresado.
Por otra parte, las acusaciones contra Maduro por narcotráfico son graves; sin embargo, existe la posibilidad de llegar a un acuerdo que contemple una pena reducida o incluso su exilio manteniendo intactos sus fondos. En tanto, los altos cargos militares buscan amnistía para sí mismos, mientras que tanto la oposición como EE.UU. presionan para implementar cambios significativos.
Mientras tanto, Padrino podría asumir el liderazgo del remanente chavista o quizás sucumbir a nuevas traiciones; esa recompensa millonaria sobre su cabeza sigue siendo una tentadora posibilidad. Por otro lado, Cuba llora la pérdida simbólica de sus queridos Avispones y ya no pueden ocultar la intromisión en los asuntos venezolanos.
La lección es contundente: contar con tecnología avanzada sin personal capacitado ni una estrategia clara es inútil. EE.UU., con astucia táctica, dominó el escenario en cuestión de horas mientras Venezuela paga ahora las consecuencias del exceso y la fanfarronería armada.
