Paseo en barco de Merkel y Rajoy para analizar las reformas

Rajoy suscribe la «ley seca» de Merkel en el Chicago de Al Capone

Tras el encuentro Rajoy aseguró que Merkel apoya las reformas económicas emprendidas por España

El problema de Rajoy, y su Rasputín económico De Guindos, es que su patriotismo está centrado en salvar a España

Quieren enviar periódicamente a España a nuevos Eliot Ness y sus «intocables» para controlar la «ley seca» de la deuda, del déficit público, de los días de vino y rosas autonómicos y del cachondeo financiero generalizado.

Se lo volvió a recordar  Ángela Merkel a Mariano Rajoy, en la ciudad paradigmática donde corrió tanta sangre por culpa, precisamente, de la genuina «ley seca» que intentaba impedir que los americanos empinasen el codo. Se lo dijo en un barco que suele recorrer el Rio Chicago hasta el Lago Michigan, para que los turistas abran la boca ante las imponentes siluetas de los rascacielos.

Todo era como una alegoría que podría herir la sensibilidad de los españoles. Rajoy hacía de turista accidental que había pasado por taquilla para sacar el billete reglamentario: control de déficit, recortes semanales y reforma financiera. Merkel hacía juego con los abrumadores rascacielos, a pesar de su estatura, y emergía en la cubierta como el Empire State de la economía europea.

Y, entre los cuatro pequeños cruceros que hacen la ruta, organizando eventos sociales, bodas y tours de arquitectura, «The Leading Lady», «The Fair Lady», «The Little Lady», fueron a elegir casualmente el que se llama «The First Lady», como si quisieran sugerirle al mundo que llevaba de pasajera a la primera dama de Los Estados Desunidos de Europa.

La pregunta inevitable es esta: ¿no estará embarcando Ángela Merkel a Mariano Rajoy, Alemania a España, en una aventura sin retorno? Lo bueno de llegar a déficit cero es que España tendrá crédito infinito.

Ese axioma no se atreve a ponerlo en duda ni el mismísimo Paul Krugman, que lleva un horror haciéndole la competencia desleal a Nostradamus. El problema es cuántos españoles podrán celebrarlo; cuántas Pymes quedarán para sumarse a la fiesta; cuántos jóvenes se habrán hecho maduros buscándose los garbanzos y persiguiendo sueños allende nuestras fronteras.

¿Quedará todavía clase media española? ¿Para qué, para cuántos, en que número de situaciones irreversibles, servirá la resurrección en plenitud del Estado de Bienestar? Es posible que los pocos españoles que sigan vivos o deambulen como muertos vivientes, se acerquen a las cenizas políticas de Rajoy y susurren ante su tumba:

«¡Tenías razón, macho! Me lo decía siempre mi padre, que en paz descanse, y yo le contestaba cuando volvía de mi inquisitiva inspección en mi oficina de empleo: ¡tú lo flipas, tronco!»

En términos de generosa reflexión intergeneracional, la cosa no ofrece dudas éticas: hambre para hoy y pan para mañana. Se podría aceptar recortes como animal de compañía.

El problema se ocasiona cuando los que exigen una solidaria dieta rigurosa, disfrutan de pan para hoy y no corren el mínimo peligro de pasar hambre el día de mañana, o sea, gobernantes, cortesanos, políticos profesionales, vigías de occidente económicos, buitres de las Citys, especuladores, socios del club Forbes, predicadores mediáticos de alto caché y demás gurús con las espaldas cubiertas, adoctrinando a una sociedad sin defensas sociológicas.

Entonces sale la miseria humana, el egoísmo y la cosa que refleja una frase se ha transmitido como un mantra del progreso de padres a hijos: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

El problema de Rajoy, y su Rasputín económico De Guindos, es que su patriotismo está centrado en salvar a España, que no es poco. Pero, una misión de esa envergadura, acapara hasta tal punto las sesiones de los Consejos de Ministros, que apenas deja tiempo para dedicarse a salvar a los españoles.

Esa es la gran diferencia entre los dos insignes dirigentes que navegaban ayer por el Rio Chicago a bordo del «Frist Lady». Una, la Merkel, si salva al euro salva a Alemania y, si salva a Alemania mantiene a salvo a los alemanes. El otro, Rajoy, si salva a España salva al euro y, si salva al euro, no tiene la seguridad de que salve a los españoles, que habrán ido cayendo en distintos y distantes actos de servicio a la patria.

Rajoy sigue apostando por el hambre para hoy y el pan para mañana, acata la «ley seca» que ha impuesto Ángela Merkel y no se ha parado pensar, como una vez Roosevelt, que la prohibición absoluta, el puritanismo teutónico, suele ser el espejismo de una solución y acaba siendo el argumento para explicar un problema.

Rajoy estuvo  en el Chicago de Al Capone, la ciudad paradigma de la clandestinidad, la extorsión y los oscuros negocios aprovechando la niebla espesa de la depresión. Posiblemente Berlín tenga razón, y los españoles somos unos chicos muy malos que andamos por el mal camino y nos dedicamos a la mala vida. Pero debe haber un término medio entre la «ley seca» y la posibilidad de que los ciudadanos se echen alguna que otra cana al aire.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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