La tragedia de Adamuz —45 muertes evitables en descarrilamiento y colisión frontal— ha expuesto la hipocresía de un Gobierno que siempre ha crispado y politizado tragedias.
La lista es larga —Mazón, DANA, Covid, Cáncer..-, pero ahora le ha reventado el dolor en casa y no consigue encontrar chivos expiatorios ajenos.
Ni eso, ni transformar un accidente previsible en mero infortunio con toda su propaganda oficial.
En cualquier democracia seria, Óscar Puente ya no sería ministro.
Pero Sánchez, que lo necesita de parapeto, de cortafuegos, lo mantiene.
Y en esa tarea infame cuenta con la colaboración pastueña de bufones como Quequé —recién fulminado en la Cadena SER— y de toda la Brunete Pedrete mediática.
No hacen falta informes ni juicios: por respeto a las víctimas y a la ciudadanía, el responsable político debía haber dimitido ya.
Las dimisiones no implican necesariamente la culpa penal. Son en casos asi un gesto de decencia, que evita que el descrédito personal contamine todo el sistema.
Cuando, tras una catástrofe no pasa nada, el abismo entre gobernantes y pueblo se vuelve insalvable y la antipolítica se alimenta.
Aquí, además, han mentido sistemáticamente y han dilapidado un erario récord (recaudación histórica + Fondos Next Generation).
Han enredado causas, falseado reformas, controles, avisos previos y respuestas preventivas para ocultar lo evidente: negligencia en cadena que permitió que una vía rota matara a 45 personas.
Ese dinero ha engordado un Gobierno inútil y mastodóntico, ha premiado clientelismos y excesos políticos, pero no ha servido para lo básico: que subir a un tren no sea mortal por incompetencia.
Un Ejecutivo ilegítimo definido por un Ministerio distraído en mamandurrias de Ábalos, Cerdán, Zapatero y su corte de malandrines.
Ya no salen a la calle con normalidad. Ahora, ni desde una azotea podrán mirar a los ojos a la gente.
El choque
Las víctimas del grave accidente ferroviario en el municipio cordobés de Adamuz, en el que murieron 45 personas y 126 resultaron heridas, 22 de ellas todavía hospitalizadas, siguen en shock.
Una semana después del siniestro, al dolor por la pérdida de un ser querido que sufren decenas de familias se unen la rabia e indignación que van creciendo cuando se van conociendo más detalles de las causas del descarrilamiento del Iryo procedente de Málaga que arrolló a un Alvia de Renfe que iba en sentido contrario: de Madrid a Huelva.
Una decena de víctimas se ha personado ya en el juzgado que investiga el accidente ferroviario y el mensaje es unánime: «Voy a luchar porque a mi hijo lo asesinaron, lo mataron, no hay otras palabras»
El 18 de enero de 2026, dos trenes de alta velocidad colisionaron en Adamuz, Córdoba. Un Alvia y un Iryo se encontraron a las 13:40 horas.
La Guardia Civil confirmó que el descarrilamiento fue causado por una vía rota. Lamentablemente, 45 personas perdieron la vida: 36 en el Alvia y 9 en el Iryo. Además, otras 292 resultaron heridas, de las cuales 122 se encuentran en estado grave o crítico. Las autopsias han confirmado que todas las víctimas fallecieron instantáneamente debido al impacto.
Tras esta tragedia, Pedro Sánchez ha hecho un llamado a la unidad.
Sin embargo, tanto el Gobierno como el PSOE enfrentan duras críticas por su aparente negligencia.
El ministro Óscar Puente, responsable de Transportes, ha reducido el gasto ejecutado de 14.503 millones a solo 7.070 en un período de dos años. Desde hace tres años no se han aprobado presupuestos, lo que ha llevado al Ejecutivo a depender de socios como un fugitivo separatista, un golpista condenado a 13 años de cárcel y un exetarra de ETA. Puente también ha disminuido las indemnizaciones que Renfe debía pagar por retrasos, asumiendo así fallos sistemáticos.
Recortes y avisos ignorados
Los maquinistas habían advertido sobre tramos defectuosos. Las averías han dejado a miles de pasajeros varados. En los últimos 20 años, el mantenimiento por kilómetro en alta velocidad ha caído un asombroso 154%. A pesar de que se amplió el trazado y se liberalizó el tráfico, los recursos no han aumentado en la misma proporción. Aunque algunos fondos europeos lograron hacer frente a ciertos problemas, no fueron suficientes.
- Vía de Adamuz: Defectuosa, con vigilancia insuficiente y mesas de contratación simuladas.
- Autovías estatales: Apenas reciben asfaltado.
- Adif y Ministerio: Casos de corrupción expuestos como si fueran una cueva de Alí Babá.
En medio de esta crisis, Puente no dudó en insultar a jueces y periodistas mientras trataba de imponer un AVE que circulara a 350 km/h. Informes privados procedentes de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios ya habían alertado sobre vías deterioradas y fallos en la seguridad, pero nada se hizo al respecto.
Corrupción y manipulación política
Lo ocurrido refleja las vergüenzas del sanchismo en esta tragedia. Se han producido robos descarados en un ministerio con alto presupuesto. Mientras tanto, Sánchez permite que continúe al frente del mismo quien está implicado. La izquierda ha utilizado catástrofes como el Prestige, la DANA, Excalibur, el 11-M o la pandemia para atacar al PP, pero ahora manipulan a las víctimas al rechazar un funeral de Estado.
Este domingo, El Debate publicó cuatro trabajos reveladores:
- Profesor Riera: Gasto en Transportes por los suelos.
- María Jamardo: Corrupciones dentro del Ministerio y en Adif.
- Fernando Rayón: Mantenimiento del AVE desplomado.
- Alejandro Entrambasaguas: Informes sobre vías deficientes.
El comportamiento del ministro Puente, caracterizado por su falta de respeto, es notablemente desafiante. La llamada Brunete del Pedrete miente, insulta y atraca; todo esto provoca muertes, como ha quedado evidenciado en Adamuz. El Gobierno evade sus responsabilidades mientras el sistema ferroviario sigue hundiéndose sin remedio. España lleva tres años sin cuentas claras y atada a extremismos.
La investigación avanza con grabaciones provenientes de cámaras; sin embargo, las víctimas claman justicia ante un Ejecutivo que simplemente miró hacia otro lado. ¿Cuánto tiempo más podremos tolerar este deterioro?
