No se me vengan abajo.
Detecto un profundo desaliento entre la gente de bien, pero no es momento de flojear o de dejarse dominar por la pesadumbre.
Motivos hay, porque dábamos por supuesto que este 23J poníamos punto y final a la ‘peste sanchista’ y nos hemos encontrado con que hay 12 millones de españoles sin ‘brújula moral’, para los que cuelan como ‘progresistas’ desde los asesinos etarras a los golpistas catalanes.
Choca que existan tantos cientos de miles de manchegos, castellanos, andaluces y extremeños que votan al socialista Sánchez, para que a los vascos del PNV y Bildu y a los catalanes de ERC y Junts no les falte de nada, pero es la España que tenemos y con esos bueyes hay que arar. Nos guste o no.
Como se veía venir, el Congreso de los Diputados se ha constituido bajo los designios de un sedicioso apellidado Puigdemont, procesado por corrupción y fugado de la Justicia.
Ese partido infame que es el PSOE mantendrá el control de la Cámara, con una presidenta atolondrada llamada Francina Armengol, que destacó en Baleares por su antiespañolismo, su sectarismo, su miopía y sus burradas.
Y encima, para nuestra desdicha, hemos visto como se perpetra el esperpento y se pavimenta el camino para que Sánchez pueda renovar en La Moncloa al frente de una nueva versión del Gobierno Frankenstein, con el centroderecha haciendo el canelo. El gilipollas.
Si el PPhubiera respetado el pacto firmado con VOX, el bloque constitucionalistahabría logrado la vicepresidencia primera, cargo relevante porque quién lo ocupa controla el juego parlamentario en caso de ausencia de la presidenta.
En vez de eso, reeditando la estulticia de la extremeña Guardiola, cuyo desbarre contra VOX a mitad de la pasada campaña electoral hizo perder 10 escaños a Feijóo y dio alas a Sánchez, los populares fueron a lo suyo.
Se han quedado con cuatro puestos de la Mesa, dejando en el aire la sensación de que, en lugar de aspirar a presentar un frente de 172 diputados contra la Coalición Frankenstein, van a conformarse durante la próxima legislatura con 139, que son los que consiguió su candidata, Cuca Gamarra.
El espectáculo protagonizado por el centroderecha fue lamentable, porque no era la de ayer una jornada para cicaterías y miserias, sino para sacar pecho y mostrar unidad y determinación.
El felón Sánchez no tiene aún garantizada su investidura, aunque el acuerdo con Puigdemont, Otegi y Rufián en el Congreso le acerca mucho a La Moncloa.
Está haciendo el jefe del PSOE, fiel a lo que ha sido su línea y a la deriva que marcó en su día el inefable Zapatero, cesiones sin precedentes, indignas de un gobernante español.
Y contra eso hay que seguir luchando.
No hay apaños o componendas con los enemigos de España, de la libertad y el sentido común, compatibles con la dignidad y el decoro.
Y por eso nosotros vamos a seguir en la pelea, cueste lo que cueste y por mal que pinten las cosas.
La victoria no tiene sucedáneos y sólo sonríe a los que nunca se rinden.