De veraneo – La masonería que defiende Mario Conde. (II)

El maniqueísmo fue la herejía más radical de los primeros siglos. El nombre de esta secta se debe a su fundador Mani, que vivió en el siglo III d. de C. Su doctrina era una fusión de cristianismo gnóstico y de elementos zoroástricos y mitraicos. Los maniqueos creían que el mundo está regido por dos principios, el bien y el mal, representados por Ormuz (la luz) y Ariman (las tinieblas). Zoroastro sería su profeta. Esta idea de la dualidad fue el origen de herejías como el priscilianismo y el catarismo. Los cátaros, considerados a sí mismos espíritus puros –de ahí su nombre—eran defensores de la eutanasia activa. Practicaban un ritual suicida denominado “endura”. Para ello tenían que pasar cuatro años viviendo en una cueva en condiciones infrahumanas para alcanzar la purificación. Después, tras recibir el Consolamentum, una especie de bautismo de fuego que era el marchamo para la muerte, se tumbaban en el suelo y se dejaban morir de inanición. Esta secta es conocida también con el nombre de “albigenses” porque resurgieron en la región francesa de Albi en el siglo XII. El papa Inocencio III declaró el catarismo como herejía y hubo contra ellos una cruzada.

Los cátaros son un tema muy apreciado por ocultistas, sobre todo, después de que los nazis, recopiladores de todas las herejías y cultos esotérico-paganos, con sus rituales correspondientes, acogieran algunos de los postulados de Mani, y por extensión, del catarismo. Fue en las filas del nazismo donde, sin ninguna base histórica, se creó el mito de “Mani crucificado” con el fin de ofrecer una alternativa a Cristo, que no tuviera origen judío. Hitler atrajo al nacionalsocialismo a expertos en diversas ramas del ocultismo. A Otto Rhan, que moriría a los 35 años suicidado por el método de la endura cátara en las cuevas entre Ussat y Ornolac, lo envió a Rennes le Château, en plena zona cátara, en busca del Santo Grial.

La masonería recogió más tarde las tradiciones esotérico-religiosas y a través de alguna de sus logias, entre ellas la transalpina, han elaborado una jugosa propaganda contra de la divinidad de Cristo. De ahí, en concreto de un organismo llamado Priorato de Sión, parte la falsa documentación que sirvió de inspiración a los libros El enigma sagrado, Jesús o el secreto mortal de los Templarios o el horrendo Código da Vinci. A través de ellos se expande la teoría disparatada del desembarco de la Virgen María en Marsella y del matrimonio entre Jesús y María Magdalena, de los que descendería la dinastía Merovingia. El disparate no puede ser mayor, pero, más allá de lo que comercialmente supone un bestseller para una editorial, hay una intencionalidad en la publicación de estos libros: confundir y hacer dudar a los tibios católicos y afianzar en su error a los que no lo son.

LA CÁBALA O QABBAHLA.
La cábala es un corpus de teorías que, según sus seguidores, constituye la auténtica verdad del Antiguo Testamento expresada a través de símbolos y alegorías. Fue creada en el siglo XII pero sus adeptos pretenden que fue transmitida a los iniciados por los patriarcas y profetas desde la creación del mundo. Según los cabalistas, solo ellos pueden estar en posesión de la verdad y conocer todos los misterios de Dios. Sus libros principales son el Libro de la Creación y el Zóhar, llamado también Biblia de los cabalistas.
Su sistema cosmogónico se compone de un Dios Arquitecto del Universo que se manifiesta a través de diez potencias o sephirot. Una de estas potencias sería el Demiurgo, el Abraxas de los gnósticos, creador del mal. Los cabalistas creen en la existencia del alma antes del nacimiento y que vuelve a Dios a través de las reencarnaciones sucesivas. No creen en Cristo ni en la redención. En cuanto a la salvación, sostienen que solo se consigue a través del conocimiento, es decir, de sus enseñanzas esotéricas a los que tienen acceso solo los elegidos. Como muchas sectas actuales, derivadas de ella, creen que el Mesías vendrá al fin de los tiempos. El símbolo de la Cábala es el Diagrama de Sephirot o de los Atributos divinos, utilizado también por la masonería y otros grupos satánicos y luciferinos.

LUTERO Y CALVINO.
En el siglo XV tuvo lugar la herejía protestante de la mano de Martín Lutero, un monje desequilibrado que recibió el apoyo económico de los poderosos y príncipes alemanes que luchaban contra el poder de Roma.
Lutero, como buen seguidor de la ideología gnóstica, se oponía a la doctrina del libre albedrío que predica la Iglesia, según la cual todos los hombres pueden salvarse. Lutero afirmaba que el hombre nacía ya predestinado y que la salvación no dependía de sus acciones sino de la voluntad divina. Eliminó varios sacramentos y la creencia en la infalibilidad pontificia. La herejía fue condenada en el concilio de Trento.
Algunos de sus escritos sobre los judíos hacen sonrojarnos y ponen de manifiesto su fundamentalismo. Consideraba necesario y un bien social quemar las sinagogas y sus libros de oración, prohibir a sus rabinos predicar, confiscar sus bienes, condenarlos a trabajos forzados o expulsarlos e incluso asesinarlos. La Alemania del Tercer Reich, cuatro siglos después, cumplió a rajatabla la receta del monje agustino.

Calvino, fue aún más fanático. Asentó las tesis de Lutero sobre la predestinación pero fue más restrictivo en cuanto a usos y costumbres. Prohibió el teatro, el baile, las celebraciones, el alcohol, los bares, las joyas, los adornos y la ropa llamativa. El adulterio y la prostitución se castigaba con pena de muerte. Calvino convirtió Ginebra en un estado teocrático donde imperaba el terror. Contrariamente a Lutero, defendió a los judíos lo que propició su buena relación con los banqueros para luchar contra la Iglesia. Favoreció los préstamos con interés a los que le habían financiado creando así el embrión del sistema capitalista. Eso dice Max Weber en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Guillermo Buhigas en su obra Los Protocolos afirma que tiene razón el sociólogo, pero al revés: que fueron los ricachones illuministas quienes impulsaron una nueva religión que beneficiase sus planes de manipulación y sumisión. Porque esta religión, de la que derivaron mil sectas, arraigó sobre todo en el campesinado y en las clases bajas, y así sigue siendo en la actualidad.

LA MASONERÍA, ORIGEN MÍTICO, EXISTENCIA REAL.
Durante la Edad Media los constructores de catedrales, denominados “freemasons” en ingles, y “francmaçons” en francés, se reunían en logias, especie de galerías exteriores anejas a la construcción principal y así se fueron creando las diferentes hermandades. Algunos historiadores sostienen que los constructores de la catedral de Estrasburgo fueron los primeros que adoptaron el nombre de francmasones. Sin embargo, no existe ningún documento que lo corrobore. El origen de la masonería se basa únicamente en mitos. Las tradiciones más populares la hacen descender de Hiram Abiff, arquitecto del templo de Salomón o de Nemrod, constructor de Nínive, pero existen otros orígenes: los antiguos misterios, los colegios romanos de artífices, los cruzados, los rosacruces, los templarios y Oliver Cromwell, entre otros.

El origen de su implantación en Inglaterra está basado en la Carta de York, escrita en el año 925 atribuida al príncipe Edwin, que alude a su fundación en la ciudad inglesa en el siglo I antes de nuestra era por las legiones romanas, que la habría transformado en el centro de las hermandades. Pero esto es solo una leyenda. El primer documento conocido es el Regius Manuscript, escrito en 1390 en inglés antiguo que explica el recorrido de esta secta desde la Torre de Babel hasta su introducción en Inglaterra. Entre sus fantasías sostienen que Moisés y Noé fueron masones y así lo afirma el propio Libro de las Constituciones de Anderson, de 1723, que condensa la doctrina de la masonería moderna. En la tercera parte continuaremos transitando por este laberinto en busca de la luz.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(14/08/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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